.google.es/search?q=tenerife&hl=es&biw=1173&bih=858&prmd=ivnsum&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ei=3242TqTWEpDIsgavrKy5Ag&sqi=2&ved=0CIYBELA">Tenerife,
Canary Islands. La carta llegó a los tres días de su fecha y lo
destacable, en este caso, no fue el poco el tiempo en llegar, sino la
ausencia en el sobre del término Spain o España. El personal de correos
de Inglaterra sabe donde está Canarias y no necesita que le aclaren su
soberanía.
A lo largo de la historia Tenerife ha sido “objeto de deseo” de los ingleses. La prueba mas evidente la protagonizó Horace Nelson al mando de la Royal Navy en su intento fallido de conquista en 1797, en nombre de Jorge II, Rey de Gran Bretaña e Irlanda.
A pesar de la derrota, los ingleses
no cedieron en su empeño. Años más tarde, surgió la conocida época de la
fruta. El tomate se convirtió, entonces, en un nuevo motivo de
relación, en este caso, comercial. Durante decadas el negocio del tomate
sirvió para estrechar vinculos entre Tenerife e Inglaterra,
por cierto, muy rentables para ambos. La presencia de empresas inglesas
en Tenerife para garantizar su despacho y la presencia de empresas
canarias en Londres para garantizar su distribución fueron una muestra
inequívoca de buen hacer entre Inglaterra y Tenerife. En homenaje de
aquella boyante realidad hoy existe un edificio de oficinas, construido
en los antiguos muelles del Támesis, con el emotivo nombre de “Canary Wharf”.
Y en aquellos tiempos surgían
anécdotas de manera espontánea, casi a diario. La dificultad del idioma
fue origen de muchas. De hecho, en el nuevo argot de los canarios en
Londres, la plaza Oxford Circus se convirtió en “Gofio circo” y la
calle, difícil de pronunciar, Tottenham Court Road cambió por “Tócate
los cojo…. Ro”.
Por contra, si hoy en día le
preguntaras a un inglés por la Avenida de la Penetración de Los
Cristianos, con toda seguridad, te perderías.
Hablar de la presencia de los
ingleses en el Sur de Tenerife resulta innecesario. De pasar 3 ó 5 días
en un hotel o en un apartamento a principios de los años 70, rápidamente
empezaron a comprar propiedades, montar negocios, editar periódicos o
instalar emisoras de radios en inglés. Toda una muestra de entusiasmo de
los ingleses por Tenerife.
Agatha Christie y Winston Churchill estuvieron de paso por Tenerife para conocer personalmente y de primera mano, al igual que muchos ingleses, el propósito de aquella misión fallida de Jorge II y Horace Nelson.