En relación con nuestro país, la oleada de conflictos que sacude al mundo árabe y también a Irán, tiene por lo menos dos dimensiones básicas: una política, referida al efecto demostración de la lucha contra las autocracias continuistas; y otra económica, asociada al aumento de los precios petroleros que se está produciendo por la insurgencia en Libia, y el potencial de inestabilidad en otros países exportadores de crudo, como Argelia o Irán y, en especial, Arabia Saudita.



