. Para que los semáforos sean “paritarios”
los responsables de su defensa e instalación han decidido que nada mejor que
dibujar en el semáforo la figura de una mujer, ya que –al parecer- la figura
que aparecía hasta ahora era la de un hombre. Un hombre raro, también es cierto,
pero un hombre, al fin y al cabo. Para conseguir esa figura femenina, sus
responsables han pensado que lo mejor era hacer un monigote con falda, que es
una característica que no sé hasta qué punto define a una mujer ni hasta qué
punto es aún más sexista. Pero es que la gente paritaria es así; llegan hasta
el gesto pero no entienden el fondo.
A
pesar de que los semáforos de nuestro país empiecen a reflejar a un supuesto
hombre y a una supuesta mujer, aun así, los semáforos seguirán sin ser
paritarios, ya que no reflejan la diversidad que somos. Para empezar, no todos
los hombres son como el monigote del semáforo. Hay hombres gordos que ahora no
sabrán si pueden cruzar o no. También hay hombres delgados, altos y bajos que
se quedarán parados en la acera dubitativos. Asimismo, tampoco aparecen mujeres
con pantalones, las cuales se tendrán que quedar en su acera sin poder cruzar
para toda la vida. Tampoco los ancianos –y ancianas- con bastón aparecen reflejados
en los semáforos. Tampoco hay monigotes con minifalda para los calores del
verano, o con abrigo para las inclemencias del invierno. Millones de personas
sin su silueta de semáforo seguirán viviendo discriminados en esta injusta sociedad.
Sinceramente,
a mí, la forma que tengan los semáforos me parece una absoluta estupidez. Nunca
me he sentido más hombre ni más importante en la sociedad porque la silueta de un
semáforo represente a un supuesto ser masculino. Cuando veo la silueta de un
ciervo en una señal de tráfico en la carretera jamás me planteo si es macho o
hembra. Tal vez estoy completamente equivocado, pero toda esa política del
gesto me parece quedarse en lo superficial. A mí, lo que realmente me importa es
que una mujer pueda disponer de un año de sueldo para cuidar de su hijo –o
hija, para los que se quedan solo en lo superficial-. Me importa que una mujer
cobre igual que un hombre por realizar el mismo trabajo. Me importa que a una
mujer no se le llame puta por ir vestida de una forma o de otra. Me importa que
las mujeres del mundo no sean violadas y utilizadas como armas de guerra. Me
importa que las niñas del mundo tengan derecho a recibir una educación igual
que un niño. Me importa que las niñas del mundo no sean vendidas a hombres
adultos para casarse. Me importa que las niñas del mundo no sean utilizadas y
vendidas como esclavas sexuales. Me importa que las mujeres del mundo no sean
compradas y vendidas en las tratas de blancas. Me importa que las mujeres del
mundo no sean asesinadas por hombres que creen que son de su posesión. Todo eso
es lo que me importa sobre la igualdad entre el hombre y la mujer. Lo demás, el
gesto, la palabrería; pura demagogia y espectáculo para el beneplácito de los
que le dan más importancia al estandarte que a la cruda realidad diaria.
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