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Entrevista al escritor Fernando G. Mancha


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08/03/2016


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Fernando G. Mancha es natural de Granada. Es escritor, pero también ilustrador, diseñado y profesor de Secundaria.


Acumula ya cinco novelas, pero juega con más formatos como los cuentos y relatos.

Su verdadero despegue comenzó con su “Trilogía del anhelo”, con la respuesta y el aplauso de los lectores, que destacan su escritura sencilla y llena de sensibilidad.

Entrevista realizada por Begoña Curiel para ELD.

¿Hay un momento determinado en su vida en el que decide escribir?

Sí, hay un momento en mi vida en el que decido ponerme a escribir en serio, es decir, dejar de utilizar la escritura como un pasatiempo e intentar apostar fuerte por hacerlo mejor, por dedicarle más tiempo, por publicar mis escritos y abordar la ardua y maravillosa tarea de redactar una novela. Esto ocurrió hace poco más de 6 años, a finales de  2009. Sentía que dar el salto de escribir relatos más o menos cortos a escribir una novela era algo parecido a pasar de correr carreras populares de 5 kilómetros a preparar y abordar un ultramaratón de 100 kilómetros. Entonces, en ese momento, a pesar del temor al papel en blanco, a pesar de todas las dudas que me asaltaron y aún hoy en día me siguen asaltando, me puse manos a la obra y surgió “El cuerpo desobediente”, mi primera novela seria, muy cortita pero que supo abrirme camino hacia las siguientes.

¿Necesita de algún ritual para sentarse a escribir: horas determinadas, contexto, luz natural o artificial…?

No especialmente. Si bien es cierto que agradezco algo de tranquilidad y silencio para poder concentrarme, he llegado a escribir en los lugares y en las circunstancias más dispares: dentro del coche mientras esperaba a que mis hijos salieran de las actividades extraescolares, en una cafetería rodeado de niños que, oportunamente, llegaron unos minutos después que yo para celebrar un cumpleaños… Hay, no obstante, un pequeño ritual que me gusta seguir tanto a la hora de escribir como a la hora de ponerme frente al ordenador a diseñar alguna portada o logotipo, o cuando realizo alguna ilustración, y es hacerlo acompañado de una enorme taza de café que bebo muy poco a poco (tal y como lo hace Aidan, el protagonista de “El hombre perpendicular”, mi segunda novela) de tal forma que, a veces, pasan las horas y el café, helado, sigue ahí, casi esquilmado pero presente. Una taza humeante de café también da lugar a interesantes conversaciones y me acompaña en mis lecturas.

¿Improvisa o planifica?

Actualmente, planifico, sin duda. Aunque es una planificación muy general. Me explico: si, por ejemplo, me dispongo a escribir un capítulo de mi nueva novela, tengo muy claro cuál es el eje del mismo, la idea que quiero desarrollar, pero no tengo (no quiero tener) bien pensados los detalles. En ese aspecto, me dejo llevar y suele ocurrir que, finalmente, cuando el capítulo está terminado, me asombro del resultado pues suelen salir a la luz muchas cosas que no tenía en mente al inicio y algunas de ellas adquieren una fuerza tal que pasan a tener luego un enorme protagonismo.



¿Qué escritores y/o libros le han causado más impacto a lo largo de su vida?

En mi casa siempre se leyó mucho. Mis padres eran maestros de escuela y nos animaron de continuo a mi hermana y a mí a hacerlo. Nos gustaba leer. Más tarde, en 7º y 8º de EGB (actual 3º y 4º de la ESO) tuve un profesor de Lengua Española y Literatura (don Antonio Fernández Ortega) que nos obligaba a leer unos 15 libros al año, entre ellos “Cien años de soledad”, “Zalacaín el aventurero”, “San Manuel Bueno, mártir” o “Las aventuras del ingeniosos hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Realmente aún no tengo muy claro si esas lecturas de clásicos resultaron perjudiciales o beneficiosas para mí, pero el caso es que me harté de leer buena literatura. Sin embargo, le debo a mi prima Miriam mi vuelta a los libros. Andaba yo -en mi adolescencia- pasando una larga sequía lectora cuando ella (por carta y desde Barcelona) me mandó el libro que acababa de zamparse, que le había encantado y que llevaba por título “Los renglones torcidos de Dios”. A partir de ahí, comencé a leer de nuevo con verdadera fruición y devoré todo cuanto olía a Torcuato Luca de Tena. Luego, todo cuanto sabía a Miguel Delibes. Y así, uno tras otro y tras otro.

