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El Estado PSOE


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22/02/2016

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Decía José Luis Rodríguez Zapatero que el PSOE es el partido que más se parece a España. Y lamentablemente creo que en eso no se equivocaba mucho. Y no lo digo porque Andalucía, una de las tierras más castizas de España, y a la que muchos extranjeros identifican con "lo español", sea en lo político tan patrimonio del partido de la rosa que uno ya no sabe decir si el el PSOE es de Andalucía o Andalucía es del PSOE. No lo digo por eso. Lo digo porque es tal la infiltración que el PSOE ha conseguido en nuestro Estado democrático, que en lugar de hablar del Reino de España bien podríamos hablar del Estado PSOE. ¿Suena a disparate? Vamos a verlo.






El PSOE que hoy conocemos nace justo en el ocaso del franquismo, allá por 1974 en la localidad francesa de Suresnes. Podrían decirse muchas cosas de ese franquismo final y primer postfranqusmo, que incluía aspectos tan luminosos como aquellas últimas Cortes capaces de autoinmolarse para posibilitar el paso hacia lo que después se conoció como "Transición", pero que albergaba también rincones mucho más oscuros, como los que posibilitaron él nunca bien explicado magnicidio de Carrero Blanco, en el que la mano de ETA, muy probablemente ayudada, si no conducida, por la CIA y parte de los propios servicios secretos españoles, acabó con la vida del almirante de Santoña. Pues bien, esos mismos servicios secretos impulsaron el nacimiento de este nuevo PSOE para presentarlo como alternativa de izquierdas al temido y odiado Partido Comunista de España.





Los primeros años de la "Transición", que tuvieron a nuestros políticos más preocupados en inventar fantasmales nacionalidades y autonomías, que en sujetar los efectos de una galopante crisis económica que hacía a los españoles perder poder adquisitivo a marchas forzadas, se vieron caracterizados por el auge del terrorismo de ETA, de modo que la desestabilización política de nuestra joven democracia llegó a un punto que amenazaba con el colapso. Para entonces el PSOE ya había superado su adolescencia y se presentaba como inevitable alternativa a un gobierno sustentado por un partido que amenazaba con desintegrarse. Y no tenía empacho en conspirar con elementos de la cúpula militar para derrocar a Adolfo Suárez y propiciar un gobierno presidido por un general, con Felipe González como vicepresidente.





Y es en ese contexto en el que ese lado oscuro al que antes hacía referencia vuelve a aparecer para montar aquel esperpento del 23-F que, según palabras del propio Rey Juan Carlos, alguien le tendrá que explicar algún día, y que precipitó más aún la llegada del PSOE al poder para que a España no la reconociera ni la madre que la había parido. Después vinieron los GAL, donde las cloacas del Estado se pusieron a las órdenes de González y sus ministros. El hecho de que, desde el punto de vista antiterrorista, los GAL supusieran una monumental chapuza es lo de menos para lo que ahora me interesa. Me interesa mucho más la defensa mutua entre cloacas del Estado y PSOE en la etapa final del felipismo, cuando la presión de algunos medios de comunicación y la oposición del PP de Aznar pusieron a González contra las cuerdas.



Tras 14 años de gobierno absoluto, el PSOE había logrado penetrar todos los engranajes del aparato del Estado, y el PP iba a tardar poco en comprobarlo al ganar las elecciones del 96. Aznar había hecho de la regeneración democrática uno de los ejes de su campaña, y de la desclasificación de "los papeles del CESID" una promesa que había hecho a muchos españoles concebir la esperanza de que las responsabilidades de los GAL iban a depurarse hasta las últimas consecuencias. Pero ni hubo regeneración ni, por supuesto, desclasificación. Después de una reunión con el Jefe del Estado y los dos expresidentes de la democracia, a Aznar se le dejaba clarito que los papeles del CESID mejor no tocarlos, y para asegurarse de ello se le impuso como Ministro de Defensa a un Eduardo Serra que había sido número dos de Narcís Serra durante dos años (imponerle al propio Narcís debió parecerles demasiado). Curiosamente el mismo Eduardo Serra que había sido el "enlace con los americanos" en el primer gobierno de González, cuando a los USA les preocupaba aquello de "OTAN no, bases fuera".





En lugar de soltar un exabrupto y despedirse de la reunión con un portazo, Aznar aceptó sumiso, y dijo aquello de que no iba a mirar debajo de las alfombras. Y ahí murieron todas las esperanzas de regeneración democrática. Se hizo poco o nada por rescatar la independencia del poder judicial, no se hizo nada por desmontar la trama mafiosa de los sindicatos de clase, y ni se movió un dedo por sacar el tufo socialista de un sistema educativo cada vez de peor calidad y más ideologizado. Y encima los pocos intentos de Aznar por enfrentarse a la maraña que el PSOE había extendido por toda España, fueron coronados por el más estrepitoso de los fracasos, como ocurrió con las tentativas por desmontar el imperio mediático del PSOE.





Y, por supuesto, se hizo poco por limpiar las famosas cloacas, por eliminar de las fuerzas de seguridad y los servicios secretos el tufillo y la oscuridad de la etapa anterior. Y así le fue al gobierno. En su descargo habrá que decir que siempre se le impusieron los directores primero del CESID y luego del CNI. En cuanto a las fuerzas de seguridad, lo más que consiguió el PP es que además de la gran familia del PSOE, hubiera una pequeñita familia del PP. No es de extrañar pues que en la segunda legislatura de Aznar, tanto a la policía como al CNI se le estropearan las antenas para no enterarse de que el principal partido de la oposición estaba negociando a espaldas del gobierno con la banda terrorista ETA.





El final de la era Aznar coincidió con la tragedia del 11-M, un hecho que dejó bien patente hasta qué punto el PP controló el gobierno pero nunca el poder. El espectáculo de aquellos días con Rubalcaba y Vera conociendo los avances de las investigaciones antes que el propio Ministro del Interior, y con el CNI mareando al gobierno ahora con la ETA, ahora con los moritos, constituye una de las felonías mayores que se recuerdan, con el gobierno traicionado por sus fuerzas de seguridad, mientras las terminales mediáticas del PSOE convertían el mayor atentado de la historia de España en la baza electoral definitiva.





Una vez alcanzado el poder por Zapatero, el Estado PSOE recobró su normalidad: sindicatos y actores abandonaron la calle y volvieron a su rutinaria búsqueda de la subvención, y policía y servicios secretos volvieron a remar a favor del gobierno, hasta repetir el bochorno vivido en la etapa de los GAL con el famoso caso Faisán, donde desde el aparato policial y por orden del gobierno se evitó la detención de unos terroristas, y luego se movieron los hilos necesarios para salvar la cara del gobierno cuando el asunto se aireó en los medios de comunicación.



 

Hoy, con el PP otra vez en el gobierno, sigue sorprendiendo la diligencia de la policía y los jueces para destapar corrupciones del PP, y la de los medios para airearlas a los cuatro vientos, mientras se riega con cloroformo sumarios como el de los ERE o el del fraude en los cursos de formación.





Con un PSOE muy lejos de sus mejores resultados electorales y con la amenaza del socialismo bolivariano de Podemos a las puertas, la incógnita es saber qué pasará con toda esa estructura de poder, hacia dónde se decantará esta vez el lado oscuro.







Etiquetas:   Democracia   ·   Partidos Políticos

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