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Mi amigo murió de pena.


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06/12/2015


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Una clase política autoritaria a quien le resultaba intolerable la existencia de voces libres en el concierto académico de la provincia de Mendoza, se apropió indebidamente y con impunidad de un proyecto universitario exitoso, de total inversión privada realizada por su fundador, el Licenciado en Relaciones Internacionales y Doctorando en Ciencia Política, Oscar Klier. Esta crónica en su defensa póstuma, reclama justicia.


Conocí a Oscar Klier en Buenos Aires el año 1978,  cuando ingresé a cursar el postítulo en Relaciones Internacionales a la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad del Salvador. La Universidad está en el barrio de Once y su impronta jesuítica la convertía en un oasis de tolerancia en plena dictadura militar, después de la muerte de Perón en junio de 1974. Yo había emigrado a la Argentina en mayo de ese año y opté por quedarme a vivir en Buenos Aires con el propósito de juntarme lo más pronto posible con mi compañera y nuestro hijo que estaba por  nacer. Y esto ocurrió precisamente cuando se velaba a Perón y comenzaba el oscuro y sangriento período de Isabel Perón y el brujo López Rega. Mi formación en la Universidad de Chile,  era en Ciencias Políticas y Administrativas, profesión que me permitió una inserción segura en dos importantes compañías internacionales de Buenos Aires. Mi incorporación al postítulo en Relaciones Internacionales me permitió crecer en lo humano y profesional. Oscar Klier tenía unos cincuenta años y en el curso lo conocimos como un innovador empresario de la moda, con una conocida marca muy bien posicionada en el exigente mercado bonaerense. Yo venía también de un ámbito profesional empresarial, reciclado al sector privado en Argentina, y ambos teníamos una gran capacidad de gestionar políticas, mientras otros miembros del curso eran de formación netamente académica. Recuerdo que por esa afinidad integramos equipo con un Diplomático uruguayo, Enrique Rubio,  una ejecutiva de la Industria automotriz, Clara Decourt, un viejo político radical , Enrique Barrionuevo y una abogado boliviana, Sara Ardaya. Era un grupo de estudio y amistad que permitía a los seniors compartir la energía de los que éramos más jóvenes, generándose una visión histórica sólida y una visión de futuro realista. En el curso teníamos también condiscípulos que eran parte del aparato de seguridad del gobierno militar, personajes que integraban el curso y que se dedicaban a labores de inteligencia naval. Sin embargo, más allá de las implícitas medidas de seguridad que todos manteníamos, esos compañeros de aula iban escuchando las ideas democráticas que surgían y quizá si hayan permeado su impronta fanática y represiva.  Remarco el punto para entender el clima que se vivía. El Embajador de Chile en Buenos Aires era Sergio Onofre Jarpa, quien dio alguna vez una conferencia a la que asistimos como actividad de extensión dentro del postítulo.

Mi amistad con Oscar avanzó por carriles propios y siempre nos invitaba a los grandes desfiles de moda que realizaba su empresa allí en la Recoleta. En el sinceramiento al interior de nuestro grupo, fuimos manifestando nuestras visiones y convicciones democráticas de sociedad. El interés por este mundo de las Ciencias Políticas llevó a Oscar a dar un gran golpe de timón en su vida para abocarse a un proyecto académico, pero su esencia empresarial era parte de su ADN, lo que significó que colocara todas sus energías y recursos para crear un proyecto educativo democrático y pluralista, que nace en los noventa como la Universidad de Congreso,  en la ciudad de Mendoza.

Terminamos el postítulo a fines del año 1979. Y quedó pendiente una idea de libro al que habíamos titulado "La Comisión Trilateral, una nueva Plutocracia", del cual intercambiamos índices y notas preliminares. Pero,  la vida está cruzada por muchas circunstancias y las que se vivían en ese momento en Argentina eran de profunda crisis económica, con la caída de muchos grupos empresariales. Ignoro si fue por esa crisis que desapareció la empresa de moda que tenía Oscar, porque yo decidí regresar a Chile con mi familia, dada la crisis que se visualizaba. Antes que el loco Galtieri realizara su aventura de invasión a las islas Malvinas, nos devolvimos a Valparaíso, a empezar de cero y desplegar nuestras energías para una reinserción difícil, pues acá en Chile en dictadura, seguían vigentes las listas negras y yo integraba esos registros. En los 80, por ser una de las vías de reinserción, me Incorporé a la vida académica, escribí libros técnicos sobre Comercio Exterior y me abrí un espacio en el campo autoral técnico. El tráfago de los 80 me hizo perder comunicación con Oscar. Lo volví a encontrar en las lides de la integración micro regional entre Cuyo y la región de Valparaíso al inicio de los noventa. Argentina había recuperado la democracia después de las Malvinas, mientras nosotros,  los chilenos, vivíamos un proceso paralelo. Los dos países que habíamos estado a punto de ir a la guerra en la navidad de 1978, habían firmado el Acuerdo de Paz y Amistad Perpetua en 1985. En ese devenir histórico, trabajando media jornada en la Universidad Católica de Valparaíso, logré desplegar una histórica experiencia de cooperación académica - empresarial entre Valparaíso y Mendoza, que se plasmó en la creación del Consejo Académico de Integración,  del cual fui Secretario Ejecutivo. Universidades de Cuyo y de la V Región de Chile logramos vertebrar un eje directo de cooperación que sorprendió a las cancillerías de ambos países. Las Primeras Jornadas Académico Empresariales se desarrollaron en Viña del Mar el año 1986, con concurrencia masiva de más de 170 académicos, políticos y empresarios argentinos y una presencia similar de contrapartes chilenas. Fue un proceso cívico binacional que buscaba la paz, la integración por la base y la recuperación democrática en Chile. Recuerdo el Encuentro de Paz, Poesía y Democracia que organicé en la UCV con presencia de Luis Triviño, Rector para entonces de la Universidad Nacional de Cuyo, pero que vino en calidad de poeta mendocino a este histórico encuentro. En este derrotero innovador, las federaciones universitarias se sumaron y vinieron emblemáticos encuentros juveniles para conquistar la Paz Perpetua que marcaba el Tratado y una cooperación e integración física eficiente entre dos regiones vecinas y complementarias. En los noventa, pasado el impacto del plebiscito, en el cual el No al dictador abrió puertas a la transición a la democracia, los niveles centrales de la diplomacia volvieron al eje Buenos Aires - Santiago, pero ya se había instalado el impulso de la diplomacia a nivel de sociedad civil,  dinamizadora real de la cooperación y la integración en ejes fronterizos y que fuera respaldada por el propio Felipe Herrera, palabra mayor en el quehacer integracionista latinoamericano. Fue el tiempo preciso en que, desde su propio proyecto, Oscar Klier aterrizaba en Mendoza invirtiendo todos sus recursos en la Fundación Congreso de donde nacería la Universidad de Congreso. En ese período, al inicio de los noventa, mi trabajo se había centrado en la consultoría internacional, en organizaciones regionales como el Centro Interamericano de Comercialización, Cicom-OEA, la ALADI  y el PNUD. Al reencontrarme con Oscar en su nuevo desafío, colaboré con su proyecto, sirviendo de puente para relaciones de cooperación con Universidades del Consejo Académico de Integración. CAI,  principalmente la Uplaced, Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación, donde Tito Larrondo, directivo de la UPLA y Oscar, cultivaron una amistad institucional muy fructífera, de donde surgieron nuevos proyectos académicos que se gestionaron bajo la conducción entusiasta del Rector Oscar Klier.