Si tengo que elegir (cosa difícil), elegiré varias de mis lecturas de juventud: “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry (primer libro que leí, con cuatro añitos, y al que luego he vuelto en repetidas ocasiones), “Alicia en el País de las Maravillas” de Lewis Carroll, “Pedro y el Capitán” de Mario Benedetti o “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde.

¿Nos haría una pequeña lista de sus novelas favoritas?

Por supuesto. Además de las ya mencionadas arriba, en esa lista no podrían faltar autores como Murakami -al que profeso una devoción muy, muy especial- y sobre todo a su novela “Tokio Blues”, aunque también debo mencionar “Kafka en la orilla” y “Los años de peregrinación del chico sin color”. Otro autor al que venero es Philip Roth con su excitante “El animal moribundo” o su valiente, atrevida y políticamente incorrecta “El lamento de Portnoy”, amén de “Patrimonio: Una historia real” o de “La mancha humana”. Mi triunvirato particular lo completaría Paul Auster. Disfruté mucho con “Invisible” y “La noche del oráculo”, entre otras.

Por otra parte, entre los autores de lengua castellana, elijo a Javier Marías, cuya prosa y profundidad de pensamiento me dejan anonadado, y a sus obras “Mañana en la batalla piensa en mí”, “Corazón tan blanco” y “Los enamoramientos”.

Para finalizar, no quiero dejar pasar la oportunidad de contar que desde hace poco más de un año vengo leyendo, sobre todo, autores independientes (indies), los que autopublican su propia obra, ya sea en Amazon, Tagus u otras plataformas de venta y autoedición. He encontrado verdaderas joyas y mencionaré, por ejemplo, a Lars W. Jacobson y su “Luz, memorias de una skinhead”, a Fran Tessainner y “El falso Da Vinci”, a Javier Cosnava y “El pequeño Adolf” y a María Villalba Montero y “Querido Vincent”, entre muchos otros (Joana Arteaga, Isabel Mata, Marian Rivas, Mayte Esteban, Mercedes Sáenz…).

La literatura dedicada a los más pequeños, ¿cree que requiere de mayores esfuerzos que la destinada al resto del público?

No necesariamente. Si te refieres al esfuerzo creador por parte del escritor, no lo creo. Supongo que el mismo, aunque por lo que a mí refiere me cuesta mucho menos poner en pie una obra infantil (he practicado bastante con mis hijos, je, je, y ahí sí que he improvisado) que construir una novela que me resulta tan complicado como si de construir una catedral se tratara. Lo que sí es cierto es que el libro infantil, actualmente, debe trabajarse mucho más a nivel visual, de maquetación, ilustraciones, etc. para que resulte atractivo a los niños que hoy en día, por desgracia, tienen otras distracciones que les resultan mucho más atractivas -siendo para mí mucho menos educativas (antieducativas diría)- que la lectura, tales como la televisión o las videoconsolas.

Cuenta con varias novelas, pero también con otros formatos y contenidos. ¿Qué le gusta más?

Sí, exacto, son cinco las novelas (de la última época; hay una anterior, bastante peculiar y excéntrica que no suelo contar) que he escrito: “El cuerpo desobediente”, “El hombre perpendicular”, “El atleta sin memoria”, “Alejo en su laberinto” y “El viejo cocinero”.

Como bien dices, también he navegado por otras aguas: novela juvenil (“Misión Infofible”), cuentos infantiles (“Chispita y Melocotoncito” y muchos  otros inéditos), libros de relatos (“Siete cuentecitos sobre el existir”, “De libros, cafés, viajes y sueños), etc.

Lo tengo muy claro: me encanta escribir novelas, acabar esa ultramaratón de la que antes te hablaba. Para mí, en ese sentido, no hay color. Escribir relatos también me resulta muy gratificante. Ahora mismo acabo de terminar uno para un libro en el que vamos a participar más de veinte escritores miembros de la AEI (Asociación de Escritores Independientes). Será un libro precioso: su temática gira en torno a la memoria y el olvido, y los beneficios que se obtengan de su venta irán a parar a distintas asociaciones de lucha contra el Alzheimer. Mi cuento lleva por título “El abuelo Paco y el arcoíris” y está en la línea de “El viejo cocinero”, muy humano y cargado de sensibilidad.

En su web cuenta con un “Libro de visitas” con frases de sus lectores. ¿Qué suponen para usted?

