. Si soy sincero, no puede sentir más que una
enorme tristeza al escuchar la mayoría de estos comentarios, ya que sobre este
asunto existe una enorme hipocresía social. Como docente –varios años en
colegios de difícil desempeño-, he vivido situaciones extraordinarias sobre este
asunto, desde padres que acuden al colegio para denunciar un caso de acoso
escolar porque un alumno ha chocado contra su hija hasta padres que ven como algo
normal los insultos y las peleas entre su hijo y otros compañeros. Mucho más si
se trata de un partido de fútbol, donde los padres son los primeros que
insultan al profesor de educación física y animan a sus hijos a partirle la
pierna al contrario… Precisamente, esos mismos padres que luego denuncian al
profesor si se le ocurre zarandear a su hijo cuando éste se comporta de manera
inconveniente.
Cuando la actitud negativa de un menor no se corta
en cuanto comienza a aparecer, a medida que crece también crece su nivel de
violencia, chulería y agresividad. Con la frase “son críos”, muchos padres justifican
actitudes en niños pequeños como robar, clavarle un lápiz a un compañero, pegarse
en el patio o dibujar pollas en la pizarra. Sin embargo, el hecho de que un
niño sea un niño no le hace más inocente a la hora de juzgarle. De hecho, varios
estudios de universidades americanas afirman que un niño de seis meses es capaz
de hacer juicios morales, con lo que ya comienza a distinguir entre el bien y
el mal. Sin embargo, cuando un centro educativo llama a unos padres para
informarles sobre el mal comportamiento de su hijo, por lo general, ponen en
duda la palabra del profesor y aceptan la de su hijo, lo que refuerza aún más
ese comportamiento negativo. Así, hoy en día no es raro escuchar a un alumno de
8 años decirle a un profesor “como venga mi padre te vas a enterar”. Y lo máximo
que puede hacer el profesor es callarse, porque lo más probable es que sea
verdad.
En la actualidad, un gran número de padres ha
delegado la educación de sus hijos en los profesores. Así, la educación sobre el
cumplimiento de las normas, la responsabilidad o el respeto corre ahora a cargo
del docente. Sin embargo, tanto la administración como los padres les han
arrebatado a los docentes las herramientas para poder enseñárselo. La
disciplina huele a viejo, a rancio, a antiguo, y las administraciones evitan
hablar de disciplina para no ser tachados de franquistas o algo peor. Por eso,
hoy hay que enseñar las normas pero sin las herramientas para hacerlas cumplir.
Así, en caso de que un menor se pase por el forro las normas, será expulsado y
volverá de nuevo al centro al cabo de unos días como si tal cosa. Por eso, las
medidas disciplinarias contra los agresores y los acosadores son absolutamente inútiles
e ineficaces. Por lo general, los acosadores permanecen victoriosos en el
centro educativo mientras son los acosados los que son cambiados de colegio e
incluso de población. Lo mismo que sucede hoy en la calle con los delincuentes.
Hemos creado el monstruo de una sociedad sin normas,
sin valores y sin respeto, y ahora el monstruo que hemos generado viene para
comernos.CONÓCEME en www.tonigarciaarias.comSi te ha gustado SÍGUEME EN FACEBOOKSi te ha gustado, SÍGUEME EN TWITTER