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Entrevista al periodista y escritor Manuel Mira Candel


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19/12/2015


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¿Qué diferencia a los escritores frente a otros campos artísticos o humanistas?


La creación no distingue campos, sino habilidades o disposiciones intelectuales personales. Todas las artes se definen por la misma capacidad de buscar misterios y de ahondar en los comportamientos del ser humano, en preguntarse qué somos y para qué estamos aquí… Tal vez los escritores utilicemos un lenguaje que nos permite ser más explícitos para desentrañar esos misterios. En cambio, otros lenguajes pueden ser más sublimes, conmovedores. Se trata, en definitiva, de conectar con el mundo y despejar incertidumbres.  …electuales pacidad de buscar mportamientos del ser humano, en preguntarse qurtes se definen por la misma capacidad de buscar.

¿Cuándo decidió decantarse por la escritura? ¿Quiénes han sido sus modelos o maestros?

Siempre quise ser escritor. Entré en el periodismo porque deseaba ser escritor. Pensaba que el periodismo me ofrecía todos los ingredientes para serlo. Era muy joven. Diecinueve años. Estaba equivocado porque el periodismo observa apasionadamente la inmediatez y escribir ahonda sosegadamente en el tiempo y el espacio del hombre. Para el periodista, el tiempo no existe. Para el escritor, es un elemento inexcusable.  Un grave problema de salud me apartó de un oficio y me arrojó en los brazos del otro. Sin embargo, yo no habría sido nunca escritor de no haber sido antes periodista. Más aún, soy de los convencidos de que el periodismo es un género literario. El periodismo me abrió las ventanas del mundo, me hizo impaciente, permanentemente motivado por el conocimiento y la búsqueda. Me dejé fascinar muy pronto por la literatura sudamericana (Vargas Llosa, García Márquez, Onetti, Carpentier, Asturias); por la generación maldita americana, por Steinbeck, Faulkner, Joyce… Y es curioso, leí a Dostoievski –lo devoré durante un verano completo– a los diecisiete años.

¿Cuáles son los géneros literarios que desarrolla y en cuál de ellos trasmite mejor sus ideas? ¿Pertenece a una escuela, corriente o tendencia determinada?

Me siento muy cómodo en la novela histórica de ficción. Más aún, en la ficción no inventada. Hacer que los elementos reales puedan parecer de ficción y los elementos de ficción parezcan inequívocamente reales. Novelar sobre esa línea difusa me fascina. Naturalmente, conjugar ficción y realidad requiere la ayuda de la investigación, del trabajo de campo, de la experimentación, esto es, de ingredientes básicos en el trabajo periodístico. La novela es un género abierto, por eso permite emplear todas esas opciones. Es como si al Nuevo Periodismo (el de Capote, Wolf…) se le incorporase la historia y que esa conjunción se enriqueciera con la ficción.

¿Para ser escritor hay que ser buen lector? Aconséjenos 3 libros imprescindibles.

Es imprescindible. Stephen King decía que ser escritor exigía leer ocho horas diarias y escribir otras ocho. Quizá exageraba, sin duda. Pero está claro lo que pretende transmitir. Tres libros: “El extranjero”, de Camus; “La familia de Pascual Duarte”, de Cela; y el Siglo de las Luces, de Carpentier.

¿Qué libros aconsejaría leer para quien desee adentrarse en la buena lectura?

Los tres que he citado antes, y por ese orden.

¿Qué precisa para ponerse a escribir? ¿Cuáles son sus rituales, si tiene alguno? ¿Hay algún secreto que le convierte cada noche en escritor?

Cualquier momento es bueno para empezar a escribir. Siempre estoy preparado para hacerlo en cualquier lugar. No hay rituales. Trabajo, trabajo y trabajo. ¿Inspiración? A veces te fluyen las palabras, las ideas, la paz, la alegría y el gozoso sufrimiento de la creación. Cuando eso ocurre no puedes levantarte y quebrar el sueño… Y cuando, aun en sueños, te viene una idea, hay que aprovechar el momento. Te levantas y escribes. La inspiración es una consecuencia del trabajo… El folio en blanco no existe. El folio en blanco es la pereza, el enemigo del escritor, el diablo… Hay que superar ese estigma. En definitiva, soy bastante caótico en mi trabajo, pero constante, obsesivo. Como el periodista en el que transita permanentemente la actualidad, en mi caso es el mundo, la esperanza en el mundo, el escepticismo en el mundo, la búsqueda de lo que somos, lo que me impulsa a vivir.