Los lectores suponen todo para mí. Cada escritor tiene una razón distinta que le anima a escribir. Yo lo hago para sentirme bien y para que me lean. Sin los lectores, quizás, escribir no tendría sentido. Probablemente, si yo aterrizase en un planeta deshabitado o naufragase y acabara en una isla desierta, no escribiría novelas… o quizás sí. Lo más seguro es que escribiera sobre mí, sobre mis sentimientos y sensaciones, como antídoto contra la soledad y la locura, pero no creo que me pusiera a inventar mundos e historias. Aunque ya digo, nunca se sabe. Habría que estar en esa situación. Lo que sí tengo claro ahora mismo, en esta tierra habitada donde no me siento naufrago, es que me encanta que me lean, me encanta que alguien pueda disfrutar con lo que escribo, que mis libros puedan despertar emociones en otros. Y me encanta que estos lectores (y/o amigos) me hablen, me cuenten qué han sentido, si han disfrutado o se han aburrido, si les he hecho un poquito felices o les he ayudado a combatir el insomnio, je, je.

Muchos de sus lectores definen su escritura como sencilla, sin exceso de ornamentos, centrada en sensaciones y sentimientos. ¿Usted también la resumiría así?

En cierto modo, pero no exactamente. Mi escritura ha evolucionado mucho en los últimos veinte años. Si leyeras algo de lo que escribía entonces te llevarías las manos a la cabeza. Utilizaba un lenguaje complejo y adornado quizás en exceso. Poco a poco he ido buscando una forma de expresarme más sencilla y al mismo tiempo más honda, que llegara más a la piel que al intelecto del lector. Como una tocaya tuya (Begoña de Miguel) me dice siempre, “hay que escribir desde las tripas”. Sí, me gusta escribir con un lenguaje llano, sin pretensiones, pero siempre barnizado de un suave deje musical o poético. Ayer mismo, un lector -apodado Pelayo- me dejó su opinión y valoración en Amazon y definía mi escritura como “una fluida y bella prosa, ágil, sencilla, cercana y sin complicaciones” y añadía que releía los capítulos tan solo por el placer que le proporcionaba su sonoridad. Y yo, claro, dando saltos de contento. ¿Qué más puedo pedir? El arte está hecho para disfrutar, para despertar los sentidos y yo no quiero complicaciones.

¿Cree que son necesarias las críticas, incluso si no son nada positivas?

Quizás te parezca extraño pero cuando acabé de escribir “El viejo cocinero” no tenía ni idea si lo que había creado tenía valor o era una “patata frita”. Lo único que sabía es que a mí su lectura me resultaba grata, que la historia me parecía muy positiva y humana y que la redacción de algunos párrafos me parecía más o menos bella y poética. Pero, ya digo, no tenía ni idea si mi obra tenía o no algún valor objetivo. Mi lectora cero, a la que ya referí en la anterior pregunta, Begoña de Miguel Mena (compañera de trabajo, profesora de literatura y escritura, que es muy crítica y en cuyo criterio confío plenamente) me regaló la primera crítica de este libro. Me dijo que era la mejor novela que había escrito hasta el momento y yo, de broma (pero ya sabes que las bromas tienen siempre parte de verdad) le contaba a mi familia que eso no significaba necesariamente que fuera buena, también podía significar que era la menos mala de las cinco.

Para mí, las críticas son necesarias. Las buenas y las malas. Yo tengo claro que cada novela tiene un público y que si un amante de la novela romántica -o del género policíaco o de ciencia ficción…- lee “El viejo cocinero”, probablemente, no le gustará. Por otra parte, una crítica negativa –constructiva- puede ayudarte mucho más que las alabanzas vacías, siempre y cuando se hagan desde el respeto y aportando las pistas necesarias para que el que recibe dicha crítica pueda mejorar en esos aspectos.

Las redes sociales y las posibilidades que plantean para la publicación de obras han cambiado el panorama. ¿Cómo valora este nuevo contexto? ¿Son las editoriales el campo de batalla del escritor o hay mucho más?

Es increíble como el mundo del libro ha cambiado en los últimos años. Ha resultado un cambio drástico. Se habla de la Literatura 2.0 y de la “democratización de la edición” y, efectivamente, eso es así. Ahora no es necesario ganar ningún premio literario, ni que un agente literario de primera apueste por ti o que una editorial decida publicarte, no. Las grandes plataformas te ofrecen la alternativa de la autoedición y la impresión a demanda, con lo que todo el mundo puede editar sus propios libros sin que ello nos genere coste alguno a los autores. Por otra parte, las redes sociales y los blogs te permiten publicitar tus libros y establecer una relación cercana con tus lectores.

