El Inmovilismo por Inercia



Cuando venimos al mundo lo hacemos libres de etiquetas y sin carné de pertenencia a club alguno. En nuestro ADN no hay rastros de ideologías, de creencias o de formas de pensar concretas que pudieran haber sido transmitidas por nuestros progenitores. 

 


Tras el nacimiento nos convertimos en verdaderas esponjas capaces de absorber todo cuanto ponen a nuestro alcance y es labor de nuestros cuidadores protegernos de todo aquello que consideren nocivo. En la mayoría de ocasiones y en la práctica totalidad de las familias, esa protección no se ejerce sobre la libertad de pensamiento. Más bien, al contrario, el adoctrinamiento comienza en los primeros instantes de vida del neonato. Como reses nos marcan "para toda la vida", sólo que en este caso se cambia el hierro candente pormedallas, cruces, esclavas y todo tipo de abalorios. Amuletos que forman escudos invisibles que nos rodean, para protegernos de accidentes, enfermedades y todo tipo de calamidades. Sería de necios e imprudentes afrontar el curso de la naturaleza y el azaroso destino sin tan eficientes medios de protección.

El pensamiento mágico y la superstición se derraman, sobre las pequeñas cabezas, en forma de "agua bendita". El líquido elemento, esencial para la vida de todas las especies en la tierra, cumple una de sus tareas más deleznables; ser imprescindible en el ritual de iniciación del joven "borrego". Ritual obligatorio para expiar la culpa por hechos que no cometió; en realidad nunca nadie los cometió. Una vez que el joven "pecador" redime su culpa, consigue su carné de pertenencia al club más poderoso de nuestra historia más reciente (unos 2000 años); la iglesia católica. Lo místico se convierte en tradición y la tradición en fiesta. Se sacan  las mejores galas para asistir al acto que da comienzo a lo que a la postre será la eliminación total de la libertad de conciencia del cachorro humano.

Así se comienza a inculcar la necesidad de creer en lo irreal, por miedo a las consecuencias nefastas que provocaría la no creencia. Una idea tan básica que, mas bien, nos recuerda a lo que sienten las personas que sufren un TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo), que tienen la necesidad imperiosa de llevar a cabo una compulsión, pero que no tiene como base algo real sino que se trata de una idea irracional formada en su cerebro.

De esta manera el pensamiento mágico-religioso se instala en las pueriles mentes, anulando su capacidad crítica y de análisis. La maquinaria se ha puesto en marcha con un primer impulso y en la mayoría de los casos con la inercia será suficiente.



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Cuando venimos al mundo lo hacemos libres de etiquetas y sin carné de pertenencia a club alguno. En nuestro ADN no hay rastros de ideologías, de creencias o de formas de pensar concretas que pudieran haber sido transmitidas por nuestros progenitores. 

 


Tras el nacimiento nos convertimos en verdaderas esponjas capaces de absorber todo cuanto ponen a nuestro alcance y es labor de nuestros cuidadores protegernos de todo aquello que consideren nocivo. En la mayoría de ocasiones y en la práctica totalidad de las familias, esa protección no se ejerce sobre la libertad de pensamiento. Más bien, al contrario, el adoctrinamiento comienza en los primeros instantes de vida del neonato. Como reses nos marcan "para toda la vida", sólo que en este caso se cambia el hierro candente pormedallas, cruces, esclavas y todo tipo de abalorios. Amuletos que forman escudos invisibles que nos rodean, para protegernos de accidentes, enfermedades y todo tipo de calamidades. Sería de necios e imprudentes afrontar el curso de la naturaleza y el azaroso destino sin tan eficientes medios de protección.

El pensamiento mágico y la superstición se derraman, sobre las pequeñas cabezas, en forma de "agua bendita". El líquido elemento, esencial para la vida de todas las especies en la tierra, cumple una de sus tareas más deleznables; ser imprescindible en el ritual de iniciación del joven "borrego". Ritual obligatorio para expiar la culpa por hechos que no cometió; en realidad nunca nadie los cometió. Una vez que el joven "pecador" redime su culpa, consigue su carné de pertenencia al club más poderoso de nuestra historia más reciente (unos 2000 años); la iglesia católica. Lo místico se convierte en tradición y la tradición en fiesta. Se sacan  las mejores galas para asistir al acto que da comienzo a lo que a la postre será la eliminación total de la libertad de conciencia del cachorro humano.

Así se comienza a inculcar la necesidad de creer en lo irreal, por miedo a las consecuencias nefastas que provocaría la no creencia. Una idea tan básica que, mas bien, nos recuerda a lo que sienten las personas que sufren un TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo), que tienen la necesidad imperiosa de llevar a cabo una compulsión, pero que no tiene como base algo real sino que se trata de una idea irracional formada en su cerebro.

De esta manera el pensamiento mágico-religioso se instala en las pueriles mentes, anulando su capacidad crítica y de análisis. La maquinaria se ha puesto en marcha con un primer impulso y en la mayoría de los casos con la inercia será suficiente.




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