Los silencios de Zapatero

Ayer se despidió de todos nosotros un hombre desconcertante. Un hombre de silencios contenidos durante doce años en el Parlamento que llegó a la cúspide de la política con el sano y firme propósito de consensuar ideas y proyectos, gracias a su talante, un talante que con el tiempo se fue difuminando, hasta quedarse, sin duda, en su más estricta íntimidad.

 

. Un hombre de silencios contenidos durante doce años en el Parlamento que llegó a la cúspide de la política con el sano y firme propósito de consensuar ideas y proyectos, gracias a su talante, un talante que con el tiempo se fue difuminando, hasta quedarse, sin duda, en su más estricta íntimidad.
 

En un mundo lleno de exigencias haber alardeado de talante, resulta, cuanto menos, paradójico. Si en algún momento quiso pasar a la historia como un hombre de consenso, el ejercicio de la política, por desagradecida, no ha sido y nunca será, su mejor exponente.

 

Nadie pone en duda que le ha tocado dirigir uno de los peores momentos de nuestra historia. Haber accedido al poder justo dos días después del mayor atentado terrorista sufrido en España y en Europa, marcó el inicio de una legislatura llena de confusión. Aún permanece la duda razonable de que hubiese pasado de no haber ocurrido semejante desgracia. Un arranque polémico en su orígen para un Presidente que llevaba años ofrecíendo serenidad, entendimiento y consenso.

 

Su segunda legislatura tampoco fue una excepción. La aparición de hechos trascendentes ajenos a su voluntad le continuaron persiguiendo. En esta ocasión, en agosto de 2007, ocho meses antes de su reelección, se destapó la mayor recesión económica nunca padecida en España. A la crisis financiera internacional se unió nuestra dramática crisis inmobiliaria ocasionando el estancamiento de la actividad económica y el derrumbe en el empleo.

 

Dos mandatos presidenciales marcado por la fatalidad que le han obligado a desistir a una nueva candidatura, primero y a un adelanto de elecciones, despues.

 

Todo un cúmulo de coincidencias adversas para un parlamentario en su día desconocido, que seguramente, cuando tomó la decisión de dar el salto a la carrera por la presidencia jamás se le pasó por la cabeza que tendría que lidiar y enfrentarse a tanto mal designio. Ahora las cosas han llegado a su fin y su futuro parece de nuevo mucho más alentador y más sereno.

 

Volver a los silencios de sus comienzos, aunque esta vez, lejos de la política.

UNETE



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