Está claro que eso podría parecer un gran avance (y no digo que no lo sea), sin embargo también existen los “peros”. Yo no he hecho ningún estudio específico de este tema pero mi experiencia personal me permite decir que el hecho de que todos podamos publicar y promocionar nuestros libros por las redes provoca dos efectos: el primero es la sobreabundancia de libros publicados, es un mercado en el que –probablemente- la oferta supera a la demanda (muchos escritores, muchos libros, pocos lectores); el segundo es que la autoedición provoca que los libros no pasen necesariamente por un proceso de revisión tanto ortotipográfica, como de la calidad del texto y/o portada que hace que, si bien hay libros maravillosos de los denominados autores indies, lo cual me consta fehacientemente, también hay otros que no lo son tanto.

Yo, que soy también un autor indie (independiente) y que he autoeditado mis dos últimas novelas con Amazon (CreateSpace en papel y KDP en ebook), puedo decir que a nivel personal este tema me ha resultado muy beneficioso, que he logrado llegar a un público que jamás hubiese esperado y que me siento realmente contento con los resultados.

Eso sí, el escritor de hoy en día, el que no es seleccionado por una editorial, debe reconvertirse y pasar a ser -además de escritor- corrector, maquetador, portadista, experto en marketing, publicista, etc. y eso, realmente, resulta agotador (y ni siquiera te da de comer).

Por otra parte y respecto a las editoriales, te voy a comentar algo que todavía no he contado a nadie (a excepción de mi familia, je, je), es una pequeña primicia que para mí supone un gran salto: Ediciones Tagus-Casa del Libro (grupo Planeta) se puso en contacto conmigo hace tres semanas para adquirir los derechos digitales de mi novela “El viejo cocinero” y acabo de formalizar el contrato que me vincula a ellos durante los próximos cinco años. Realmente estoy ilusionado (aunque con los pies tocando suelo firme) y expectante. Que una editorial de cierta relevancia se fijara en mí era un sueño que no pensaba que pudiera convertirse en realidad.

¿Qué hacer o qué consejo daría a quien se inicia en la aventura de escribir y recibe portazos de las editoriales?

Uf, aconsejar siempre me ha resultado de lo más complicado. Yo te puedo decir cómo yo afronto todo este tema. A mis alumnos (tienen entre 12 y 18 años) les hablo de la Cultura del Esfuerzo y de la ilusión. Les cuento que deben luchar, que deben aspirar a conseguir sus sueños pero que también deben permanecer con los pies en el suelo. Yo tengo claro que mi trabajo, el que me da de comer, es el que realizo en el IES Jacarandá de Brenes (Sevilla) en calidad de profesor de Educación Física de Secundaria. Por otro lado, también tengo claro que mi ilusión es la escritura y que mi sueño sería poder vivir de ella. Lucho por lo segundo pero, a pesar de estar ilusionado y de trabajar duro por esa meta, evito hacerme “castillos en España” (como dirían los franceses).

Pienso que el escritor debe ir paso a paso, consiguiendo pequeñas metas (escribir una libro de cierto valor, presentarlo al público con una calidad fuera de duda, ver su libro editado o autoeditado, etc.) y olvidarse por el momento de “Hollywood” y de convertirse en una estrella del firmamento literario. Quizás, eso llegue algún día; lo más normal es que no llegue nunca. En España, tan sólo un puñado de escritores triunfa con sus libros. Pero sí que se puede aspirar a algo mucho más importante para mí, y es el hecho de ser FELIZ con lo que haces y mientras lo haces y sentirte satisfecho de lo realizado.

Su obra “El viejo cocinero o Cécile y las estrellas” recibe muchos comentarios positivos. ¿Es el trabajo que más satisfacciones le ha dado hasta ahora?

