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Al
parecer, lejos ha quedado aquella imagen de imbatible con la cual llegó a la
contienda y luego a la presidencia, víctima de su propio juego, imagen,
discurso y formas políticas. Al viejo y vetusto estilo Atlacomulco.
No es
gratuito, entonces, que la mayoría de los priístas perfilen a un personaje como
Osorio Chong como puntero en las encuestas para el 2018, ligado a un grupo
distinto al del Presidente, dentro del PRI, como tampoco es gratuito que el
ánimo o moral social ligados a las condiciones económicas vayan en paralelo con
la aprobación de la gestión del presidente. Basta ver el Índice de Confianza
del Consumidor (ICC) del Banco de México e INEGI: el componente que sufrió la
mayor disminución es la evaluación de la situación económica retrospectiva
(-3.3% respecto a enero). No obstante, los cinco componentes del ICC presentan
retrocesos respecto a la medición anterior: situación de las personas actual,
esperada y anterior; así como situación o expectativa futura de la economía y
la compra de bienes duraderos.
La
reciente encuesta de Buendía & Laredo publicada en El Universal, que registra
un incremento en la reprobación de la labor del presidente, que sube de 51 a
56% (Reprueba mucho 35%) de noviembre 2015 a marzo 2016, mientras que su
aprobación bajó 10 puntos de 42 a 32% de noviembre a la fecha, corrobora el temor
de no pocos priístas de que, a pesar de que lo celebraron y presentaron en el
pasado aniversario de su partido como autor de la “renovación del siglo XXI”,
Peña Nieto dejó de ser un activo político para su partido ante la preocupación
e incertidumbre creciente por el rumbo del país al tercer año de su
administración. Según los resultados del sondeo, una mayoría de 56% ve “por muy
mal camino” al país, mientras que apenas 23% cree que vamos “por buen camino”.
Entre los
temas que más impactan negativamente la baja en la aprobación presidencial
están, según la encuesta, el “aumento del precio del petróleo” y la “devaluación
del peso frente al dólar”, que aparece entre los temas con “peor” evaluación
con 8%, al mismo nivel que “la inseguridad y violencia por el narcotráfico” y,
también entre los negativos, con el mismo 8% aparecen las “reformas
estructurales”. “Privatizar y vender al país” es el segundo tema más
cuestionado al presidente Peña Nieto con 7% y luego aparecen la “corrupción,
Ayotzinapa y la compra del avión presidencial” con 4% en las menciones
negativas de los encuestados.
Cuando
Buendía & Laredo preguntó sobre lo “positivo” del gobierno de Peña Nieto,
señalando como “lo mejor que ha hecho”, aparecen los programas sociales, como
la principal mención, luego las reformas con 7% y la obra pública y el combate
al narcotráfico con 4% de menciones positivas. Lo más duro es que la mayor
parte de los encuestados (39%) consideran que el presidente no ha hecho “nada
positivo”.
Otro
dato de la encuesta que ilustra porque el presidente puede impactar
negativamente el voto para el PRI en las próximas elecciones estatales, es la
caída de la aprobación de Peña Nieto entre los mismos priístas. Mientras en su
primera encuesta de aprobación, en febrero 2012, el presidente tenía el apoyo
de 87% de militantes priístas, en esta última, solo 65% de los que se dijeron
priístas “aprobó en algo” su gestión; es decir, poco menos de 22% de los
militantes de su partido. Incluso entre militantes de otros partidos también desciende
la aprobación presidencial, al pasar de 31 a 25% entre panistas, de 36 a 30%
entre perredistas, y entre personas que se declararon “independientes” la baja
fue de 38 a 26%.
Hay una
constante inevitable en las elecciones y es que toda elección es local, de modo
que mucho cuenta el trabajo de cada Gobierno y su partido político en las
entidades que tienen comicios este año. Por ahí se complican en este sentido
Veracruz, Quintana Roo y Oaxaca para el PRI; no obstante, con estos ínfimos
resultados de aprobación presidencial y el inicio de las campañas electorales
en puerta, la pregunta que se impone es qué tanto impactará la mala percepción
de la labor del presidente en el voto a favor o en contra del PRI, que gobierna
la mayoría de los 12 estados que eligen gobernador. Está claro que la imagen de
Peña Nieto que antes fue un gran activo político para el priísmo hoy ya no lo
es.
Todavía
en 2015, en los comicios federales intermedios, el presidente y su partido
celebraron que no hubo “voto de castigo” que muchos analistas y comentócratas
anticiparon, ya que, aún con una baja histórica en su votación, el PRI se alzó
con mayoría simple en la Cámara de Diputados, y gracias a una alianza con el
PVEM y PANAL, obtuvo la mayoría absoluta.
La
incógnita es si ocurrirá lo mismo en las gubernaturas en disputa el próximo 5
de junio: ¿Se impondrá la maquinaria priísta a pesar del desgaste evidente de
Peña Nieto? ¿Pasará de ser activo político a lastre institucional? Lo sabremos
después del 5 de junio.
@leon_alvarez