. Algunos medios de comunicación, oscilan
como péndulos de Foucault desde perspectivas críticas, hasta algunas otras que podrían confundirse fácilmente con un eslogan
corporativo.
Si bien la libertad de prensa
resulta ser un elemento necesario y constitutivo de cualquier sociedad democrática,
las evidencias, cada vez más frecuentes de desmesura, imprecisión y en algunos
casos sesgo dogmático que se pueden apreciar en el escenario nacional , parecen
sugerir la necesidad de evaluar el papel
de los medios de comunicación en nuestro
país, así como la eficacia y efectividad de los mecanismos diseñados para
garantizar los derechos de los
ciudadanos y las instituciones frente los medios .
Las herramientas proporcionadas
por la constitución colombiana[1]
para justificar y dar vida a la libertad
de prensa, contemplan la figura de la Rectificación en Condiciones de Equidad como
un mecanismo que permita garantizar los derechos de las personas e instituciones
frente al alcance e influencia que podrían tener el uso
y trasmisión irregular de la información por parte de los medios.
Más allá de las múltiples
interpretaciones sobre el alcance de la libertad de prensa en el escenario de
las llamadas columnas de opinión, este texto está orientado a poner en evidencia
como la cobertura noticiosa y el reportaje periodístico, particularmente en los
medios escritos, es frecuentemente utilizada para inocular a los lectores
posiciones y perspectivas de la realidad, sin el suficiente rigor que se
requiere para brindar una información clara
e imparcial, que procure a los lectores
las herramientas necesarias para establecer las diferentes versiones que se
articulan alrededor de los escenarios
noticiosos. Pretende además,
brindar una aproximación a las limitaciones
que tienen las personas e instituciones
en su búsqueda de una rectificación por parte de los trasmisores de noticias en
el país.
Para ilustrar el argumento
anterior, me remitiré a un caso de cobertura noticiosa presentada el día 5 de
Noviembre de 2015 en la sección Bogotá
por el periódico El Espectador, en donde se presentó a la opinión publica el artículo
periodístico titulado Marihuana medicinal bogotana, (http://www.elespectador.com/noticias/bogota/marihuana-medicinal-bogotana-articulo-597752)
realizado por la periodista Susana
Noguera Montoya, en el cual se abordan elementos relativos a la conformación e
historia de la empresa Ganja Farm ,
una empresa cannabicultora constituida
legalmente en la ciudad de Bogotá por
“ tres jóvenes llevan un año cultivando cannabis para usos académicos y
curativos“. En uno de los apartes finales del citado artículo periodístico, se
realiza una referencia directa a los Centros de atención medica/móvil a
drogodependientes CAMAD, manifestando que: “Los Centros de Atención Médica a
Drogodependientes (Camad) han sido criticados por la Personería Distrital, así
como por la Contraloría y la Procuraduría. Desde 2012, cuando se implementaron,
fueron catalogados como “legalmente inviables”, en parte porque proponían que el Distrito financiara dosis de
marihuana para los pacientes, cosa que la entonces ministra de Justicia,
Ruth Stella Correa, tildó de ilegal.”
La afirmación emitida por el periódico,
resulta clara y concreta. Plantea que los CAMAD “proponían que el Distrito
financiara dosis de marihuana para los pacientes”.
La réplica a esta pronunciamiento no se hizo esperar , de
tal forma que el Hospital público Centro
Oriente ESE (encargado de administrar el CAMAD de la localidad de Santa Fe) procedió a solicitar una Rectificación en condición de equidad que permitiera clarificar a
la opinión pública la posición del CAMAD
respecto del tema, toda vez que la aseveración presenta una imprecisión evidente ya que estos centros de atención Médica a habitantes
de calle en condición de farmacodependencia, nunca formularon esta propuesta y mucho menos la implementaron.
La respuesta proferida por El
Espectador, pone en evidencia las limitaciones del mecanismo de protección formulado
en el artículo 20 de la constitución; Recurriendo a un argumento carente de
toda lógica argumentativa y con
evidentes elementos retóricos tendientes a causar confusión, El Espectador afirma que : ““…, con la creación de los centros
de atención médica a drogodependientes Camad , vinieron críticas de la personería distrital, así como por la
contraloría y procuraduría, quienes entre otros aspectos catalogaron el
proyecto como “legalmente inviable”, en su criterio, no del espectador, el
distrito financiaría dosis de marihuana
para los pacientes, aspecto que entonces ministra de justicia, Ruth Stella
Correa, tildo de ilegal” ,
El análisis planteado en la
respuesta del El Espectador, evade de manera evidente la responsabilidad que
este medio claramente tiene al emitir una afirmación sin soportes ni sustento
alguno y sin hacer referencia explícita sobre su origen o fuente, desconociendo los planteamientos de ética y
rigor periodístico del código de ética del Círculo de Periodistas de Bogotá que
plantea que :“Es necesario presentar las distintas caras de
la noticia y procurar que, en donde haya más de una interpretación sobre los
hechos, aparezcan todas las que sean relevantes”.[2] Y socavando
de esta manera el carácter
misional de una institución Distrital con amplio reconocimiento internacional,
derivado de su ejemplar función.
Resulta en extremo preocupante
que la posición de un medio como El Espectador respecto de una petición de rectificación
quede representada por un galimatías retorico y conceptual, orientado a no
reconocer su responsabilidad derivada de un manejo poco riguroso de la información
en un reportaje periodístico; poniendo en evidencia de manera clara la asimetría
que existe entre los medios de comunicación y las personas e instituciones que
ven vulnerados sus derechos y mancillada su honra a causa de coberturas noticiosas y reportajes carentes de
rigor y profundidad.
Este caso
particular, al igual que el de muchos otros ciudadanos e instituciones se
repite constantemente en nuestro país y
parece ajustarse más a una dinámica común entre los medios, que a un
caso exótico, marginal o particular,
permitiendo percibir en su verdadera dimensión la posición de dominio y control
que ejercen todas la variantes de periodismo sobre la población Colombiana.
En este escenario
desalentador, las directivas del
Hospital Centro Oriente y los funcionarios, médicos, enfermeras y demás
miembros del equipo asistencial del
CAMAD, continuaran en su reivindicación de derechos, procurando clarificar a la
opinión publica su función y loable trabajo, en una pugna en donde las
asimetrías de poder lo perfilan a asumir el rol de David frente a un adversario
poderoso y soberbio representado por el Goliat de los medios de comunicación.
[1] Constitución
Colombina. Artículo 20. Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y
difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz
e imparcial, y la de fundar medios masivos de comunicación. Estos son libres y
tienen responsabilidad social. Se garantiza el derecho a la rectificación en
condiciones de equidad. No habrá censura.
[2] Código de ética Círculo de
Periodistas de Bogotá. Artículo Primero.e aquí tu artículo