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Entrevista al escritor Félix G. Modroño


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19/12/2015


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Félix G. Modroño, vizcaíno afincado en Sevilla, licenciado en Derecho,  disfruta del éxito que está cosechando su cuarta novela “Secretos del Arenal”. Vive un momento dulce en su faceta de escritor, que arrancaba en 2007, con la publicación de “La sangre de los crucificados”. Ya hizo una primera incursión, cinco años antes, con “Villalpando, paisajes y rincones”, en homenaje a sus raíces zamoranas, con la fotografía como uno de los pilares básicos de la obra.


La ambientación de sus historias y un profundo trabajo narrativo son dos de los fuertes del escritor que distingue entre novelas buenas y malas, no entre géneros literarios.

Entrevista concedida a ELD y realizada por Begoña Curiel:

–En 2002 publica “Villalpando, paisajes y rincones”. Cinco años después sale al mercado su primera novela y tras ella, llegarán otras tres hasta la actualidad. ¿Qué lleva a Félix G. Modroño a adentrarse en esta aventura? ¿Escribir novelas estuvo alguna vez dentro de sus planes?

Las mejores aventuras son las que nacen sin esperarlas. Siempre fui un lector empedernido, pero nunca se me ocurrió escribir una novela. Pero tuve un accidente que me mantuvo inmovilizado más de mes y medio. Y en ese tiempo, quizás como mecanismo de defensa, fue cuando la idea de escribir tomó forma y fuerza.

–¿Tiene modelos o maestros que sean su referencia a la hora de escribir?

Creo en que una buena novela debe aunar calidad literaria y entretenimiento. Confieso que Pérez-Reverte en mis inicios constituyó un referente, sobre todo gracias a sus primeras novelas. “La tabla de Flandes”, “El maestro de esgrima”, aunque mi novela favorita de la suyas sea “El pintor de batallas”.

–No se define como autor de novela negra, pero es una etiqueta que ha colgado gran parte de la crítica para su obra. ¿Se equivocan poco, mucho o del todo? ¿Es cansado o incluso molesto, esto de las etiquetas en el mundo de la literatura?

Soy de los que creen que las novelas se deberían dividir en buenas y malas. Es cierto que mis novelas tienen tintes negros, pero también históricos, emocionales… Cuando se mezclan géneros y uno solo se lleva la etiqueta, se puede cometer una injusticia con la novela.

–Si hablamos de etiquetas hay una especialmente polémica o al menos, una sobre la que se debate mucho: la literatura de mujeres. ¿Existe o no?

Rotundamente no. Ni la escrita por mujeres, ni la escrita para mujeres. Me gusta leer una novela y no saber ni pensar en si la mano que la ha escrito es femenina o masculina.

–Hacía mención a la literatura de mujeres porque en “Secretos del Arenal”, su última novela, habla en primera persona como una de sus mujeres protagonistas. Todo un reto. ¿Se ha sentido especialmente observado por las lectoras en esta ocasión?

Efectivamente fue un reto, con el que pretendía reivindicar la igualdad a la hora de escribir. Antes de publicarla pedí la opinión de varias mujeres de confianza. No quería saber si la novela les gustaba o no, sino si les resultaba absolutamente creíble el personaje de Silvia Santander. Todas coincidieron en que sí, así que estaba bastante tranquilo al respecto.

–La ambientación de sus novelas es una de sus obsesiones. ¿Por qué? ¿Es más o igual de importante que el trabajo con sus personajes?

Diría que la ambientación es mi única obsesión. Es la que hace creíble una trama y la que además especial una lectura. Yo no pretendo que el lector lea una historia, sino que se zambulla en ella. Es lo que me lleva más tiempo, pero también lo más gratificante.

–País Vasco, Castilla-León, Andalucía y ciudades concretas de estas comunidades autónomas –que usted conoce y en las que ha vivido–, son ingredientes esenciales en parte de su obra. ¿Es necesario nacer y/o vivir en los sitios para escribir sobre ellos?

Me siento más cómodo narrando sobre lugares que domino y en los que incluso puedo aportar visiones nuevas. Procuro huir de los tópicos de los lugares y elijo espacios alejados de las rutas turísticas pero con un encanto particular. No creo que a Ruiz Zafón le hubiera quedado igual “La sombra del viento” de no ser barcelonés, ni a mí “La ciudad de los ojos grises” de no ser vizcaíno. Hay novelas que exigen que el autor no solo conozca los escenarios, sino que los ame.

–¿Usted elige las ciudades o escenarios de sus obras o son los lugares los que le buscan?

Por el momento, los he elegido yo. Quería lugares en los que tuviera algo distinto que contar. Por suerte, he vivido en muchos sitios, y ese no solo me ha ayudado a conocerlos sino también a tener una perspectiva a medio camino entre la objetividad y la nostalgia.

–Dicen algunos escritores que sufren cuando crean sus historias. ¿Usted es de los que sufren o de los que se divierten?

Sufridor, muy sufridor. Los escritores que afirman divertirse en el proceso de redacción me resultan sospechosos, o a lo mejor son masoquistas. El sufrimiento del escritor es un tormento necesario, pero gratificante cuando se alcanza el objetivo.

–¿Cree que el escritor debe ser la voz o dar la voz a situaciones denunciables o la escritura es sólo una oportunidad para hacerlo?

Creo que un escritor debe ser honesto consigo mismo, desnudarse emocionalmente en cada novela. Eso conlleva que, directa o indirectamente, reivindicará su filosofía y se opondrá a lo que no le gusta.

