Los recientes
resultados que miden el desempeño del sector educativo nacional, como cada año
y este no es excepción, confirman a pesar de los enormes presupuestos de los
que dispone, la pobreza en que está sumido este sector, su gravísima situación,
sin embargo el asunto no merece la atención ni del gobierno federal, ni de los
partidos políticos, en este país cuando se habla de educación, la referencia de
la discusión se centra únicamente en las maniobras y el poder personal
amasado por Elba Esther Gordillo.
Nadie, ninguna fuerza
política, asume la responsabilidad de reparar en el hecho de que la lastimosa
situación del sector educativo en México, es el antecedente de que
la pésima preparación de las siguientes generaciones, habrá de concluir en un
escenario dramático.
Los partidos
políticos están concentrados en la lucha por mantener sus privilegios, olvidan
porque eso les resulta muy cómodo, que la estructura del sector educativo,
salvo muy honrosas excepciones, esta privilegiando la mediocridad, preparando
si es que puede decirse así, a los estudiantes para el fracaso.
En los círculos del
poder, la masa que representa el gigantesco número de maestros, muy lejos
de su objetivo primordial, es únicamente una herramienta política que sirve a
factores electorales.
A pesar de que en el
país, se destina poco más del siete por ciento del producto interno bruto al
presupuesto que corresponde a la educación, esta sigue siendo incompleta, pero
sobre todo de pésima calidad.
En México se destina
el cuarenta por ciento del presupuesto de la secretaria de educación a los
salarios de los maestros, privilegiando los criterios meramente políticos por
encima de los objetivos educativos.
Salvo en los rubros
de preescolar y primaria, la cobertura es muy deficiente, independientemente de
los altos niveles de deserción escolar que rondan en el veintidós por ciento en
primaria, treinta y dos en secundaria y diez y seis por ciento en preparatoria.
Es decir que solo el
veintiún por ciento de los alumnos que inician la primaria llegan hasta la
universidad y solo el catorce por ciento terminan sus estudios profesionales.
Si bien es cierto que
estas cifras de abandono escolar pueden obedecer a factores adicionales y
distintos a la pobre calidad educativa, también lo es que la preparación del
personal docente es muy deficiente.
A pesar de que en
México se pagan los salarios más altos a los profesores, de acuerdo a un
comparativo de la OCDE, realizado entre todas las naciones que están
registradas en dicha organización, el ausentismo de los mentores es también el
más elevado.
La evaluación de la
OCDE señala también que solo el sesenta por ciento de los profesores poseen
grado de licenciatura, en contraste con los demás países analizados en donde el
porcentaje promedio en este concepto rebasa el noventa por ciento.
Ahora bien, este
panorama obedece no solo al abandono oficial en el que el gobierno federal y
los partidos políticos tienen a este sector, el resultado de estas cifras por
demás evidentes, tiene una relación directa con el desempeño del poderoso
sindicato nacional de trabajadores de la educación.
El SNTE es el
sindicato más grande de América latina, el poder de su membrecía lo convirtió
en una considerable fuerza electoral, que su líder, cuasi propietaria Elba
Esther Gordillo ha administrado no solo para acumular una espectacular y
cuantiosa fortuna personal, con la complicidad permanente de la autoridad.
Independientemente de
los beneficios personales, la maestra, creo a través del sindicato decíamos una
fuerza política, que incluso ahora posee su propio partido político, nueva
alianza, que es un satélite de los partidos mayoritarios, para acomodarse como
mejor le convenga en cada proceso electoral.
Los beneficios
oficiales que el SNTE percibe del poder, van mas allá del tema presupuestal, el
chantaje en materia electoral le ha permitido incluso obtener concesiones que
están por encima de la lógica, como el otorgamiento de posiciones al interior
del mismo gobierno, por ejemplo la dirección general del ISSSTE, de la lotería
nacional y la subsecretaria de educación básica en manos del yerno Elba Esther
Gordillo, José Fernando González Sánchez, desde donde el SNTE opera la venta de
el cincuenta por ciento de las plazas de nueva creación en la educación básica.
Controla la gestión
de créditos financieros y de vivienda, a su libre criterio y sin restricción
presupuestal, aparte de las cantidades que la secretaria de educación entrega
en forma directa a la organización sindical.
Esta errática
estructura de equilibrios entre el sindicato y la secretaria de educación, con
el mismo gobierno federal, han dado por resultado un secuestro que explica las
cifras anteriormente expuestas.
Un escenario en el
que lo que queda de manifiesto es el uso pervertido de este sector en materia
de privilegios y situaciones de corte electoral, que desafortunadamente
significan corrupción e ineficiencia.
Un sistema diseñado
para ejercer el control bajo las órdenes de una sola persona, esta confabulada
con el poder en turno para servir a sus intereses, hasta que la alternancia en
la presidencia de la república le facilito romper con esa alianza de facto.
La independencia que
Elba Esther Gordillo, consiguió de la presidencia, aprovechando la coyuntura
del cambio, corrompió aun más un esquema que de origen es inconcebible, porque
ahora la moneda de cambio es el chantaje.
Una coerción que
impone como apuntábamos, que el sector educativo nacional no solo no funcione,
sino que este organizado para producir más fracasos, porque ninguna autoridad
es capaz siquiera de intentar enfrentar el poder investido en Elba Esther
Gordillo, aun y cuando este fue otorgado por la misma voluntad presidencial en
su momento.
Un temor que mantiene
una perspectiva casi de sumisión y que hace al gobierno incapaz de intervenir
para provocar la transformación que el sistema educativo requiere.
Una configuración que
en el corto y mediano plazo desafortunadamente dará como resultado, que un gran
porcentaje de la juventud no alcance siquiera los mínimos de preparación para
enfrentar los retos del futuro.
Un secuestro como lo
hemos calificado, que dejara a las siguientes generaciones indefensas para
conducir el país cuando sea su oportunidad, incapaces de ser competitivos, lo
que deriva en el aumento del desempleo y sus consecuencias, una de ellas la
inseguridad pública.
El peor castigo para
una sociedad es sumirse en la ignorancia, porque esta es como la ceguera, que
no permite observar el entorno y las consecuencias de sus errores,
lamentablemente pareciera que para los grupos que ostentan el poder político en
el país, esa es una ventaja y por eso fomentan la situación, solo así puede
explicarse que estos argumentos no hayan sido suficientes para tomar las
determinaciones que corresponden.
guillermovazquez991@msn.com
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