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Chile, escenarios de riesgo


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09/02/2016


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Del individualismo a la colaboración colectiva.


Una mirada profunda a nuestra sociedad tiene necesariamente que partir evaluando las actuales conductas que hemos desarrollado como individuos, las formas actuales de encarar la vida en comunidad, el impacto de las últimas 5 décadas y sus procesos globales de cambio. 

Porque en este medio siglo nuestro país se ha visto impactado por factores externos, consecuencia de las contingencias de un orden mundial que vivió episodios drásticos que remecieron nuestras estructuras socioculturales. En medio de la guerra fría, cuando en el marco de la institucionalidad constitucional surgía democráticamente una opción reformista, la potencia imperial decidió aplastarla por el riesgo de un efecto demostración que pudiera debilitar su sistema de dominación hemisférica. Fue así como vivimos en América latina una serie concatenada de gobiernos castrenses, donde los pretorianos que tomaron el poder ejercieron un terrorismo de Estado coordinado para borrar el peligro subversivo. Pero luego en el mundo vino la distensión, la flexibilización de las relaciones Este-Oeste, la perestroika, el aggionarmiento de los partidos marxistas europeos, la caída de los muros, la desaparición de la URSS y una onda de redemocratización que cruzó la región sudamericana. Las dictaduras perdieron vigencia y sus renombrados padrinos perdieron poder, lo que propició la generación de transiciones políticas que devolvieran la democracia representativa, pero mantuvieran el modelo económico.

Chile vivió ese proceso y, más allá de los programas de gobierno y las etiquetas o marcas registradas como progresistas, las fuerzas de la vieja izquierda mutaron, asumiendo el pragmatismo ya no para cambios revolucionarios sino para compartir cuotas de poder, resignándose ante la globalización emergente de los noventa. Eso significó el repliegue negociado del régimen militar, condicionado al mantenimiento de los pilares conceptuales del modelo económico. Cuando las élites que toman la posta en los noventa se excusan en el supuesto riesgo de una vuelta atrás, lo que hicieron fue desmovilizar a la sociedad civil para ser obsecuentes con un modelo concentrador de la riqueza, construido a partir del saqueo de las empresas públicas generadas por CORFO a partir de los años 40; un modelo extractivo en lo económico y con subsidios soterrados a los grandes grupos, vía planes de manejo forestal, vía manejo exclusivo de los fondos previsionales, la dilución en el tiempo de la deuda subordinada de la banca y el mantenimiento de prebendas para las Fuerzas Armadas.

El modelo capitalista de Estado Subsidiario se mantuvo incólume, el juego político del binominalismo permitió mantener las cosas como siempre, en una colusión, que hoy es vox populi, que tenía vasos comunicantes permanentes entre el poder económico y las élites políticas, de derecha e izquierda. Los gobiernos de la Concertación buscaron generar poder propio a través de alianzas estratégicas con nuevos actores económicos y el mundo multinacional, principalmente el español, donde los lazos de conocimiento entre el PSOE y la Concertación eran de larga data. Evidencia de ello fueron las maniobras corruptas de los emblemáticos casos MOP GATE y MOP CIADE, donde se fijaron sobreprecios a las obras públicas contra el pago de coimas, finamente llamadas “sobresueldos”.  Las concesiones con contratos leoninos para los usuarios o consumidores, la privatización del agua, las sanitarias, la concesión del litio a Soquimich, la privatización de la minería y el mantenimiento de la Ley de Concesión Plena que imposibilita las nacionalizaciones, fueron fuente de nuevos grupos de poder, entre otros el inmobiliario, usados como centros generadores de riqueza y poder por las élites emergentes. La lógica perversa es que el dinero da poder y que “el fin justifica los medios”. De espaldas a la ciudadanía se articuló una traición profunda a las fuerzas sociales que aspiraban a una sociedad más justa y segura.

Chile, inmerso en estas circunstancias políticas, cambió. El miedo que impuso la dictadura caló hondo en la convivencia y se mantuvo más allá del término de la dictadura. El chileno más joven se sumergió en las nuevas dinámicas tecnológicas, el modelo condujo a una fragmentación social, el espíritu gregario se fue perdiendo, los sindicatos perdieron poder, los colegios profesionales jamás recuperaron su rol supervisor ético de las profesiones; se chacreó la educación; todo se hizo negocio. El chileno se puso anteojeras y bregó para pertenecer a la sociedad de consumo, así se endeudó y perdió libertad. La ola aspiracional individualista fue generando jóvenes alejados de la cosa pública, con bajo nivel de compromiso con su entorno. Los afectos de los chilenos se debilitaron, nos hicimos más egoístas, corriendo por alcanzar seguridades mínimas económicas, buscando sobrevivir, pero callados por largo tiempo. Fueron las movilizaciones estudiantiles del 2005 y 2011 las que remecieron las conciencias y se comenzó a activar una impronta colectiva contestaría. Pero el sistema es hábil para llevar a la vía muerta a los díscolos, disidentes, opositores y críticos. Y lo hizo con las comisiones inconducentes, con la absorción institucional de líderes emergentes o tentando con financiamientos por debajo de la mesa a políticos que mantenían una propuesta progresista.

