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Reseña "Diamante azul"de la escritora Care Santos


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04/01/2016


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Título: Diamante azul.


Autor: Care Santos

Editorial: Destino

Edición: 2015

ISBN: 9788423349906

Nº de páginas: 350

Temática: Narrativa española.

Qué fácil es jugar con los lectores incautos a los que nos atrae con la fuerza de un imán, el mosaico de historias de una saga familiar. Casi todas se presentan con una sinopsis casi calcada donde aparecen las palabras mágicas: amores imposibles, secretos enterrados, desgracias…

Afortunadamente, en este caso, Diamante Azul supera con creces y con total acierto, todos esos clichés y tópicos con los que se engancha y después se decepciona –en muchos casos–a los que somos fervientes seguidores de este tipo de tramas.

He descubierto a una joya de autora, a la que sin duda, a partir de ahora, seguiré a través de sus otras novelas. Por supuesto, Habitaciones Cerradas–el título por el que sentí curiosidad–, será el siguiente.

Lo más alucinante es que una de las estrellas del puzle familiar presentado es la abuela de la propia autora: Teresa Puyolá. Confieso ante Care Santos una sana envidia porque su sangre comparta la de esta heroína. Lo de ser mujer cuando la época no te tiene en cuenta y hacer lo que te salga del alma pasando por encima de todo y de todos, tiene un mérito de mayúsculas.

Hay hombres, muchos, en las páginas de Diamante Azul. De hecho, algunos como Silvestre, también se salen con la suya por encima de circunstancias y opiniones. Pero está claro: no es lo mismo. En los dos siglos que recorre esta historia de familias, donde la primera parte se centra sobre todo en las dos primeras décadas del XX, las piedras que encuentra un hombre no son nada más que chinitas, al lado de lo que tiene que sortear una mujer.

El resumen de lo que iremos encontrando a lo largo de este periodo tan amplio no puede ser breve, pero veremos entre otras cosas, el éxodo familiar desde Olot a Mataró donde el desarrollo industrial será escenario del negocio del tinte. Con este escenario de fondo, veremos revueltas de trabajadores, espíritus emprendedores, venganzas personalesque salen y entran de la fábrica a casa y a la inversa, las diferentes formas de pensar, actuar y vivir de las clases sociales

Asuntos todos de gran interésbien contados y que sirven de perfecto envoltorio para rodear el amplio abanico de historias personales, donde se cruzan odios recalcitrantes y amores llenos de belleza.

Por cierto, dentro de estas temáticas me ha resultado especialmente interesante, el intríngulis de las mezclas, los secretos de cada color, los porcentajes de los ingredientes. Apasionante.

También, lo ha sido la introducción de la cinematografía como instrumento que ejemplifica la evolución hacia la modernidad (aunque sea lenta) de una sociedad que se divide por las reacciones que provoca el invento. Genera tanta atracción como recelos en función de que ojos miren. Muy interesante.

En cuanto a la fórmula narrativa de Care Santos me fascinan sus frases y capítulos cortos. Aunque los saltos temporales y por tanto, de los protagonistas que toca en cada momento, desconciertan al principio, finalmente el cóctel va reposando, haciendo compatible cada pieza, como las mezclas de los tintoreros.

La brevedad y contundencia de algunas frases, las convierte, en muchas ocasiones, en sentencias cuasi lapidarias, mensajes para recitar en alto y repetir como mantras. Son sólo tres, pero ahí van:

–“Lo que hemos vivido decide en qué personas transformarnos. Sólo somos una respuesta a las agresiones de la vida”.

–“No se puede mandar para siempre en los destinos ajenos, tarde o temprano la vida te manda callar”.

–“El mundo no para de dar vueltas, el sol no puede estar en dos sitios al mismo tiempo, es conveniente saber adaptarse a la oscuridad, si llega”.

No me gusta subrayar-manchar libros. Tampoco leer con una hoja al lado para ir apuntando lo que me gusta, porque las interrupciones me acaban desconcentrando. Pero con Care Santos he aguantado como una jabata hasta la página 408, en la que ya no he podido más y he corrido como una bala en busca de un bolígrafo. Pufff. Apunté varias pero tuve que dejarlo, para no acabar transcribiendo de nuevo el libro.

Son muchos los puntos a analizar en esta novela. Muchos. De hecho, el caos reina en esta reseña porque no soy capaz de organizar todo lo que me gustaría decir o al menos, no olvidar. Resignada ya a esta ausencia de orden, me limito a apuntar algunas sensaciones, ideas y sobre todo, muchas emociones que no quiero dejar en el tintero:

–por supuesto, cómo no mencionar a este pájaro azul. Por favor…, qué tristeza. Su presentación tan bucólica, tan abierta a generar el deseo de acariciarlo, la imaginación tiene opiniones propias y de inmediato, sientes la suavidad de sus plumas. Pero oh… no es oro todo lo que reluce por mucho que embauquen los colores. Pobre Florián… (quien no lea la novela, que no pretenda entenderlo)

–qué decir de ese reloj que marca las horas cuando le viene en gana y suena a muerte…, de ese gato llamado Gato…, de esa cómoda de Teresa Marqués…, esa crema de San José que huele y sabe tan bien como el encanto que desprende –aunque la adore un ser tan repulsivo como Margarita–…

–y si hablamos de personajes, podría ser un no parar:

A. Adorable, tierno y sufrido Eusebio Font, el profesor de piano, al que todos achucharíamos por su inconsolable pena.

B. Ese lechero que volvió loca a la abuela Teresa y la convirtió en una superwoman en un tiempo en el que no tenía permiso para serlo…

C. De medalla son otras mujeres, como «la otra Teresa», la mujer de Silvestre, tan auténtica, inspiradora de un amor que parece de novela, pero no, a veces ocurre (gracias Care Santos, me ha enamorado ese amor).

D. Esas monjas tan invisibles como siniestras… Tan reales. El mundo siempre ha necesitado de cómplices silenciosos. Permitidos, a la chita callando. Seres que representan los secretos que deben callarse. Y así, sigue este mundo… Jugando con sangre…

E. Suprema Tomasa. Qué personaje secundario tan soberbio, tan invisible que sólo habla con Gato, tan muda como maestra en el placer que proporcionan otros sentidos.

F. Esas magistrales cartas de Avelino

G. Esos hijos muertos que hablan e informan al lector.

Mejor no sigo, porque los detalles, pequeños y grandes, diminutos y colosales, se complementan como si hubieran nacido para mezclarse en uno de los maravillosos platos de Tomasa o las tinas donde hierven los colores.

El realismo mágico, entra, sale, rodea, se cuela a placer en Diamante Azul. Cuando se hace tan bien como esta autora, deleita y confunde los sentidos. Por eso, ya no sé si es la definición exacta, correcta. Si no es realismo mágico, llamémosle una especie de magia. En general. Es la que ha hecho, al menos para mí y conmigo, Care Santos con sus pájaros, cosas, tintes, casas, personas y personajes, dramones, alegrías, quereres, desamores, colores, muertos vivos, mujeres que merecen monumentos… En fin. Diamante Azul es una lista interminable de aciertos que me ha enamorado.









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