–¿Los traumas personales son una baza temática de peso para el desarrollo de una historia?

Más que los traumas, los fantasmas, los miedos, ese espacio íntimo que no se revela a nadie. Los personajes de las novelas han de tener una fuerza especial, un carisma. Me gustan los personajes apasionados, esos que nos sacan de la rutina. Los protagonistas de las novelas no pueden ser gente aburrida.

–Félix G. Modroño también es fotógrafo. Dicen que una imagen vale más que mil palabras. ¿Es cierto? ¿Podrían decir lo mismo dos lenguajes tan diferentes como la imagen y la palabra?

Disfruto complementando. La fotografía me sirve como soporte de mi documentación. De ahí, quizás, que mis novelas sean muy visuales. Tanto de la palabra como de la imagen nace la imaginación, y cuando esta nos invade, podemos transportarnos a cualquier lugar para imbuirnos en cualquier situación.

–En sus novelas, también hay música, otros libros, olores… ¿Cómo utiliza este puzle: en función de las necesidades de la historia que relata, se lo pide la historia o echa mano de estos recursos como técnica narrativa?

Busco emocionar. Que mis novelas no solo se lean. Que se huelan, que se escuchen… Ser capaz de despertar los sentidos es un reto que afronto en cada historia. Y nada mejor que los sentidos para adentrarse en el alma del lector.

–¿Qué manías o rituales tiene Félix G. Modroño a la hora de escribir?

Escribo por la noche, así que no perdono la siesta. Necesito saber que hay Cocacola Zero y avellanas en casa, por si necesito echar mano de ellas cuando me puede la ansiedad nocturna. Suelo coger algunos kilos en el proceso de redacción que procuro perder cuando termino, aunque con cada novela me cuesta más.

–¿Es más de musas o de perseverancia? ¿Le gustan los esquemas cerrados o deja libertad a sus personajes?

No conozco ningún buen escritor que no sea disciplinado. Los momentos de inspiración, que los hay, te tienen que pillar sentado frente al ordenador.

La disciplina, el coraje y la pasión son elementos necesarios si se quiere destacar en cualquier cosa.

Cuando empiezo a redactar una novela, la historia ya ha dado vueltas a mi cabeza durante meses hasta formar un esquema, del que me resulta difícil salir salvo que algún personaje reclame un mayor protagonismo en la historia como me ocurrió con Lamadrid, una madame de una casa de trato sevillana en “Secretos del Arenal”.

–Son cuatro novelas ya y prepara otra. ¿Desde que empezó a escribir no ha podido parar o le ha influido la buena respuesta que ha tenido entre los lectores, así como los premios que ha ido obteniendo?

Los lectores son el viento que me empuja. Saber que hay miles de personas esperando tu próxima novela te da responsabilidad, pero en mi caso me hace ser más exigente conmigo mismo, tanto en la construcción de la historia como en la obligación de escribirla. Si no hubiera tenido esa respuesta, con lo que sufro escribiendo, seguro que lo hubiera dejado. También son los lectores los que me han pedido que continuara con la saga que inicié en mis dos primeras novelas, protagonizadas por don Fernando de Zúñiga, un peculiar investigador del Siglo de Oro.

–Cada autor tiene una experiencia muy personal con el mundo de las editoriales. ¿Cuál ha sido la suya, ha mejorado o empeorado con el tiempo?

Soy una rara avis en el mundo editorial, porque he publicado todas mis novelas con la misma editorial. Con la próxima serán cinco. Solo puedo decir que me encuentro muy a gusto en Algaida y que su editor, Miguel Ángel Matellanes, uno de los mejores de este país, se ha convertido en mi amigo.

–Los tiempos han cambiado mucho. La autopublicación ha abierto un campo infinito para darse a conocer. Sea bueno o malo lo que se ofrezca. ¿Le parece positivo?

Me parece muy lícito que un autor se de a conocer como pueda, especialmente si no ha tenido respuesta de las editoriales. Obviamente, en una novela se nota cuando hay una mano de un buen editor y un buen corrector. La autopublicación puede ser un medio para conseguir ser dignamente publicado.

–¿Cree que se lee tan poco como nos dicen?

El índice de lectura lo da el clima. Es evidente que en Andalucía se lee bastante menos que en el norte porque los hábitos son distintos. No sé si se lee poco. Lo que sí sé es que se publica demasiado para los lectores que hay.

–¿Qué sello propio aporta o le gustaría aportar a Félix G. Modroño al mundo de la literatura?

Me gustaría que el lector me reconociera por mi modo de escribir. Tanto por lo que cuento por cómo lo cuento. Que al pensar en Modroño se pensara en su mezcla de géneros, en su recreación de épocas y lugares, en la emoción que desprenden sus historias… Ya sé que es mucho pedir.

–Lo hacemos siempre. Nos gusta saber que leen los escritores. ¿A quién idolatra y qué novelas le han dejado marcado?

Hay novelas que por el momento en que cayeron en mis manos las recuerdo con un cariño especial: “Los renglones torcidos de Dios”, “Asesinato en el Orient Express”, “Sinuhé el egipcio”, “El nombre de la rosa”…

Las últimas novelas que he leído de autores de mi generación han sido las de Dolores Redondo y Víctor del Árbol, dos autores que han pasado a formar parte de mis favoritos.

Aunque cuando quiero darme un baño de humildad busco en mi estantería “El amor en los tiempos del cólera” de Gabriel García Márquez. Sus páginas son pura magia.





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