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El mercado ya lo adivinó.


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17/02/2016


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El gobierno de Mauricio Macri en cuanto a medidas y gestión se reparte entre: lo que intenta débilmente corregir del kirchnerismo, lo que desanda del kirchnerismo, lo que sostiene porque se deja correr por el kirchnerismo y lo que profundiza del kirchnerismo, porque aunque lo niegue, sostiene su modelo.




Todo lo que rodea las noticias que llegan del gobierno es político, cuando en realidad el problema central que enfrenta el gobierno por lo heredado,  es económico. 

Aún las noticias económicas, al menos en la crónica periodística, están contextualizadas y en los programas adictos (que ya tiene el gobierno) hasta justificadas por lo político.  Con este escenario es muy dificil diferenciar lo estrictamente económico, que más allá de miradas sociales, son temas técnicos y se deben resolver técnicamente, de los temas políticos y sociales. Sin embargo fuera de lo técnico que es indispensable para las resoluciones, la economía tiene su lado de actitud y hasta de azar. 

El gobierno y su modelo económico, que en crisis es aceptable develar de a partes, hoy lamentablemente es predecible. 

Muchas veces en economía se habla de previsibilidad como una virtud para conseguir inversiones y crecimiento, pero cuando se tiene un escenario de crisis estructural como el nuestro y un mercado históricamente especulativo, ser predecible es malo.

La economía se debe a lo técnico,  si no se quiere caer en errores, que siempre pagan los que no pueden mantenerse en valores constantes (los pobres que no dolarizan su renta, ni su capital) pero también tiene su lado inesperado, de astucia y hasta de apuesta.

Gobierno, Mercado (financiero y productivo) y el modelo a aplicar, hacen al juego. El Mercado no da muchas oportunidades, a veces solo da una oportunidad.

Ser Banca en este juego significa, mostrar cartas fuertes al comienzo, pero no todas, y esas cartas que no se muestran, pueden ser más fuertes que las expuestas o no, pero la fortaleza radica en la incógnita, la incertidumbre de esas cartas para el mercado. Prat Gay con el levantamiento del cepo sin traumas ni corridas, al comienzo dio la sensación de medida mágica e inesperada, pero sobre todo, contradijo al kirchnerismo de que "con Macri el dólar se iba a ir a 20 pesos", sin embargo en esos 13 pesos y algo más que flotó el dólar los primeros días y luego incluso se cayó, estuvo la trampa y lo que hoy se muestra como  mala jugada.

Contradecir al kirchnerismo, no darle la razón era lo de menos, lo importante de la corrección, el levantamiento y la normalización del mercado cambiario, era primero devolver  vida real y  conexión con el mundo a la economía local, segundo reactivar el aparato productivo que es quien genera las divisas y  tercero tener la última palabra para el mercado, ser banca y no punto. 

Ser banca en este juego de mercado para el gobierno, era ser previsible en cuanto al camino de crecimiento que perseguía, pero no ser predecible en cuanto a las variables.

Lo cité en la nota anterior , la salida de la convertibilidad en 2002 costó llevar el cambio dólar peso de 1 a 4 en principio, para luego estabilizar en 3 pesos incluso abajo. Salir del cepo de Cristina este 2015, con una atraso cambiario similar, un déficit fiscal en los mismos niveles y hasta mayor, pero con alta inflación y capacidad instalada casi utilizada por completo (los cortes de luz lo demuestran, además de la necesidad de importar combustibles), que para seguir creciendo es indispensable la inversión, no podía ser muy distinto. 

