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José Antonio González Anaya (Economista
especialista en aspectos microeconómicos) llega a Pemex en lugar de Emilio
Lozoya Austin; Mikel Arriola (Abogado con especialidad en políticas públicas),
titular de Cofepris, sustituye a González Anaya en el IMSS; y el ex rector de
la UNAM, José Narro Robles (Médico Cirujano), llega a la Secretaría de Salud,
en lugar de Mercedes Juan López.
No cabe
duda que son apuestas agresivas, temerarias, por demás interesantes y que
apuntan en un sentido correcto, a pesar de todo lo que se pueda especular sobre
ello.
Llama
la atención que ninguno de estos cambios afectan las fichas centrales del
gabinete. Al parecer, Enrique Peña Nieto llegará hasta el final con sus dos
principales colaboradores: Miguel Ángel Osorio Chong y Luis Videgaray quienes gozan
de excelente salud política a pesar de que en sus respectivas competencias se
han manifestado graves problemas para la gestión del Presidente: inseguridad y
economía.
De
entre estos cambios me llama la atención lo referente a Pemex y al IMSS. Son
cambios eminentemente técnicos. Tanto Anaya como Arriola son funcionarios con
una gran trayectoria enfocada en aspectos presupuestarios, disciplina y
austeridad organizacional. Son operadores estrictamente funcionales en aspectos
de eficacia y reestructura.
Por
ejemplo, el arribo de José Antonio González Anaya envía un mensaje fuerte y
contundente hacia el interior de la paraestatal. Si este funcionario fuera
doctor, se dedicaría a tratar la obesidad. Tiene talento para reducir grasa en
instituciones públicas. En el IMSS combatió y ganó a los cárteles de las
farmacéuticas y otros proveedores que vivían como parásitos del presupuesto. Con
este antecedente llega como cirujano a jugar el mismo papel a Pemex que no solo
padece obesidad burocrática sino también corrupción crónica y una eventual
bancarrota. Difícil, pero llega un buen caballito de batalla para el
Presidente.
El caso
de Mikel Arriola es muy parecido aunque Anaya le deja el camino libre para la
ejecución. En el IMSS se han gestado importantes cambios en materia de
eficiencia organizacional que eventualmente culminarán en el mediano y largo
plazo cuando converja la necesaria reforma en materia de salud y se vaya
perfilando el tema de la seguridad universal (ISSSTE y Seguro Popular
incluidos). Aquí falta una pieza clave de este diseño y no dudo que aparezca en
el futuro: Santiago Levy, un viejo conocido y joven tecnócrata, respectivamente.
El caso
del doctor Narro es interesante. Sin duda es un premio evidente a su trabajo en
la UNAM pero a la vez se convirtió en un operador magistral para resolverle al
Presidente más de una crisis grande. Merece, sin duda, la medalla de secretario
de salud. Algunos, sin embargo, claramente vemos en Narro un perfil sólido para
liderar desde lo político la eventual reforma en materia de salud que está
pendiente.
Desde
mi punto de vista, estos tres nombramientos del Presidente son un claro enroque
para dos temas trascendentales hacia el final de su gestión. Apuestas agresivas
y ambiciosas pero que apuntan en sentido correcto.
@leon_alvarez