La Universidad de Congreso, fue un proyecto innovador en lo educativo que remeció a los poderes fácticos de la rancia aristocracia mendocina. Ello puso en la mira de reaccionarios intereses a esta Universidad laica y pluralista que era plataforma para el cruce democrático de ideas, con un ethos aristotélico de la misión universitaria, con el plus de una conducción holística que iba generando alianzas con el ámbito político y empresarial. Nunca escuché a Oscar alguna expresión excluyente o xenofóbica, pese a su condición familiar de judio. La impronta jesuítica, por el contrario, lo había convertido en un hombre ecuménico,  un negociador que había reencauzado su vida en esta obra que quería dejar como un legado.

La vida fluyó en paralelo,  alguna vez di conferencias rápidas en su casa de estudios y el reencuentro real con Oscar fue después que el despojo de su Universidad se había consumado y en su blog Oscar intentaba una denodada defensa, desde una rotunda pobreza, viviendo en un desmejorado departamento repleto de libros,  con un alto árbol en el patio, el que él le había regalado a sus viejos para el solaz de sus últimos años.  A esa casa, repleta de libros de política y relaciones internacionales, tuvo que replegarse Oscar, herido de muerte por un complot urdido en las esferas del poder mendocino, grupos facciosos que articularon la usurpación legal, previo una campaña mediática de desprestigio, con infamias y calumnias. La Universidad de Congreso era una Fundación y por tanto, una organización no gubernamental sin fines de lucro destinada a un fin social. Oscar Klier la había creado y sostenido con todo su patrimonio puesto a full en el proyecto,  hasta que su Universidad es intervenida; mediante un golpe de fuerza interno se le excluye de la Universidad y , luego, sumido en la depresión Oscar Klier trata de defender su obra, pero se imponen la corrupción y las redes subterráneas en las que se sumaron intereses eclesiásticos ultra conservadores y políticos corruptos, para dar un golpe, para consolidar un zarpazo mafioso que gozó de una mascarada de legalidad, pero que fue de una profunda injusticia. Con más de setenta años a cuestas, Oscar quedó solo y no alcanzamos a escribir sobre la plutocracia,  pero quedó reflejado su tenebroso poder en esta historia triste, que alcancé a reflejar en una entrevista que le hice a Oscar, conversando en profundidad ese fin de semana que paré en su departamento,  repleto de libros. Ocasión en que le representé el no haberme ubicado antes, cuando desarrollaba el proyecto que vi nacer y el conflicto que enfrentó con traiciones en su propio equipo directivo. Lamentablemente, la vida nos llevó hacia estaciones diferentes y recién conocí del despojo cuando Oscar me pide apoyo para dar a conocer su drama en las redes sociales.

 No alcanzamos más que a sostener una conversación que transcurrió entre cafés y caminatas por Buenos Aires, su tiempo se había agotado.

http://www.reeditor.com/columna/7534/26/ciudadania/universidad/congreso/historia/un/despojo

 De su historia quise ocuparme hoy para dejar en la memoria de sus hijos y nietos esta crónica de un soñador, un empresario que trató de aprender de política en la cátedra, sin llegar a entender que el poder no actúa con decencia ni transparencia,  sino con la colusión y golpes bajos que tuvo que sufrir en carne propia. Denunciar a los desalmados que se hicieron de la Universidad de Congreso, tratando de borrar vestigios del hombre noble que la fundó. Lo que le hicieron fue de una vileza total. Para la memoria del pueblo de Mendoza, desinformado por manipulaciones mediáticas, esta lectura objetiva de un despojo que debiera la historia reparar para que los usurpadores no queden impunes.



Periodismo.probidad@gmail.com @hnarbona en Twitter 06/12/2015



Etiquetas:   Educación   ·   Universidad   ·   Sociedad Civil

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