 ¿Cuál es su forma de trabajo: usa un mapa o brújula, improvisa o planifica? ¿Se deja llevar por las musas o camina totalmente a ciegas?

Nada de eso, nada… Lo expliqué antes. Eso sí, a veces suelo comprarme grandes carpetas, de esas que utilizan los artistas para dibujar bocetos, y las lleno de notas muy breves, como avisos, ideas en embrión, y cuando tengo una de esas páginas llenas, conecto las palabras con flechas, creo un galimatías ininteligible, un misterio al que solo yo puedo acceder, y escribo… Cuando releo esas “pizarras” elaboradas para otras novelas, ni yo mismo las entiendo. Pero sí, pronto te percatas de que las palabras, las flechas, las conexiones, las ideas, conforman un submundo a descifrar. Una especie de subconsciente vivo.

a veces eligible, un misterio,bras con flechas, creo un galimat istas para dibujar bocetos, y las lleno de notas muy breves, com

 ¿Cuáles son los hitos relevantes que destacaría en su aventura literaria?

Ser finalista del “Premio Azorín” en 2003, y en puertas de ganarlo por un apretado 4-3, tras salir de una grave enfermedad, y ganar el premio al año siguiente, cambió mi vida, tambaleante por el bache de salud. Luego, la aparición de cada uno de mis libros fueron hitos a su manera; hitos para mantener la ilusión, las ganas de luchar. Todos ellos son criaturas nacidas en la misma trinchera. Reconozco que soy un escritor prolífico: diez libros en once años. No lo habría podido conseguir sin creer que una obra es la esperanza de iniciar otra. De hecho, unos días después de aparecer “El Olivo que no ardió en Salónica”, mi novela de más envergadura y que ha requerido por mi parte un mayor esfuerzo y dedicación, empezaba a escribir la sinopsis de la siguiente, y en su desarrollo estoy…

Las editoriales, ¿son el campo de batalla del escritor? Los premios… ¿son males necesarios en la carrera de un escritor?

Las editoriales tienen que sobrevivir, como todas las empresas. Unas mejor que otras. Tienen que salir adelante en un mercado cada vez más compulsivo, mediatizado por las redes sociales, por la competencia… Es una selva. De lo que me quejo es de que, en esa selva, el escritor es el ser más vulnerable y desamparado, quien casi siempre está condenado a morir de inanición o desesperanza. ¿Quién tiende una mano al escritor? Naturalmente que el mundo es así y hay que aceptarlo como es. Está el talento, además: imprescindible. ¡Por supuesto! A veces piensas: “Si Cervantes viviera, ¿alguna editorial se atrevería a publicar Don Quijote?” A James Joyce le costó décadas que alguien le publicara su “Ulises”, probablemente la novela más importante desde Don Quijote. ¡Y de eso hace casi un siglo! Si lo intentara ahora lo tendría más difícil, creo que imposible. Es cierto que ahora hay más lectores que nunca, y eso es positivo, pero se trata de lectores de una clase de literatura mercantilizada por las grandes editoriales, que son las que, al final, terminan imponiendo sus credos empresariales, sus líneas de negocio. Hemos entrado en un círculo vicioso muy peligroso, casi destructivo de la buena literatura: un gran segmento de lectores lee el producto prefabricado por muchas editoriales, lo cual crea un hábito de lectura en la gente que rechaza subconscientemente la literatura de calidad. ¡Porque es incapaz de digerirla! Porque no la entiende. Porque le aburre. Porque le resulta “pesada”… Leer a Proust resultaría pesadísimo. Es lo que decía Ortega a propósito de la rebelión de las masas ante un cuadro de pintura abstracta, o cubista: la rechaza porque no la entiende… Afortunadamente, también es cierto que cada día hay más lectores comprometidos con la literatura de calidad, que se niegan a seguir las pautas del mercado.

