Carta abierta a todo el Partido Popular

Queridos simpatizantes, militantes y votantes del Partido Popular, queridos compañeros de Nuevas Generaciones, querido Presidente Mariano Rajoy:

 

. Con la ambición de que se cumplan los sueños y aspiraciones de aquellos que pretenden alcanzar sus metas, más o menos lejanas, pero que sin duda, como hacen siempre, tienen un sentimiento de cariño y unos segundos de recuerdo, en medio de este trajín festivo, para este partido.

Hechas las presentaciones oportunas, y para entrar en materia, decir que no pretendo a través de estas líneas, que serán fácilmente algunas más de las previstas, dar lecciones políticas, convencer a nadie, ni aspiro a reconocimiento alguno, sino que quiero poner mis cualidades al servicio común y entregar mi opinión y mi crítica personal, tras los pasados comicios generales, a la sociedad española.

Me gustaría empezar recordando el lema del PP para las pasadas elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo: “Trabajar. Hacer. Crecer.” Tres verbos, tres palabras aparentemente carentes de sentido, pero que llevan marcando la política del Gobierno de Mariano Rajoy de estos cuatro años, y han servido de guía en las Comunidades y en los Ayuntamientos en que la democracia, y los grupos de la oposición, han permitido que la lista más votada, que era el Partido Popular, gestionase diversos territorios.

A lo largo de este tiempo, el Partido Popular ha TRABAJADO. Ha trabajado por mejorar la economía española, ha trabajado por crear empleo en vez de destruir masivamente los puestos de trabajo, como era ya costumbre con el Partido Socialista, ha trabajado por unir los territorios españoles, a través de medios de transporte y de manera social y humana, ha trabajado por hacer de la “marca España” un símbolo de éxito y prestigio, ha trabajado por llevar a España hasta los niveles más altos de ocupación turística extranjera, ha trabajado por dar a España el lugar europeo y mundial que se merece, ha trabajado por estar cerca de los españoles, de los necesitados, de todos y cada uno de los miembros de nuestra sociedad. Ha trabajado, en definitiva, por la igualdad de territorios y personas, por la defensa de la democracia y de la unidad, por la mejora de la calidad y el bienestar de sus ciudadanos y por el auge y la promoción de nuestro Estado.

A lo largo de este tiempo, el Partido Popular ha hecho. Ha hecho más de 24 leyes y de 70 decretos-ley que han servido para permitir que hoy España crezca al 3% y lidere la recuperación económica en Europa, para alcanzar la cifra de 1300 empleos nuevos cada día, para salir del pozo de desesperación, desazón e incertidumbre en que nos dejó Zapatero y al que mañana iremos con las nuevas políticas populistas, para alcanzar un Estado del Bienestar incuestionable y claramente ventajoso, inigualable en países como EEUU u otros de prestigio similar. Ha hecho POLÍTICA, y lo pongo con mayúsculas y con orgullo, porque es verdaderamente el valor que se le debe dar a una palabra como esta.

A lo largo de este tiempo, el Partido Popular ha conseguido que España crezca. Que crezca económicamente, pasando de la crisis a la recuperación, que crezca en niveles sociales, que crezca en niveles de renta, que sus mayores vean incrementadas sus pensiones, que los funcionarios vean recuperados sus salarios, que los trabajadores vean como aumenta el salario mínimo interprofesional, que los parados puedan gozar de una prestación por desempleo que permita cubrir sus necesidades básicas, que el Estado garantice la seguridad de las mujeres y hombres que puedan padecer la violencia de género, que los niños o las personas en riesgo de exclusión social vean con esperanza una luz al final del túnel. España crece como país, como potencia y de manera humana, algo vital e importantísimo en la marcha de un país, y gracias al Partido Popular se ha luchado por mejorar la convivencia entre territorios, por acabar con la discriminación, el racismo u otras lacras sociales, por lograr alcanzar unos niveles de aceptación cultural o étnica muy deseables por otros países, por lograr ayudar a tantas personas que tienen que venir a nuestro país a causa de la miseria, el hambre o las guerras.

