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El agujero negro del Deutsche Bank


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15/02/2016


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Hemos empezado el año con muy mal pie para los inversores internacionales, especialmente para las grandes corporaciones. 


Seguimos arrastrando el problema de las materias primas, especialmente el petróleo. Su continuada bajada de precios hace tambalearse el esquema especulativo fijado sobre ellas y es imposible hacer negocios cuando no hay dinero que sacar. Al fin y al cabo, los negocios no son más que apuestas de dinero respaldadas por los bancos centrales. El problema está en que los bancos centrales ya no saben qué hacer; han llegado al límite de sus posibilidades. Nunca en la historia se había creado tanto dinero de la nada en tan poco tiempo. La expansión de balances, como llaman a eso los especialistas, no es más que una patraña para mantener la música sonando un poco más de tiempo, para ver si los de siempre pillan silla.

Pero, eso no acaba ahí. China no deja de dar sobresaltos. Su economía no puede seguir manteniendo la ficción del crecimiento, por mucho que el gobierno chino haga lo imposible por seguir la obra de teatro del crecimiento. Las materias primas no parar de bajar porque China ya no es el consumidor que era hace un par de años. El transporte internacional de mercancías está en mínimos y la bolsa de Pekín no cesa de dar sustos todos los días. China fue quien rescató al capitalismo en 2008, cuando los países occidentales estaban paralizados con los efectos de las hipotecas basura. Entonces tiró de la economía mundial mediante la creación de una burbuja de libro: expansión de balances del banco central chino, permisibilidad constructora y liquidez financiera extrema. Entonces todo el mundo lo agradeció, sin pensar que toda burbuja, por su misma esencia, debe estallar. La naturaleza de la burbuja es crecer, hasta que llega el momento en el que la capacidad para mantener la tensión se pierde y explota. Eso es lo que está sucediendo en China, pero a cámara lenta, como en uno de esos movimientos de la gimnasia matutina en las plazas chinas. Es cuestión de tiempo que China devalúe su moneda un 30% y se coma con patatas su burbuja inmobiliaria y financiera. Pero, cuando eso suceda...



Aquí en Europa no van tampoco muy bien las cosas. El Banco Central Europeo lleva cuatro años comprando deuda de los países (lo que antes era causa de excomunión ahora es la virtud suprema), y sin embargo no ha conseguido que reduzcan su deuda. Es más, la deuda total, pública y privada, es el doble que era antes. Lo único que ha cambiado es que ahora hay liquidez para el día a día, pero el problema de la deuda es mucho mayor que lo era. Por eso ha puesto en práctica medidas consideradas no ortodoxas: a la compra de deuda de los países se suma el haber puesto a cero los tipos de interés y, además, rebajar las necesidades de capital de los bancos por la vía de flexibilizar los requisitos. Pero, el gran problema de Europa es el Deutsche bank, el banco más grande de la eurozona y para cuya salvación se sacrificaron en el altar de las finanzas a tres países, Irlanda, Portugal y Grecia, y casi a un cuarto, España. El Deutsche bank es el que posibilitó financieramente las burbujas de todos estos países inyectando el dinero que le sobraba de la especulación en los derivados financieros como las hipotecas subprime. Cuando estalló eso en Estados Unidos, Alemania quiso salvar su banco mediante el cobro de sus inversiones europeas fallidas, llevando a Europa entera al riesgo moral de salvar a los bancos ineficientes que no tomaron buenas decisiones. Esto ha provocado todas las decisiones posteriores del Banco Central Europeo y de los países rescatados, también España.

El Deutsche bank, como era de esperar, no aprendió la lección y en lugar de evitar la especulación se metió más en ella. Como un ludópata, cada vez que perdía dinero aumentaba la apuesta. Hoy, este banco tiene 75 billones de dólares en exposición a derivados financieros como las hipotecas subprime de entonces. Esta cantidad de dinero es casi inimaginable. Se trata de 70 veces el PIB de España, 30 veces el de Alemani y 5 veces el de toda la eurozona, amén de que es el PIB total del mundo. Un solo banco puede generar un agujero como toda la economía mundial. Es inconcebible y por eso están tan nerviosos. Si el Deutsche bank cae, Alemania y la Union Europea caen. Como eso no podrán dejar que suceda, lo más lógico dentro del modelo capitalista es que Alemania haga pagar a los demás esos platos rotos. Si para salvar en 2008-2012 al Deutsche bank fue necesario hundir cuatro países, ¿qué hará falta ahora que el problema es diez veces mayor? No se me ocurre ninguna respuesta que pueda ser puesta por escrito, pues ya hemos visto que el capitalismo se reinventa cada día, pero lo más probable es que los pobres vuelvan a pagar los platos rotos de los ricos y estos salgan de rositas de nuevo.



Etiquetas:   Crisis Económica   ·   Banca   ·   Alemania

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