. Si bien se trata de medidas de emergencia económica,
todavía son con carácter preventivo; es decir, antes de que sucedan situaciones
incontrolables.
El problema sigue siendo la inestabilidad internacional en
donde nada podemos hacer más que esperar y prepararnos para una eventual
recesión mundial, ese es el dilema.
Y es
que no estamos exentos de las turbulencias económicas globales. Por eso resultó
extraño el mensaje optimista que nuestras autoridades económicas generaron en
Davos, el mes pasado. No pocos analistas se preguntaron por qué tanta algarabía
por parte de México si las reformas estructurales están en fase de
implementación, pero ahora, si la demanda internacional permanece estancada.
En este
escenario, Banco de México, el miércoles 17 de febrero, elevó su tasa de
interés en 50 puntos porcentuales y suspenderá las subastas de dólares,
informaron en conferencia de prensa el secretario de Hacienda y Crédito Público
y el gobernador del Banxico. Previamente el banco central modificó su tasa de
interés el 17 de diciembre de 2015, al elevarla 25 puntos porcentuales y
ubicarla en 3.25 por ciento. Por otro lado, el secretario de Hacienda, anunció
un recorte al gasto para el 2016, equivalente al 0.17% del Producto Interno
Bruto (PIB). El ajuste preventivo al gasto público de la Administración Federal
será de 132,300 millones de pesos para 2016.
De
acuerdo a varios analistas, el nombre del juego ahora es procurar la
estabilidad. El alza de tasas de interés y el recorte del gasto público apuntan
a cumplir ese objetivo. Los doctores Carstens y Videgaray han recetado una
medicina fuerte que tendrá efectos secundarios. Apostar por la estabilidad
tendrá un costo en forma de menor crecimiento económico, pero eso es secundario
ahora. El tipo de cambio estaba fuera de control y el equilibrio de las
finanzas públicas, bajo presión, por la baja en el precio del petróleo.
Debido
ahora al contexto las medidas no son para nada una mala noticia. Déjeme decirle
a usted lector, lectora, que las malas noticias ya ocurrieron. La depreciación
descontrolada del peso y la caída del precio del petróleo habían convertido el
arranque del 2016 en una mezcla de montaña rusa y casa de los espantos. Las
decisiones anunciadas son la respuesta a ellas. Son dos inyecciones para atacar
el malestar, o cuando menos algunos de sus síntomas.
La verdad
es que no hay muchas alternativas. El alza de las tasas de interés implica el
reconocimiento de que las otras estrategias para ordenar el mercado cambiario
no estaban funcionando. Las subastas de dólares implicaron un descenso superior
a los 33,000 millones de dólares en las reservas del Banco de México. El
recorte del gasto público es un esfuerzo por mantener el equilibrio en las
finanzas públicas, en momentos en los que su principal contribuyente (Pemex)
está en crisis. En vez de recortar, el Gobierno podría subir impuestos o
incrementar el endeudamiento. Esas no son opciones.
Las
inyecciones tuvieron efecto inmediato y tendrán efectos de mediano plazo. La
revaloración del peso en casi 3% es lo más positivo. Queda por ver el
comportamiento del tipo de cambio en los próximos días. Entre los efectos que
se manifestarán en las próximas semanas es el incremento en el costo de los
créditos. ¿Cuánto subirán las tasas de la banca comercial? Dependerá mucho de
las estrategias de los bancos. Lo bueno es que hay competencia.
El
recorte en el sector público recaerá principalmente en Pemex. La baja en su
presupuesto de 100,000 millones debe sumarse al recorte de 62,000 millones del
año pasado. Se cancelarán proyectos de inversión y se eliminarán plazas de
trabajo. Pemex deberá achicarse. Habrá un impacto en el ecosistema que vive de
la petrolera. Se dejará sentir con fuerza en los proveedores y en las regiones
que viven de la actividad de Pemex.
Algo
bueno e interesante es la forma en que se orquestó este anuncio desde el
gobierno. Si la forma es fondo, como dijo don Jesús Reyes Heroles, es una buena
señal el hacer el anuncio en forma de presentación conjunta entre la Secretaría
de Hacienda y el Banco de México. Refleja un afán de coordinación entre las dos
grandes capitanías de la política económica. Esta coordinación es crucial en
los tiempos que vivimos. México no puede darse el lujo de que el secretario de
Hacienda y el gobernador del banco central no trabajen en la misma sintonía,
por asuntos de egos o por un mal entendimiento de lo que significa la autonomía
del Banco de México. La situación es complicada, por las presiones que vienen
de afuera y por las vulnerabilidades que tiene nuestra economía. La medicina es
severa; sin embargo, en estos momentos, la prioridad es la estabilidad. Este es
el nombre del juego en nuestra economía actual.
@leon_alvarez