.reeditor.com/columna/16220/23/politica/nacional/ruta/2018/apartidistas/indecisos/antisistema">En mi artículo pasado me referí a los resultados de la encuesta publicada en el
periódico El Financiero rumbo a las elecciones del 2018. Comenté en este mismo
espacio que, actualmente, en promedio, 60% de la población aún no decide, o no
se interesa por la política, o esta contra el sistema de partidos establecido.
Sin duda, un dato contundente para la clase política, para los que hacen
gobierno y para medir el impacto de nuestra democracia en términos de
participación ciudadana.
Un dato
adicional y sumamente importante que también se reporta en esa misma encuesta,
es la segmentación que se realiza en términos del perfil, las edades de los
probables votantes y la confianza ciudadana en dichas elecciones.
En este
sentido, en promedio, 60% de los mexicanos se considera un votante convencido;
es decir, que siempre acude a votar. De este segmento, llama la atención que
33% argumenta que es leal a un solo partido; 40% se considera un votante cambiante,
que lo mismo ha votado por un partido u otro en diferentes elecciones (elige
dependiendo el candidato); y 20% declaró que es indeciso y que le es difícil
tomar una decisión cuando lo hace.
Desglosando
por edad estos grupos obtenemos mercados muy interesantes para el voto.
Considerando solo a los que siempre votan y además son leales a un solo partido
(33% de los mexicanos que siempre votan): el 44% tiene 50 años o más; entre los
30 y 49 años, se ubican 30% de los encuestados; mientras que entre los 18 y 29
están 25% de los ciudadanos. Cheque el dato: la gente de mayor y mediana edad
es la que vota más y es más fiel a un partido.
Si
consideramos solo a los que siempre votan (60% de los mexicanos) el dato de la
edad es mucho más contundente: de aquellos que tienen 50 años o más, siempre
vota el 70%; del grupo que tiene entre 30 y 49 años, siempre vota 61%; mientras
que del grupo que tiene entre 18 y 29 años, siempre vota el 47%. Es decir, no
es casualidad que las clientelas electorales se concentren también en los
grupos de edades avanzadas, sobre todo, considerados dentro de los
“vulnerables”.
Por
otra parte, en términos de confianza en las elecciones, siete de cada diez o
69% de los mexicanos tiene poca o nada de confianza en el proceso electoral; en
tanto que, un tercio o 29% declaró que tiene mucha o algo de confianza.
Y
cuando trasladamos esta pregunta hacia el árbitro electoral el resultado es muy
similar: seis de cada diez o 59% tiene poca o nada de confianza en el INE;
mientras que 39% dice tenerle mucha o algo de confianza.
En
suma, aún y cuando todavía falta tiempo para la elección del 2018, no es nada
desdeñable para los partidos políticos (y para el gobierno en turno), conocer
el tipo de cliente al que se enfrenta y sus motivaciones al estar frente a la
urna. No olvidemos que, en parte, esta información cuantitativa debe ser
considerada al elegir un candidato competitivo, independientemente de la
estrategia y del objetivo general de cada institución política.
En este
contexto, la clave para el partido mayoritario y que controla la estructura
burocrática del gobierno está en la gente de mediana edad en adelante, y que,
además, es beneficiaria de un programa social: su estrategia se basa en la
estructura y no necesariamente en la fortaleza del candidato. El partido que
carece de estructura pero tiene un candidato competitivo, debe apostarle a los
inconformes, a los jóvenes y a quienes normalmente están alejados y desconfían
de la política: su estrategia se basa en el candidato y no necesariamente en la
estructura de partido.
@leon_alvarez