. Ramón Carrillo
Para
escribir esta nota, en la que voy a tratar de referirme a las enfermedades
catastróficas, hube de revisar y buscar en diversas fuentes la definición del
tema. Sin embargo, encontré que son pocos los autores que se han enfocado al
hecho de que existen enfermedades que acaban con el patrimonio, la tranquilidad
y la salud del enfermo pero además, generan la ruina de la familia y ponen en
graves predicamentos a los sistemas de salud.
Encontré
la obra “Respuestas a las enfermedades
catastróficas” coordinada por Federico Tobar, publicada bajo el sello de
CIPPEC y visible en el enlace http://goo.gl/o1X6UI en la que se hace una disección muy exacta de lo
que representan los efectos que hacen que una enfermedad sea llamada catastrófica,
que sirven de soporte a esta nota y que a continuación se describen:
1. Alto costo económico. Citando al Dr. Ke Xu, en la obra de referencia
aparece que una enfermedad se denomina catastrófica cunado el gasto en ella
alcanza o supera el 30% de los ingresos de la familia. Por supuesto, el enfermo
es incapaz de afrontar el costo de su propia enfermedad, precisamente por
encontrarse enfermo, lo que le hace perder capacidad de ganancia y por ende, de
los medios para solventar sus propios gastos.
2. Generan severos daños en la salud
de quienes la padecen. En términos
generales, se trata de enfermedades crónico-degenerativas o infectocontagiosas,
para las que muchas veces no hay tratamiento válido en la actualidad, por lo
que los paliativos existentes solamente ocasionan graves daños a la economía
del enfermo y sin lograr su cura ni la remisión de la enfermedad.
3. Registran bajo impacto en la carga
de enfermedad. Por carga de
enfermedad debe entenderse la importancia de un problema de salud en un área
determinada, combinando mortalidad y morbilidad. Así, resulta que ni los
enfermos de riñón ni los que sufren de corazón o enfermedades como VIH, son un
sector suficiente en la población para que los gobiernos asuman los costos,
quedando por lo tanto a expensas de lo que cada uno por conducto de los sistemas
de salud o de seguros privados, pueda costearse.
4. Su financiación desde el
presupuesto de los hogares resulta insustentable. Se ha dicho que las enfermedades catastróficas son
una inmensa fábrica de pobres, porque familias que gozaban hasta antes de la
enfermedad de alguna pujanza económica, la pierden por completo al tener un
miembro de la familia enfermo, tratar de costear los gastos y al final, ver con
gran tristeza la muerte del familiar y también, la pérdida de los bienes de
familia.
5. Presentan una curva de gastos
diferente. En la mayoría de las
enfermedades, los principales gastos y costos son al principio de la
enfermedad, solo en cuanto aún no existe diagnóstico. Una vez que algún médico
ha atinado en el curso de la enfermedad, se toman las providencias del caso y
baja radicalmente el costo de medicinas, atención y demás. Sin embargo, en las
enfermedades catastróficas, precisamente como el paciente no es logrado
estabilizar, en cuanto a su salud, cada día se busca una nueva alternativa y se
genera un costo adicional, lo que impacta negativamente en el bolsillo de la
familia completa.
6. La mayor parte del gasto se
destina a medicamentos. El mayor
costo de medicamentos se encuentra en que cada vez se utilizan menos productos
de síntesis química y por el contrario, cada día son más de tipo biotecnológico, que hace que sus costos
sean mucho más altos.
7. Su cobertura es definida por vía
judicial. Han crecido,
especialmente en países latinoamericanos, los casos en que la atención se
obtiene como resultado de un juicio seguido, casi siempre, en contra de los
servicios públicos de salud. En México la Suprema Corte ordenó la construcción
de un pabellón especial para atender a los pacientes de enfermedades
infectocontagiosas, separada de los pabellones normales, lo que ha impactado en
las finanzas del Instituto Mexicano del seguro Social.
8. La protección social de la
población frente a las enfermedades catastróficas plantea dilemas de puja
distributiva en la financiación sanitaria. Con esto se hace referencia a que para algunas enfermedades, se ha
llegado al tope de lo que en ellas podría invertirse, a diferencia de otras en
las que aún está en estudio y evolución los tratamientos a ofrecer al paciente.
Por
ejemplo, la artritis reumatoide, se trataba solo con antiinflamatorios, con un
costo aproximado a los 10 dólares mensuales, pero ahora se han incorporado
agentes biológicos, cuyo costo mensual asciende a $3,000 dólares mensuales,
cantidad que se aleja por completo de lo que los servicios de salud pueden
costear por enfermo. Por ello, a pesar de que existe una forma de tener una
mejor calidad de vida para los enfermos de artritis reumatoide, los sistemas de
salud se han concretado a continuar con los tratamientos tradicionales de bajo
costo.
La
suma de todos los factores expuestos, genera un estado de malestar tanto en los
administradores de los sistemas de salud como en la familia de los enfermos,
pues no existe aún la manera de lograr una cura a la enfermedad y en muchos
casos, no habrá. Por ejemplo, los quemados graves, cuyo costo de atención es
altísimo, pueden durar mucho tiempo sin una verdadera remisión de la enfermedad
y terminar con la pérdida de la vida, a pesar del altísimo costo en horas de
atención generado.
Luego
entonces, si ya se ha dicho que el único que puede solventar la seguridad
social es el Estado vía impuestos generales, la propuesta queda en que la única
forma válida de atender a un enfermo de cualquiera de las llamadas enfermedades
catastróficas sea vía la seguridad social oficial. Cualquier otra forma de
pretender lograrlo es una arrogancia que a nada bueno conduce.
Me
gustaría conocer su opinión. Vale
la pena.