Sí, es verdad, “El viejo cocinero” me está dando muchas satisfacciones. Mis cuatro anteriores novelas fueron publicadas por Ediciones Moreno Mejías, un pequeño sello editorial sevillano. Me trataron muy bien y estoy muy agradecido pero el contrato no contemplaba la promoción de la obra. Entonces, mis obras pasaron más o menos desapercibidas. Por otra parte, tuve yo parte de culpa, pues mi timidez hizo que rehusara realizar las presentaciones correspondientes perdiendo así una magnífica oportunidad. Sin embargo, esta última novela (que, sinceramente, no es mi preferida aunque me sienta muy satisfecho con ella), al ser publicada también en ebook en Kindle Direct Publishing, me ha ofrecido dos oportunidades que han hecho que, efectivamente, esté siendo muy bien aceptada y que me permitieron llegar al lector – sin duda, el factor desencadenante-: La primera de ellas es el hecho de que yo mismo soy el que puedo poner precio a la novela en formato digital, en ebook; decidí que (por ahora, je, je) no quería hacerme rico sino darme a conocer y puse el libro a 0,99 euros, que es el menor al que me dejan ponerlo. La segunda oportunidad es que si el autor se compromete a permanecer por tres meses en exclusiva con KDP te permiten poner 5 días gratis tu novela. “El viejo cocinero” fue la novela más descargada en España durante los días 20 y 21 de agosto de 2015 (descarga gratuita). Eso hizo que llegara a mucha gente, que muchos lectores afrontasen su lectura y que algunos de ellos dejaran su opinión y valoración en Amazon (56 opiniones hasta el día de hoy con una nota media de un 4,9 sobre 5).

Cécile es la protagonista de su novela. Tiene catorce años. ¿Es complicado ponerse en el papel de una adolescente?

Mis cuatro novelas anteriores, de corte más existencial y quizás barnizadas con una fina capa onírica, estaban protagonizadas por hombres de mediana edad. Ponerme en la piel de estos personajes resultaba más o menos factible. Con “El viejo cocinero” y con Cécile, entonces, se me presentaba un doble reto. Quería hacer una novela humana, tierna, positiva, alejada de la temática de las cuatro anteriores (que conforman la  que yo denomino “Tetralogía del Anhelo”). Y, además, la protagonista era una encantadora, sensible, inteligente y culta muchachita de apenas catorce años recién cumplidos que, para más inri, escribía un diario “de almohada”. Pensé que era una locura querer ponerme en su lugar pero, aún así, quise hacerlo. Cécile tiene una sensibilidad especial, la que yo desearía para mí. Es una wunderkind, una niña prodigio, capaz de empatizar de una forma extraordinaria con las personas que la rodean, con una formación, una cultura y una sabiduría impropias de su edad. Algo parecido a Mozart, cuando con  apenas cinco años ya tocaba el piano como un virtuoso y completaba sus primeras composiciones. Me ha encantado ponerme en la piel de Cécile, también en la de Marcel, y en la de Anne y los demás personajes. Ha resultado mágico. Y, sinceramente, estoy muy satisfecho con  el resultado.

¿Qué personaje le ha supuesto mayor esfuerzo dentro de todos sus trabajos?

Quizás, solo quizás, Alejo, el protagonista de “Alejo en su laberinto” (37 lápices de grafito) y es que este personaje lleva a cuestas una carga existencial tremenda. Durante la novela tiene que recorrer e intentar escapar de su propio laberinto, aquel que su infancia -y unos peculiares hechos que la marcaron- le regaló. Además del esfuerzo del que me hablas, Alejo me ha dado muchísimas satisfacciones.

¿Qué novela le habría gustado escribir?

Vaya, esta pregunta requiere su tiempo. ¡Hay tantas que me han fascinado! Es cierto que muchas veces que leo un libro no puedo evitar pensar: “Ojalá lo  hubiera escrito yo”. Sin embargo, esto me suele pasar más a menudo en el cine cuando veo una hermosa película y me sorprendo diciéndole a mi mujer: “Ana, qué maravilla, lo que yo daría por haber escrito esto”. A pesar de estar basada en un hecho real, me hubiera encantado ser David Ebershoff, autor de “La chica danesa”, por ejemplo. Y, ¡como no!, haber escrito “Tokio blues. Norwegian wood” de Haruki Murakami, que ya he referido antes.

¿Cuáles son sus aspiraciones en el mundo de la escritura?

Sinceramente, todas (incluidos dinero y reconocimiento). Pero me conformaría con ser feliz escribiendo, tener tiempo y tranquilidad para hacerlo con garantías de calidad, seguir mejorando mi escritura, publicar un libro de vez en cuando y sentirme satisfecho con lo que hago. Ah, no quisiera olvidar dos grandísimas ilusiones: la primera sería ver una de mis novelas editadas en cartoné, en una bella edición de coleccionista y, la segunda, ver una de mis historias convertida en una bella película.





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