No era temerario  ir de un dólar de 10 pesos a uno de 20, 25 o más. Sé lo que deben estar pensando en cuanto a impacto social, comercial, de contratos, de convenios y hasta con respecto a importaciones, pero ir a esos valores (no sé cuál sería el real retraso, no soy economista, pero es más que 14 o 15) de corrección hubiera provocado a la vez, también un impacto positivo.  En primer lugar, a nadie le hubiera cabido duda de que iba a seguir subiendo y comprar a ese valor, ni hubiera generado ninguna expectativa alcista a futuro cercano. Siendo así, pocos se hubieran quedado con los dólares ahorrados fuera del sistema y que compraron a la mitad o menos de esos valores. Además todos los productores, con la misma certeza de que se trataba de un valor de máxima, hubieran sacado todos los granos y productos dolarizados que tenían retenidos. Pero lo más importante, ningún formador de precios hubiera podido trasladar de modo automático la devaluación,  al valor de los productos, ya que hubieran  sido invendibles. A la vez tampoco las centrales sindicales, como pasó en 2002, hubieran reclamado una recomposición salarial de ese nivel. En suma, por impacto de la nueva realidad, la economía interna hubiera estado obligada a despegarse del dólar. Es verdad que hay ciento de productos de importación como medicamentos, tecnología e insumos, que iban a duplicar también su valor y ahí era donde debía estar el estado,  subsidiando el cambio para estos productos puntuales y que todo continúe.

Era una apuesta fuerte, riesgosa, hasta caótica quizá en principio,  y en parte le iba a dar la razón al kirchnerismo con respecto a Macri, pero el dinamismo de la actividad exportadora, el independizar  la economía interna: precios y salarios,  del dólar, hacer crecer rápidamente las reservas más allá de acuerdos con los Holdouts y sobre todo, ser banca en este juego con el mercado, hubiera compensado las críticas. 

Ser banca le permitía al gobierno tener siempre otra carta desconocida para el mercado, para seguir estimulando el crecimiento. En cualquier momento el gobierno podía salir a vender dólares y bajar su cotización. Si a esto le sumamos que con la evidente desvalorización del peso, la tasa bancaria y de letras de tesorería podía ser menor, quien tuviera dólares por una cuestión de que ya no tenía expectativas de suba y a la vez quien tuviera pesos ante semejante devaluación, iba a buscar invertir en alguna actividad productiva, comercial o bien durable. 

Quizá otro tema a tener en cuenta hubiera sido el valor de las propiedades inmuebles. Pero sin duda también una devaluación de esa envergadura, hubiera despegado al menos a las propiedades de interés local, de las de valor turístico o productivo históricamente cotizadas en dólares, de caso contrario también serían invendibles o imposibles de alquilar, las que solo hacen a la demanda local.

El sinceramiento tan temido que prometió Macri en campaña, cuando aseguraba que su política sería de shock, es posible que hubiera causado revisión y hasta rupturas de algunos  contratos, también todo tipo de críticas y hasta de protestas, pero en el tiempo, con las variables equilibradas y con una economía local más alejada de la cotización del dólar, hubiera tenido más beneficios que contras.

La gente votó cambio y no solo de modales, debieron arriesgarse al cambio.

Dejar de arrastrar las mismas falacias económicas que durante al menos dos décadas postergaron el crecimiento real. 

Un país exportador de primarios y extractivas que por lo general tiene solo beneficios para las corporaciones que las explotan, no puede o al menos no es real, tener salarios, ingresos, costos, propiedades, valor relativo de los productos y precios, el doble o el triple en dólares, que países socios y competidores de la región.

Menemismo y Kirchnerismo engañaron a la gente. 

Ambos le hicieron creer a los argentinos que ganaban más de lo que en realidad ganaban y que podían comprar más de lo que sus recursos le permitían.

Antes de la devaluación de Prat Gay el salario básico en Argentina era de casi USD 700 frente a salarios en la región del orden de los USD 300. Pero lo más grave, es que aquí con USD 700 la gente apenas si podía sobrevivir. 

