Constitución Española: debate electoral.

Como ocurre con la inmensa mayoría de los temas que en estos días se ponen encima de la mesa de los partidos políticos, sobretodo de los nuevos, que aspiran a obtener representación parlamentaria en el próximo hemiciclo que se constituye tras el 20-D, las promesas electorales no faltan, las ansias de cambio tampoco y las reformas de leyes, hasta de la Constitución puede movilizar un gran número de votos entre partidos similares ideológicamente.Ya es bastante el tiempo que ha pasado desde que comenzaran las primeras voces, criticonas más que críticas, defendiendo que era necesaria una reforma de la Constitución, que España había cambiado desde el 78, que no representaba a los españoles, que ... 

 

.Ya es bastante el tiempo que ha pasado desde que comenzaran las primeras voces, criticonas más que críticas, defendiendo que era necesaria una reforma de la Constitución, que España había cambiado desde el 78, que no representaba a los españoles, que ... 
Esto, demostrado y aceptado como cierto por todos los partidos políticos se ha hecho, aunque alguno no lo quiera aceptar. Y se ha hecho muy recientemente, concretamente en 2011, con el objetivo de fijar un techo de gasto para las Administraciones y evitar así las posibles consecuencias nefastas que tendría para la economía española la progresión del endeudamiento provincial, comunitario y estatal. 

Pero el problema está en que cuando se realiza o se pretende realizar una modificación de la ley máxima del Estado Español, cuando pretendemos tratar de cambiar algo que repercute de manera muy clara y directa en cada uno de los españoles y españolas, debemos tener un conocimiento claro de QUÉ QUEREMOS CAMBIAR. 

Y esto, que sin duda generará protestas, es algo que los partidos a favor del cambio en la Constitución, de su Reforma parcial o no tan parcial, no exponen. Simplemente se plantea un proyecto, ambicioso donde los haya, con un propósito únicamente electoralista, con el único objetivo de captar votos de un lado y de otro, de gente descontenta, quemada, que vive una situación más complicada de lo que le gustaría. 

En el día de hoy, queridos españoles, deberíamos estar celebrando, yo al menos lo estoy haciendo, el 37º cumpleaños de esa ley que ampara los derechos y deberes de todos y cada uno de nosotros, de esa máxima autoridad, no física evidentemente, que representa la Constitución para nosotros. Hoy es un día en que debemos recordar, con ojos atentos, ese 1978 en que se aprobaba y sancionaba la entrada en vigor de la Constitución Española. 

Debemos tener en cuenta que algo que lleva 37 años formando parte de nuestras vidas, que está ya integrado en el propio modo de pensar, de concebir y de entender la realidad por parte de los ciudadanos españoles, no debe ser tan malo para que como ignorantes lo hayamos mantenido tanto tiempo.

Hace 37 años España demostró, a través de la figura de Adolfo Suárez, uno de los hombres que sin duda más dedicado ha estado a España, más afecto y preocupación ha mostrado por gobernar con y para todos los españoles, que el consenso era posible, que el cambio podía llegar de la mano, unida y fuerte, de todas las fuerzas políticas y que, en materias de Estado, importantes sin duda para nuestra evolución como sociedad, es necesario el acuerdo político y el acercamiento más allá de ideologías, formas de pensar o propias opiniones personales. 

Evidentemente que la Constitución Española requiere un cambio, claro que es necesario reformar ciertos artículos de la misma que se adapten a la nueva realidad, al igual que se ha hecho con el Código Penal, pero este acuerdo debe ser meditado y consensuado, no se debe producir por una exaltación de políticos, por un puñado de votos más que nos permitan alcanzar otro escaño más en las Cámaras Legislativas españolas. 

Déjenme que les diga Albert Rivera, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez: España es de todos y cada uno de los españoles, son todos y cada uno de los españoles, en los que recae la soberanía nacional, los que deben y tienen la voluntad de modificar la Constitución, de decidir el cambio político en unos aspectos de materia tan elevada y que puede condicionar tanto la marcha de España. Es muy arrogante y rastrero utilizar esto para captar votos, con un fin nada más que electoralista, con un propósito de ambición personal y de desprestigio al partido contrario. 

De cara a estas nuevas elecciones legislativas y generales que se nos acercan, para las que quedan cada vez menos días, debemos prestar mucha atención a la manera en que ejercemos nuestro derecho al voto, a la forma en que entregamos nuestra soberanía a los representantes políticos. Hemos de mostrar cautela y votar unidos por el bien de España, por su unidad, su progreso, su empleo, su mejora económica, su inversión social, su prestigio en Europa y en el mundo, su consolidación interna, política y social. 

Miren a ver si quieren despertarse dentro de cuatro años en una España regida por un tripartito, un pacto de perdedores que conduzca a España al único lugar al que la saben llevar los socialistas, a la ruina y la quiebra, o si prefieren despertarse en una España democrática, constitucional, que progresa, crece y crea empleo y que aumenta su influencia y su prestigio internacional. De preferir esto, les insto, les invito, a que el próximo domingo 20 de diciembre se acerquen a las urnas y voten con orgullo al Partido Popular. Es necesaria su confianza cuatro años más para poder culminar todos los proyectos que están llevando a España hacia el buen camino.

UNETE



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