Hoy, todos y cada uno de los españoles pueden sentirse orgullosos, yo al menos lo hago, de haber tenido un Gobierno del Partido Popular al frente de su nación, dirigiendo su empresa, la empresa común de todos y cada uno de nosotros. Los que el 20-N de 2011 votaron progreso, no progresismo; los que el pasado 24 de mayo votaron PP, no populismo; los que el 20-D votaron estabilidad y no incertidumbre, pueden estar serenos y orgullosos de haber confiado y apoyado a aquel que verdaderamente quiere y puede lograr lo mejor para España; el Partido Popular.

Sin querer demorarme mucho, tras la pasada cita con las urnas nos pueden quedar algunas cosas claras. Con respecto al PSOE: Pedro Sánchez y su comité de campaña pueden ir presentando su dimisión: han acabado con el Partido Socialista y han obtenido los peores resultados de su historia. Felipe González, José Luis Corcuera o Paco Vázquez hoy están, y comprendo que estén, desencantados con ese PSOE que, como se ha dicho ya alguna vez, era y tenía el voto de la socialdemocracia, no de vaya usted a saber quién, y tenía lo más importante: la “E” de español y de España, no la “E” de error y escisión. Por dignidad política, pensando el bien de España y de los españoles, y en la propia pervivencia del Partido Socialista de cara al futuro, el Señor Sánchez debería asumir que ha perdido sus elecciones, que ha fracasado en política y que no es apto para liderar un partido como es el PSOE.

En cuanto a los emergentes, Podemos puede tener muy clara una cosa: no conseguirá romper España, porque tendrá sobre él el peso de la ley y el peso de la voluntad de los españoles que queremos que España siga siendo una, unida, plural y democrática. Pablo Iglesias no debería haberse presentado, al igual que han hecho los independentistas catalanes, a unas elecciones generales y españolas, pretendiendo como pretenden acabar con la pluralidad y la democracia de España, sin asumir su ley máxima que es la Constitución, sin respetar el mandato de las urnas y sin aceptar, de una vez por todas, que no se puede hacer de un país una forma de gobierno personalista y caprichosa para el beneficio de una oligarquía que presume de ser social, abierta y plural, y que no denota sino raíces comunistas, chavistas y bolcheviques.

Y Ciudadanos, la gran decepción para muchos en cuanto a resultados se refiere. Con un líder que es el único de la oposición que demuestra altura de miras, espíritu democrático, defensa de España, patriotismo y búsqueda por encima de todo del bien del país, acaba en cuarto lugar en un Parlamento que, siendo democrático, va a trabajar por derrocar y terminar con los principios que tanto nos ha costado forjar . Más vale que Podemos y el PSOE sigan el ejemplo de la abstención de C´s y luchen por el bien común que defienden, en realidad, sus programas electorales, las ideas con que se han presentado a las elecciones.

Solo cabe esperar, con tesón y esperanza, a que los parlamentarios que han salido elegidos de las urnas, tomen o intenten tomar las mejores decisiones para España. Confiemos en la eficacia de nuestra democracia y esperemos que el próximo mes de marzo no nos veamos obligados a acudir a unos nuevos comicios generales, y que España siga el camino de la certidumbre y aspire al progreso y la continuidad de nuestra esencia y de nuestros valores históricos y democráticos.

De lo contrario, un país que sería ingobernable, se vería abocado a unas nuevas votaciones que fuese cual fuese el resultado, demostrarían la deficiencia de nuestro sistema político, y la “incompetencia”, permítanme la expresión, de nuestras fuerzas políticas a la hora de alcanzar acuerdos y lograr un consenso en algo tan importante como es y será siempre el futuro de la nación.  

UNETE



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