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El peronismo y sus deidades dirigenciales


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13/12/2015


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Don Arturo Jauretche esgrimía una frase dedicada a la izquierda: “Las disputas de la izquierda argentina son como los perros de los mataderos: se pelean por las achuras, mientras el abastecedor se lleva la vaca”. Hoy esta frase estaría, acertadamente, dedicada a la dirigencia del peronismo contemporáneo. Siempre hablamos de peronismo, el kirchnerismo fue un acto espasmódico de la carencia, que aún subsiste, y la que ahora voy a describir.


No hay mayor desilusión es darse cuenta que se ha peleado por el 100% de nada, lo que agudiza el desconcierto de la “jauría” y sobreexpone la falta de conducción como resultante de su propia incapacidad y potenciada por las ambiciones particularísimas.

Pronto reaparecerán “nuevos” pretendientes del peronismo. Son los actores de reparto que ahora quieren ser protagonistas. Fueron cómplices ahora quieren ser autores directos de esta masacre de principios que no es casual. Esto es peor que tirar una pared, esto significa socavar los cimientos. Nos sonreirán como ángeles, pero luego actuaran como demonios camuflados para la ocasión.  Ya no representan las ideas fundacionales que forjaron la ascendencia social; igualitaria y solidaria. El crecimiento y el desarrollo. Nada de esto va a ocurrir, mientras se mantenga el statu quo.

Los dirigentes contemporáneos opacan con sus conciliábulos los verdaderos principios, la razón de ser  por la cual el peronismo nació a la vida política. Los principios estructurales siguen vigentes ¿sabe por qué?, simple; las carencias sociales y políticas siguen siendo las mismas. Al peronismo llegó la degradación moral de la mano de los responsables de plasmar en el tiempo los fundamentos por los cuales la historia le hizo un lugar al peronismo por más de setenta años.

La historia no regala; nos compromete con el presente y con la construcción del futuro. Ningún dirigente lee esto; siguen peleándose por las achuras, mientras que sus lacayos hacen blandir sus vanidades revoloteando la “superestructura”. En este desmembramiento de ideas hay mucho politólogo recorriendo medios denostando al peronismo para salvar al peronismo (¿?), raro. Raro porque los adulan – y les produce una gran algarabía- justamente los que no son peronistas, digo, ¿no se habrán pasado al enemigo? Punto.

Terminaron las elecciones, tenemos un nuevo Presidente y todavía –los que no son peronistas- reconocen un peronismo omnipresente; algunos para destruirlo y otros para remozar el “quiosco”. El peronismo sigue ocupando un espacio que supera la ambiciones de los amanuenses; sofistas que deliberan como sostener este gran conglomerado de connivencias y conveniencias y además llamarlo peronismo, no, eso es otra cosa. Hoy estos dirigentes son “deidades paganas” que no responden a la esperanza y la fe de quienes alguna vez depositaron en ellos su confianza. Mientras tanto sus lacayos pergeñan acuerdos espurios para sostener los altares de los “santos inalcanzables”.

Hoy el peronismo padece una gran fragmentación y un desvarío cuasi irremediable, claro, todos –algunos con capacidades diferentes- se creen los “herederos”. ¿Herederos de qué?  Han perdido el contacto con el próximo, nos miran displicentemente y hasta se comportan como perros enjaulados y a los mordiscones por una salchicha.

El poder no es una herramienta de manipulación perversa sino es el medio para lograr el bien común, definición conceptual de la política.

El peronismo se debe una gran restructuración. Ir al hueso. Es la única forma de salir de la vieja opción pendular de inquilinato. Es como que se prestan el poder entre los que salen y los que entran. No hay mejor manera de sustanciar las cosas que el peronismo ha hecho bien que aceptar las cosas que se han hecho mal.

Será muy difícil, rayano con el ilusionismo. Asoman tiempos difíciles y el peronismo necesitará una organización política moderna en su metodología sin olvidar sus cimientos. Quienes tengan la responsabilidad de invertir el sentido negativo que se le han impreso en estos últimos años al partido creado por Juan Perón tendrán que tener un sentido amplio del servir y no ser servidos, de lo contrario el futuro de Argentina es incierto y doloroso; hay momentos de la historia que no se lavan con agua. No podemos ser cómplices de un desmadre que nos lleve a situaciones no deseadas, pero inevitables.

Los dirigentes que hoy se muestran no están a la altura de los próximos desafíos. Perón tenía razón: “… Son como un sofá; no sirven para sentarse ni para acostarse…”.

El mundo espera “nuestra llegada”; para meternos en luchas que no son nuestras y para “afinar” el saqueo. Mientras tanto seguirán “peleándose por las achuras”. Ese será el día que nos tocará elegir entre la esclavitud o el holocausto.

Etiquetas:   Movimientos Sociales   ·   Partidos Políticos   ·   Elecciones Presidenciales   ·   Peronismo   ·   Argentina

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