¿De activo político a lastre institucional?

Si en Estados Unidos a los republicanos ahora ya les preocupa que Donald Trump vaya ser su candidato presidencial por la ruptura con todo el establishment político y económico que representa; en México, buena parte del PRI, en vísperas de una importante y crucial contienda electoral, le comienza a hacer el feo al presidente Peña Nieto porque sus niveles de aprobación y desempeño no son favorables.

 

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Al parecer, lejos ha quedado aquella imagen de imbatible con la cual llegó a la contienda y luego a la presidencia, víctima de su propio juego, imagen, discurso y formas políticas. Al viejo y vetusto estilo Atlacomulco.

No es gratuito, entonces, que la mayoría de los priístas perfilen a un personaje como Osorio Chong como puntero en las encuestas para el 2018, ligado a un grupo distinto al del Presidente, dentro del PRI, como tampoco es gratuito que el ánimo o moral social ligados a las condiciones económicas vayan en paralelo con la aprobación de la gestión del presidente. Basta ver el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) del Banco de México e INEGI: el componente que sufrió la mayor disminución es la evaluación de la situación económica retrospectiva (-3.3% respecto a enero). No obstante, los cinco componentes del ICC presentan retrocesos respecto a la medición anterior: situación de las personas actual, esperada y anterior; así como situación o expectativa futura de la economía y la compra de bienes duraderos.

La reciente encuesta de Buendía & Laredo publicada en El Universal, que registra un incremento en la reprobación de la labor del presidente, que sube de 51 a 56% (Reprueba mucho 35%) de noviembre 2015 a marzo 2016, mientras que su aprobación bajó 10 puntos de 42 a 32% de noviembre a la fecha, corrobora el temor de no pocos priístas de que, a pesar de que lo celebraron y presentaron en el pasado aniversario de su partido como autor de la “renovación del siglo XXI”, Peña Nieto dejó de ser un activo político para su partido ante la preocupación e incertidumbre creciente por el rumbo del país al tercer año de su administración. Según los resultados del sondeo, una mayoría de 56% ve “por muy mal camino” al país, mientras que apenas 23% cree que vamos “por buen camino”.

Entre los temas que más impactan negativamente la baja en la aprobación presidencial están, según la encuesta, el “aumento del precio del petróleo” y la “devaluación del peso frente al dólar”, que aparece entre los temas con “peor” evaluación con 8%, al mismo nivel que “la inseguridad y violencia por el narcotráfico” y, también entre los negativos, con el mismo 8% aparecen las “reformas estructurales”. “Privatizar y vender al país” es el segundo tema más cuestionado al presidente Peña Nieto con 7% y luego aparecen la “corrupción, Ayotzinapa y la compra del avión presidencial” con 4% en las menciones negativas de los encuestados.

Cuando Buendía & Laredo preguntó sobre lo “positivo” del gobierno de Peña Nieto, señalando como “lo mejor que ha hecho”, aparecen los programas sociales, como la principal mención, luego las reformas con 7% y la obra pública y el combate al narcotráfico con 4% de menciones positivas. Lo más duro es que la mayor parte de los encuestados (39%) consideran que el presidente no ha hecho “nada positivo”.

Otro dato de la encuesta que ilustra porque el presidente puede impactar negativamente el voto para el PRI en las próximas elecciones estatales, es la caída de la aprobación de Peña Nieto entre los mismos priístas. Mientras en su primera encuesta de aprobación, en febrero 2012, el presidente tenía el apoyo de 87% de militantes priístas, en esta última, solo 65% de los que se dijeron priístas “aprobó en algo” su gestión; es decir, poco menos de 22% de los militantes de su partido. Incluso entre militantes de otros partidos también desciende la aprobación presidencial, al pasar de 31 a 25% entre panistas, de 36 a 30% entre perredistas, y entre personas que se declararon “independientes” la baja fue de 38 a 26%.

Hay una constante inevitable en las elecciones y es que toda elección es local, de modo que mucho cuenta el trabajo de cada Gobierno y su partido político en las entidades que tienen comicios este año. Por ahí se complican en este sentido Veracruz, Quintana Roo y Oaxaca para el PRI; no obstante, con estos ínfimos resultados de aprobación presidencial y el inicio de las campañas electorales en puerta, la pregunta que se impone es qué tanto impactará la mala percepción de la labor del presidente en el voto a favor o en contra del PRI, que gobierna la mayoría de los 12 estados que eligen gobernador. Está claro que la imagen de Peña Nieto que antes fue un gran activo político para el priísmo hoy ya no lo es.

Todavía en 2015, en los comicios federales intermedios, el presidente y su partido celebraron que no hubo “voto de castigo” que muchos analistas y comentócratas anticiparon, ya que, aún con una baja histórica en su votación, el PRI se alzó con mayoría simple en la Cámara de Diputados, y gracias a una alianza con el PVEM y PANAL, obtuvo la mayoría absoluta.

La incógnita es si ocurrirá lo mismo en las gubernaturas en disputa el próximo 5 de junio: ¿Se impondrá la maquinaria priísta a pesar del desgaste evidente de Peña Nieto? ¿Pasará de ser activo político a lastre institucional? Lo sabremos después del 5 de junio.

@leon_alvarez

UNETE



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