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Reseña "Crematorio" de Rafael Chirbes


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21/01/2016


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Título: Crematorio


Autor: Rafael Chirbes

Editorial: Anagrama

Editada en 2007

ISBN: 9788433971562

N de páginas 424

Temática: Narrativa

No es un pasatiempo. Todo lo contrario. Es una novela duraintensa en la que no hay espacio para el descanso. La temática, estructura, puntuación no dan facilidades para relajarse. Crematorio podría ser la palabra-metáfora que describe –de alguna forma– lo que nuestros ojos y sentidos van a presenciar: lo peor, lo más siniestro, con olor a podredumbre, decadencia y mucha amargura.

La muerte de Matías y la espera para la incineración del cuerpo, abre las puertas a la verborrea mental de varias voces. La fundamental, la de Rubén, su hermano. Hace un repaso a su vida, centrándose en su etapa como exitoso constructor que le convierte en el actual potentado que es, tras años de una larga orgía de ladrillo.

En Crematorio, la veremos en la costa levantina, pero qué más da. Esa “fiesta” de la construcción recorrió la reciente historia de nuestro país a lo largo y ancho de kilómetros de litoral. La especulación inmobiliaria, el fraude, la corrupción, la parte sucia del negocio –con todos sus complementos. No falta de nada–, la ética que brilla por su ausencia y la consiguiente decadencia moral y personal, dibujan un panorama lleno de fango, hostil hasta el límite y desesperanzador.

Rubén observa y analiza su pasado a ritmo de monólogo. La voluntad de redimirse de poco vale ahora porque lo hecho, hecho está. Sin preocuparse por justificar todas y cada de las acciones ejecutadas, parece intentar convencernos de que aquel oscuro tramo –del todo por la pasta– era casi una deriva inherente al boom de la construcción en España. Como si no hubiera podido elegir.

Matías está muerto, pero Rubén nos sirve de presentador de su hermano. Suyas –las de los lectores– son las valoraciones sobre la evolución de una vida muy diferente a la de Rubén: deberán decidir si era “bueno o malo” porque su personalidad cambiante, el balanceo entre los mundos por los que se movió, pueden recibir el aplauso o el más sonoro de los abucheos.

Chirbes nos enseña a más personajes: hija, mujer de Rubén,  yerno, un amigo de la familia… Y no parece tener demasiadas esperanzas en la especie humana. No hay muchos halagos que repartir, a juzgar por el elenco de seres elegidos. El mundo es así de real. La naturaleza del hombre desde luego, deja mucho que desear pero… ¿es tan nefasta, tan patética, tan terrible? También aquí, el lector tendrá que buscar su propia respuesta. La mía, desde luego, no es tan negativa ni destructiva. No es para lanzar las campanas al vuelo, pero –puede que sea ingenuidad– desde luego, dejo más puertas abiertas para el aliento.

Crematorio es sin duda, una novela que no deja indiferente. Guste o no. El lector puede acabar asqueado porque sus personajes –la mayoría– son despreciables. Si no están enfangados, relacionados directa o indirectamente con el mundo de Rubén, tienen sus propios fantasmas. Es el caso de Federico, amigo (¿amigo?) de la familia. Es complicado no sentir náusea en algunos tramos en los que Chirbes se deleita con su decrepitud.

Especialmente desagradable es el personaje de la madre de Rubén. Es sin duda, uno de los mejores. Crucial en la vida de su hijo aunque ella nada sepa. No es desprecio –que también– sino falta de amor lo que escupe. Un sentimiento de abandono tan simple como destructivo que deja mella en su hijo menos favorito. ¿Justifica este hecho, el camino que después recorre Rubén? También, queda a elección del lector. En todo caso, me parece brillante la manera de Chirbes de darnos a conocer a semejante mujer.

Dejando a un lado la temática, la novela se caracteriza por una libertad de puntuación que crispa y agota al lector que acaba por convertirse en sufridor de estas maneras. Llámenle estilo, estrategia, fórmula particular… Cuando el contenido se presenta interesante, se tolera, cuando aparecen los altibajos –más de los que aparenta– resulta desquiciante. Tanto, que se puede optar por desear que todo pase pronto o descansar de la lectura. He sentido y hecho ambas cosas, a trompicones y de manera irregular.

Reconozco que Crematorio me ha costado. También la he disfrutado. Es intensa y muy, muy interesante. Generadora de debate interno y/o colectivo: ¿existe la ética, somos víctimas de nuestro entorno, culpables siempre de lo que hacemos, el mundo es tan sucio y despreciable como los titulares de las peores noticias? Da lo mismo si están relacionadas con el mundo en el que nos sumerge Chirbes o cualquiera que le haya tocado vivir a la humanidad.

Infinito sería el listado de preguntas. Excitante, la reunión de cualquier club de lectura donde Crematorio fuera su excusa. Sea cual sea su posición sobre la jungla de seres humanos con la que a diario convivimos y de la que participamos. Eso sí. El porcentaje de horror que le pongamos, es aquí, vital. No hay inocentes ni culpables absolutos.





Etiquetas:   Escritores   ·   Periodismo   ·   Reseña   ·   Lectores
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