Respecto a los premios, hubo un tiempo en que eran imprescindibles para dar a conocer a nuevo autor y catapultarlo… Pero de un tiempo a esta parte, esa premisa ya no se da… Son las editoriales quienes instrumentalizan al autor u obra premiada en beneficio propio… Son los intereses económicos los que mueven el tinglado de los premios.

Díganos brevemente… ¿qué intención le mueve al escribir: es un escritor con vocación de entretener, de divulgar, de formar?; ¿es un escritor de su tiempo o un escritor comprometido con su tiempo?

Soy un escritor comprometido con su tiempo, con mi país, con valores en los que creo. En todos mis libros subyace esa actitud de alerta, crítica y a la vez esperanzada. Mi condición de escéptico en un mundo que se autodestruye me obliga a extremar esa vigilancia. Todo lo que me rodea me conmueve y me preocupa (de nuevo el periodista), pero también me obliga a abrir puertas y ventanas para poder respirar. En los últimos años, escribir se ha convertido para mí en una especie de liberación. Creo que en “El apeadero” está muy claro…  Y con “El Olivo…”, ni te cuento. Me encontré en medio de un bosque, perdido, y tuve que salir  y descubrir a seres enterrados en la memoria de la historia. Fue muy gratificante.

¿Qué le gustaría que olvidaran en el futuro de su actividad literaria? ¿Qué quedará de su obra para la posteridad a pesar suyo?

Mi afán indagatorio me juega malas pasadas. Me precipito. Es posible que peque de impulsivo. Otras veces, guiado por el mismo afán, me pierdo en complejidades. Sin embargo, creo que esas debilidades pueden convertirse, con el paso del tiempo, en aciertos a tener en cuenta. En “Madre Tierra”, por ejemplo, su protagonista llega a afirmar que la Guerra Civil española no empezó en 1936 sino en 1492, lo cual no deja de ser una barbaridad. Cinco años después, ese argumento es el que esgrimo para explicar mejor el sufrimiento sefardí en la novela “El Olivo que no ardió en Salónica”. España, su concepto de nación, entró en crisis hace cinco siglos.

¿Qué palabra o concepto le caracteriza como escritor?: ¿se considera un escritor creativo, original, optimista, fantasioso, soñador, imaginativo, idealista, etcétera?

Creo que a todos los escritores les cuadran esas palabras y tal vez algunas más. El escritor es un ser abierto al mundo. Receptivo a todo. Esos conceptos no pueden entenderse de manera separada. Se interrelacionan. No puedo imaginar un escritor creativo que no sea original. Tampoco a un optimista que sea fantasioso, o soñador… Todo cabe. En cualquier caso, yo me definiría como un escritor pasional… Me apasiona vivir, luchar, sufrir y, sobre todo, amar.

¿Qué libro(s) más irreverente(s) considera que ha leído? ¿Cuáles son las tendencias actuales de la literatura que más interés le despiertan?

No hay libros irreverentes. Un escritor tiene la obligación de leerlo todo. La única irreverencia detestable es el libro fácil y mercantilizado. Por otra parte, hablar de tendencias en la novela es tan viejo como hacerlo sobre la crisis de la novela… Personalmente, creo que no hay tendencias. La novela es, en mi opinión, el único género literario abierto. Todo cabe en ella. Son los tiempos los que condicionan a la novela. Me gusta creer que, en la actualidad, la novela está sometida más que nunca a conceptos que tienen que ver con el periodismo de investigación, la reflexión sobre valores, la indagación, la historia, la transgresión… En “El Olivo que no ardió en Salónica” hay mucho de ello. La novela total, en definitiva.

¿Cómo se definiría a sí mismo? ¿Cuál es su mejor valor en el campo literario? ¿Y en lo humano?

Un escritor apasionado por la vida; que vive, sufre y goza a diario su aventura personal en el mundo; humildemente fascinado por la búsqueda de algo nuevo en lo aparentemente viejo, contradictorio y caótico, indefectiblemente sentimental.









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