La fe ciega del estúpido



 

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De todos es sabido que la ley debe ser igual para todos, desde el rey hasta el último ciudadano o ciudadana. Por eso, tras el atentado recibido por Mariano Rajoy en Pontevedra, el "presi" debe denunciar; es más, está obligado a ello. Y si no lo hace está sentando un mal precedente. En el futuro, cuando se nos requiera a la ciudadanía determinado tipo de colaboraciones, no tendremos más remedio que hacerle la peineta, que es lo que él nos ha hecho a todos, tomándonos por estúpidos. Si Mariano piensa que está por encima del bien y del mal es que ya empieza a parecerse a los socialistas del PSOE y, particularmente, a los de Andalucía.

Si Rajoy no denuncia la agresión del muchacho, los ciudadanos no estamos obligados a colaborar, por ejemplo,  con las Fuerzas Armadas ni con la Judicatura ni con el propio Gobierno. Se habrán definido dos mundos donde nadie colabora con nadie y cada cual anda a su ritmo y a su antojo. Es un muy mal precedente. El divorcio entre el Gobierno y la ciudadanía es lo peor que puede suceder en un pueblo que anhela salir definitivamente de la crisis, evitar la amenaza de los populismos de estilo bolivariano y caminar en paz. Si Rajoy quiere ser diferente, ese experimento debe hacerlo en casa y con gaseosa; solía decir Malaparte que nadie perdona a quien quiere ser diferente a los demás.

Vamos con otro ejemplo aunque sea un poco exagerado. Piensen que, muchas veces, lo exagerado es realidad al día siguiente. Si el presidente no denuncia el atentado de Pontevedra, cuando un terrorista atente contra a un político de su mismo color o ideología habrá que mirar para otro lado y no colaborar. No habrá que decir por dónde huyeron los asesinos o donde se esconden, si la ciudadanía lo conoce.

Rajoy demostraría así un inusual  incivismo y un evidente incumplimiento de la ley. En su día, ante atentados semejantes, Berlusconi lo denunció y también su partido, al igual que lo hizo Sarkozy y su partido. ¡Tome ejemplo, Mariano, que hay muchos precedentes! Claro que, a decir verdad, y como ha dicho la izquierda más radical, rastrera e irracional, si el muchacho es familiar suyo o de su esposa, si es hijo de gente muy cercana a Rajoy,.... ¿A ver si va a ser un ajuste de cuentas y estamos perdiendo todos el tiempo?

El muchacho gallego del atentado ha demostrado una radicalización y una falta de educación sin precedentes, así como los padres han demostrado una falta de tacto y de mano izquierda inusual. Hay padres que no saben ser padres o que, ante las adversidades, renuncian a ello y así les cubre el pelo: acaban pagando con creces sus errores del pasado. Lo dice hasta el propio filósofo, José Antonio Marina, que suele filosofar con la realidad educativa y tener muy poca credibilidad, excepto para el Partido Popular. Aquí tenemos un ejemplo claro y que no se debe volver a repetir. A nadie debe sorprender lo que decía R. Tagore: "No hay cosa más difícil de soportar que la fe ciega del estúpido".



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La fe ciega del estúpido


 

Si Rajoy no denuncia la agresión demostrará  un inusual  incivismo y un evidente incumplimiento de la ley, además de sentar un peligroso precedente.

De todos es sabido que la ley debe ser igual para todos, desde el rey hasta el último ciudadano o ciudadana. Por eso, tras el atentado recibido por Mariano Rajoy en Pontevedra, el "presi" debe denunciar; es más, está obligado a ello. Y si no lo hace está sentando un mal precedente. En el futuro, cuando se nos requiera a la ciudadanía determinado tipo de colaboraciones, no tendremos más remedio que hacerle la peineta, que es lo que él nos ha hecho a todos, tomándonos por estúpidos. Si Mariano piensa que está por encima del bien y del mal es que ya empieza a parecerse a los socialistas del PSOE y, particularmente, a los de Andalucía.

Si Rajoy no denuncia la agresión del muchacho, los ciudadanos no estamos obligados a colaborar, por ejemplo,  con las Fuerzas Armadas ni con la Judicatura ni con el propio Gobierno. Se habrán definido dos mundos donde nadie colabora con nadie y cada cual anda a su ritmo y a su antojo. Es un muy mal precedente. El divorcio entre el Gobierno y la ciudadanía es lo peor que puede suceder en un pueblo que anhela salir definitivamente de la crisis, evitar la amenaza de los populismos de estilo bolivariano y caminar en paz. Si Rajoy quiere ser diferente, ese experimento debe hacerlo en casa y con gaseosa; solía decir Malaparte que nadie perdona a quien quiere ser diferente a los demás.

Vamos con otro ejemplo aunque sea un poco exagerado. Piensen que, muchas veces, lo exagerado es realidad al día siguiente. Si el presidente no denuncia el atentado de Pontevedra, cuando un terrorista atente contra a un político de su mismo color o ideología habrá que mirar para otro lado y no colaborar. No habrá que decir por dónde huyeron los asesinos o donde se esconden, si la ciudadanía lo conoce.

Rajoy demostraría así un inusual  incivismo y un evidente incumplimiento de la ley. En su día, ante atentados semejantes, Berlusconi lo denunció y también su partido, al igual que lo hizo Sarkozy y su partido. ¡Tome ejemplo, Mariano, que hay muchos precedentes! Claro que, a decir verdad, y como ha dicho la izquierda más radical, rastrera e irracional, si el muchacho es familiar suyo o de su esposa, si es hijo de gente muy cercana a Rajoy,.... ¿A ver si va a ser un ajuste de cuentas y estamos perdiendo todos el tiempo?

El muchacho gallego del atentado ha demostrado una radicalización y una falta de educación sin precedentes, así como los padres han demostrado una falta de tacto y de mano izquierda inusual. Hay padres que no saben ser padres o que, ante las adversidades, renuncian a ello y así les cubre el pelo: acaban pagando con creces sus errores del pasado. Lo dice hasta el propio filósofo, José Antonio Marina, que suele filosofar con la realidad educativa y tener muy poca credibilidad, excepto para el Partido Popular. Aquí tenemos un ejemplo claro y que no se debe volver a repetir. A nadie debe sorprender lo que decía R. Tagore: "No hay cosa más difícil de soportar que la fe ciega del estúpido".




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