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La patria, el paisaje, Maradona, Gieco y el espíritu.


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02/08/2011


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Vivir implica, inevitablemente, enfrentarnos con picos y valles, felicidades y penas, y los desafíos de vivir en sociedad. En esta sociedad, cada día nace con alguna mala noticia: un nuevo conflicto, una ruta cortada, un muro levantado entre vecinos, un criminal suelto, una desilusión personal, o un placer no obtenido, acompañados con el sentimiento de desamparo cuando nuestros reclamos son ignorados, y con la desconfianza en las personas que piensan diferente.








Súbitamente, la vida parece perder sentido, los afectos parecen falsos, y los sueños se muestras esquivos. ¿Cómo se recupera el balance¿ ¿Cómo vencer la desesperanza, o la rabia? Algunos pocos buscaran consuelo en largas y solitarias caminatas; volcando sus frustraciones en oídos amistosos; entregándose a algún culto metafísico, o rezando una plegaria al Dios de su veneración. Pero el arquetípico argentino–apoyándose en la etérea imagen de la patria, los paisajes, los míticos recursos naturales, Maradona, o los lamentos de León Gieco–levantará su puño amenazante culpando sus penas a agentes extranjeros o el gobierno de turno, sin atreverse jamás a mirar introspectivamente dentro de si mismo, en las tortuosas profundidades de su propio espíritu.





Cuando un ciudadano pierde sus ahorros, o es víctima de un robo, una usurpación, la pérdida de su empleo, un fraude, un engaño, la pérdida de un ser querido víctima de la violencia… ¿Cuánta retribución recibe de la épica Sanmartiniana, de la belleza de nuestros paisajes, de las aguas del sur, de la pampa húmeda, de la majestuosidad Andina, de la avenida más ancha del mundo, de Maradona, o de los lamentos de León Gieco y otros íconos de la cultura popular? ¿Sirven estos para algo más que cubrir la vergüenza y la frustración con un manto de falsos orgullos?





Para estos, la introspección es una concepción solamente discursiva, una idea para ser dicha, o escrita, pero nunca realizada, excepto para exponerse como víctimas de una relación fracasada, o un abuso inmerecido donde la culpa, invariablemente, siempre es del “otro”. El arquetípico argentino no se re-inventa mirándose a si mismo y conquistando su circunstancia, él se defiende “negando” la realidad y su propia responsabilidad, y “proyectando” las culpas en terceros cercanos y distantes.





Naturalmente, la “introspección” queda como una obligación de los desapegados, con los riesgos de despecho y resentimientos con los que inevitablemente se los recibe. Es como el fenómeno del calamar, solo cuando sale de la nube de su tinta se da cuenta de la negrura que deja atrás.





1833: 29 de noviembre al 4 de diciembre





“La policía y la justicia son completamente ineficientes. Si un hombre comete un asesinato y debe ser aprehendido, quizá pueda ser encarcelado o incluso fusilado; pero si es rico y tiene amigos en los cuales confiar, nada pasará. Es curioso constatar que las personas más respetables invariablemente ayudan a escapar a un asesino. Parecen creer que el individuo cometió un delito que afecta al gobierno y no a la sociedad. (Un viajero no tiene otra protección que sus armas, y es el hábito constante de llevarlas lo que principalmente impide que haya más robos.) Las clases más altas y educadas que viven en las ciudades cometen muchos otros crímenes, pero carecen de las virtudes del carácter del gaucho. Se trata de personas sensuales y disolutas que se mofan de toda religión y practican las corrupciones más groseras; su falta de principios es completa. Teniendo la oportunidad, no defraudar a un amigo es considerado un acto de debilidad; decir la verdad en circunstancias en que convendría haber mentido sería una infantil simpleza. El concepto de honor no se comprende; ni éste, ni sentimientos generosos, resabios de caballerosidad, lograron sobrevivir el largo pasaje del Atlántico. (…) En mi opinión, antes de muchos años temblarán bajo la mano férrea de algún dictador.”







(Entrada del 29 de noviembre al 4 de diciembre de 1833

en el Diario de Charles Darwin)



Fuente: Charles Darwin’s Diary of the Voyage of ‘H.M.S. Beagle’. Edited from the MS by Nora Barlow, 1933, Cambridge University Press.



Etiquetas:   Ciudadanía

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