Cuando se abren las cajas negras de la corrupción cruzada, la debacle en las élites se hace sentir, se quiebran los tejados de vidrio y la explosión no alcanza a ser controlada. Porque revienta en el corazón mismo de la Moneda, con el caso CAVAL, donde se usó el parentesco y el tráfico de influencias para obtener del más poderoso empresario un crédito imposible dentro de las reglas financieras. El año 2015 transcurrió como el año en que se perdió la virginidad, tal fue la cantidad de situaciones de corrupción que ocasionó un desfile de personajes por los Tribunales. La Comisión Engels generó una propuesta tendiente a fortalecer la Probidad y la Transparencia, partiendo por introducir correcciones de fondo al sistema de partidos políticos. Muchas aristas se han ido abriendo a partir de las investigaciones del Ministerio Público, a lo que podría sumarse posibles acciones del Consejo de Defensa del Estado, y, en este derrotero en caída libre, el Gobierno declina cada día en su capacidad para manejar la crisis que se le ha escapado de las manos.

Si Bachelet ha sido considerada un extraordinario producto del marketing político, blindado con la creación de ONU Mujer, en donde se mantuvo alejada de la contingencia, este año, luego de la ruptura de su círculo de hierro, con la G90 ligada a los dineros y boletas falsas a SQM, más lo que se ha ido conociendo del caso CAVAL donde su nuera o hija política ha sido formalizada, se podría sostener que ese producto político está sufriendo una obsolescencia temprana. Y una ola de rumores está cruzando por los pasillos y ellos hablan de un posible término anticipado de su mandato o de una ausencia prolongada en el cargo, con un reemplazo legal por el Vicepresidente, Ministro del Interior. Se especula sobre salidas y ninguna conviene a la República. Los compromisos que Michelle Bachelet puso en su programa para su segundo período presidencial, hoy se perciben lejanos e inviables. Parece que ha pesado mucho más en su gestión cercana, la agenda marcada desde el ámbito externo por esos amigos que en su momento favorecieron su blindaje en ONU Mujer. No se explica de otro modo la serie de contradicciones entre su discurso que abrió por un lado un proceso constituyente y la suscripción, por otro,  del Acuerdo Transpacífico que genera amarres al Estado de Chile si éste quisiera soberanamente tomar decisiones de cambios al modelo, producir medicamentos genéricos o cambiar sus regulaciones para proteger determinados sectores de su economía. En el fondo, si se llega a ratificar el TPP, frente a cualquier medida del Estado de Chile que pudiera entenderse como vulneración de derechos que se arrogan las multinacionales y que se plasman en el TPP, Chile podría ser llevado a juicio en un tribunal privado, desprovisto de toda su inmunidad jurídica.



En el seguimiento de su accionar, el gobierno de la Nueva Mayoría está lleno de contradicciones vitales. Por ejemplo, en materia de transgénicos, se había congelado la Ley de Obtentores Vegetales, por la presión ciudadana, pero ahora se les abre la puerta con la firma del TPP. Otro ejemplo de inconsistencia se observa en las autorizaciones a como dé lugar, de proyectos cuestionados de termoeléctricas e hidroeléctricas, mientras se han suscrito en París compromisos por las energías limpias y la rebaja de las emanaciones.

Si los poderes fácticos sienten que su posición de privilegios corre riesgos por la aparición de nuevas fuerzas políticas, podría hacerse sentir la nostalgia golpista de ultraderecha. En el discurso de la ultraderecha se ha querido hacer aparecer al gobierno como el de la Unidad Popular, en una gran falacia, toda vez que Chile simplemente vive dos derechas, una sincera y manifiesta, fiel a la herencia del régimen militar y liberal de acuerdo a los climas mundiales; y esa derecha disfrazada de izquierdismo, que usa los eslóganes del pasado para llegar a las profundas sensibilidades de amplios sectores, pero mintiendo metódicamente en términos efectivos de gestión, sin tener mayores pretensiones de cambiar un modelo al que se acostumbraron y que les parece cómodo y lucrativo. Los partidos políticos del sistema han querido amurallar su feudo para mantenerse vigentes y es allí donde surge la gran incertidumbre para los escenarios políticos de corto y mediano plazo.



 Surgen interrogantes como las siguientes

¿Podrán los movimientos ciudadanos fragmentados y dispersos, con barreras de entrada, articular un movimiento nacionalista, pluralista, republicano capaz de ser opción política frente al duopolio?

¿Si en los ochenta las fuerzas sociales contra la dictadura formaron la Asamblea de la Civilidad antes que llegaran los pragmáticos políticos a negociar la transición, habrá hoy chance y conciencia de la emergencia nacional que se enfrenta?

¿Revolución Democrática, Izquierda Autónoma tendrán la fuerza como para convocar al mundo progresista en la idea fuerza de recuperar la República?

¿Las fuerzas liberales democráticas de Sentido de Futuro serán capaces de hacer lo propio y generar puentes con los movimientos ciudadanos?

¿Se podrá conjugar una tercera opción que despierte a ese 60% que se abstuvo y regaló el poder a los mismos de siempre?

Hemos mirado mucho el caso español, cruzado por la corrupción a todo nivel, en donde la salida ha sido esa cuña que logró meterle la ciudadanía al sistema, alcanzando participación en una nueva correlación de fuerzas. El tema es si los chilenos como en España sienten efectivamente que han tocado fondo en materia ética y si eso realmente les mueve a superar las trancas culturales que existen para compartir con el prójimo similares propósitos. Si dividir para reinar fue la receta eficaz de los autoritarismos de siempre, se requiere de hombres libres para conducir las energías sociales frente a este vacío de poder que percibimos. El desafío de las fuerzas sociales es pasar de la fragmentación a la unidad, del individualismo a los colectivos que fijen las ideas mínimas para recuperar la dignidad en todo sentido.





Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente







Etiquetas:   Política   ·   Democracia   ·   Sociedad   ·   Anticorrupción

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