Hay un enorme desequilibrio en los valores relativos, los precios, las propiedades y los salarios. A esto se suma que desde los sectores más progresistas, se reclama históricamente por "no perder poder adquisitivo del salario y los ingresos en dólares", No perder poder adquisitivo en dólares,  en verdad es una trampa. Los gobiernos populistas siempre van a darles la razón y van a atender a ese reclamo, que en realidad no hace más que sacarnos de competencia. Mientras el país no sea capaz de generar productos, manufacturas, industrializados o servicios de exportación y a gran escala, y a la vez sostener y aumentar las exportaciones de primarios, tener todo cotizado en dólares y en un nivel el doble o el triple más alto a nuestros socios y competidores de la región, en realidad nos empobrece más y nos hace perder poder adquisitivo. Por que esa diferencia es  acaparada en la  renta y dolarizada,  por la concentración económica comercial y productiva que tenemos (es suficiente con comparar los precios de productos de multinacionales que operan  aquí y en países vecinos). Con salarios e ingresos más altos en dólares, con los oligopolios existentes, solo se le da más ganancia en dólares es esas corporaciones y no se puede comprar más. 

No es tarde quizá, pero la primera oportunidad se perdió.

El actual escenario es el peor que podía tener el gobierno, aún peor que cuando recibió la administración.

En estos 60 días haber devaluado algo más del 50 por ciento, sumado a la reducción y quita de retenciones al agro (no a la megaminería) movilizó la actividad, pero no corrigió el desfase recibido. Ahora lo peor que le podía pasar al gobierno, era que a esa devaluación la alcanzara la inflación,  en precio de alimentos sobretodo, que es la que marca la tendencia a la suba, y le pasó (como a Kicillof en 2014).

Pero no solo que la inflación se comió la competitividad lograda con la devaluación, sino que hasta en algunos productos la superó.

No es bueno.

El dólar sigue lenta y gradualmente subiendo, pero de poco  sirve en este escenario, porque el mercado ya lo adivinó.

Los que tienen retenidos capitales hoy y no los invierten,  hasta diciembre para mantenerse en valores estables compraban dólar blue que llegó a tocar los 16 pesos. Si lograban autorizaciones  iban por dólar ahorro a casi 13 pesos, Y si tenían mayor conocimiento financiero, optaban por el contado con liqui a 14 pesos. Muchos de ellos hoy se mantienen en billete dólar con la certeza de que va a seguir subiendo (y tienen razón). Los que se pasaron a pesos para aprovechar una tasa que llegó al 40 por ciento, tienen la certeza a la vez que hasta con un dólar de 16 pesos o algo más, contando la  tasa de ganancia no pierden, pero apenas llegue a esos valores o si la tasa baja, se van a pasar a dólares nuevamente.

En suma la mayoría de los que disponen de capital siguen especulando, de inversión, nada. 

Por otra parte, los que su capital lo tienen invertido en productos de consumo (corporaciones y comercio), los suben y lo van a seguir subiendo con cualquiera de las dos variables, por lo que tampoco necesitan de una mayor inversión, para ganar más.

Se eligió el gradualismo en los aspectos que afectan directa o políticamente al gobierno y en cambio se aplica shock a las variables que debe pagar la sociedad  y de algún modo el mercado (energía, servicios y combustibles). De este modo se está produciendo menos consumo de parte de la gente y más inflación en los que comercializan.

No sé si se está a tiempo de rectificar y aplicar shock,  en el lugar que se debía aplicar shock.

Por ahora en esta partida el gobierno es punto, la banca  la resignó al mercado, que ya lo adivinó y se le va a adelantar en todo. 

Y si bien puede solucionar el escenario externo, conseguir líneas de crédito a una tasa coherente, aumentar las reservas, dar crédito a la vez a mejor tasa y hasta reactivar inversiones estatales, en lo financiero local, se perdió una oportunidad. 

En el sector privado no va a ser fácil conseguir inversión, cuando hay lugares en los que ni siquiera hay luz. 

Y sin inversión, sin mayor oferta, no habrá más empleo, ni va a bajar la inflación.









Etiquetas:   Economía   ·   Dólar   ·   Mauricio Macri   ·   Inflación

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