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El mundo está cambiando tan rápidamente hoy, que
requiere que aquellos que en cuyas manos están las palancas de las grandes
potencias, actúen con dinamismo, flexibilidad y actualización continua del
conocimiento, que muchos de los líderes de occidente, por ejemplo, como dice el
politólogo norteamericano Bob Legvold, "simplemente no pueden mantener el
ritmo de los tiempos y el gobierno hace demasiado poco y demasiado tarde".
Inclusive hasta hace poco el liderazgo de los Estados Unidos en el mundo,
parecía algo indiscutible y la Casa Blanca consideraba ello como
algo eterno, como afirmaba el Presidente Barack Obama, propio de “una nación
excepcional”.
Muchos analistas políticos incluso determinan algunos puntos de
inflexión que marcan un cambio estratégico en el cuadro general de los
acontecimientos. Para algunos un hito fundamental en el cambio de paradigmas
militares mundiales, se produjo el 7 de octubre, del año en curso, como
consecuencia del lanzamiento de 26 misiles de crucero “Calibre”,
rusos, acontecimiento que cambió de raíz la ecuación política y militar
existente hasta hoy en el mundo. Hasta entonces, Washington estaba confiado de
que Rusia no era capaz de enfrentar con eficacia las acciones militares de los
Estados Unidos, sin el uso de las armas nucleares. Pero resultó que la
flotilla del Mar Negro y la flota del Caspio, son capaces, sin salir de sus aguas, de destruir a cualquier enemigo en el Mediterráneo
oriental, el Golfo Pérsico y las fronteras del Mar Báltico, cubriendo las
fronteras marítimas hacia el noroeste y controlar el Atlántico
Norte. Es decir, que Rusia tiene la capacidad para cubrir su territorio y los
territorios de sus aliados en Eurasia; por lo cual el argumento de Obama de que
Estados Unidos “es un poder único y el más fuerte”, ha perdido credibilidad. Las nuevas tendencias en las relaciones internacionales se manifiestan de
manera más clara y en primer plano en la zona de Oriente Medio y África del
norte. No es de extrañar que en las primeras planas de los medios de
comunicación se informe de los acontecimientos registrados en el teatro sirio,
en las profundidades de las cuales se producen los cambios más dramáticos,
asociados con el proceso de reformateo en las relaciones internacionales. La
intervención norteamericana en los asuntos de los países mesorientales, trajo
como consecuencia enormes problemas para los pueblos de esta región. La
causa inicial fue la invasión armada de Irak en el año 2003. El cambio de poder
en Bagdad con la complicidad directa de los Estados Unidos del traspaso
tradicional de poder de los sunitas a la mayoría chiita, condujo a
la ruptura del equilibrio de fuerzas en el Golfo Arábigo-Pérsico. El traslado
del poder hacia los chiitas en Irak, de manera indirecta
potenció la influencia de Irán en el país, produciendo una
explosión de inconformidad y temores de la minoría sunita y de
dicha comunidad en general en toda la región. El resultado de ello
fue el colapso de las estructuras políticas, económicas, el crecimiento sin
precedentes de las tensiones sociales y los enfrentamientos armados
por motivos étnicos y religiosos en Irak y la zona adyacente. De hecho,
en la región se ha abierto una caja de Pandora, de la cual brota una serie
cualitativamente nueva de conflictos por motivos étnicos y religiosos, que
aparecen como cuando se da vuelta a una cornucopia. En la actualidad en
esta zona como mínimo tienen lugar 12 grandes y pequeños conflictos. La
intervención de los poderes occidentales en el drama iraquí y en los asuntos de
Libia y Siria ha complicado seriamente la situación lo que ha conducido
al fortalecimiento de los extremistas islámicos. La formación del
supuesto “Califato” en el territorio de Siria e Irak es un resultado
directo de la política de los Estados Unidos y las monarquías petroleras del
Golfo Arábigo- Pérsico. El autodenominado “Estado islámico” (EI) o DAESH,
pretende erigirse como un proto-Estado, creando organismos cuasi gubernamentales.
Sus líderes están confiados de que así será, confían en sus
fuerzas, mientras tanto, occidente no lo enfrenta de forma
resuelta. A esta conclusión el DAESH ha llegado, en particular, por el
hecho de que, a pesar de la coalición multinacional encabezada por Estados
Unidos ha realizado 60 mil incursiones, el EI, no solo no ha perdido su
capacidad militar, sino que se ha reforzado, incluso mediante la captura y
adquisición de armamento moderno. Prueba de la tesis anterior, es que más
que amedrentarse el DAESH tiende a expandirse. Sus acciones fueron más
allá de la región contribuyendo con la aparición de nuevos
focos de actividad extremista en África como son los casos de Libia, Malí,
Nigeria y Somalia, como muestra palpable de la ampliación del radio tradicional
de acción del radicalismo antes anclado en Afganistán y Pakistán. El territorio bajo el control del DAESH, que constituye hoy, casi dos
tercios del de Siria y una tercera parte de Irak; se ha convertido en una
incubadora para la preparación y entrenamiento de terroristas de todo tipo, una
especie de centro militar e ideológico del terrorismo internacional. El
escenario del caos, se complementa con las consecuencias prácticas de los
otrora bombardeos lanzados por la OTAN en Libia, que provocaron
su colapso territorial, en poder hoy de bandas terroristas y grupos criminales. Libia se ha convertido en
una base de extremistas, que extienden sus operaciones en el interior de
África, y su crueldad causa estragos en países cercanos. El momento actual, ha
producido una rara convergencia de opiniones por parte de diversos sectores,
sobre lo que constituye la causa inmediata del aumento de la tensión, la
magnitud de los enfrentamientos armados, con su secuela de pérdida de un enorme
número de vidas y destrucción terrible. Según el más importante sociólogo
estadounidense Immanuel Wallerstein, “la responsabilidad de la escalada actual
en los asuntos internacionales, especialmente en el Medio Oriente, la tienen
totalmente los actuales líderes occidentales, que no fueron capaces de prever
las consecuencias de sus acciones.” Y agrega que los Estados Unidos ya no
constituyen el poder hegemónico en el Medio Oriente, e incluso tampoco son el
jugador más poderoso en esta región del globo, cuya fragmentación aumenta. La
incapacidad de reconocer ese último hecho, es un riesgo que corre todo la
humanidad”. Parece inverosímil, pero hasta los medios de comunicación de las
obedientes monarquías del Golfo Arábigo-Pérsico, han osado arreciar sus
críticas a Washington. “El Presidente Obama nunca ha parecido tan débil”,
escribió, por ejemplo en Arabia Saudita el Arab News, reconociendo que “la
estúpida política de Washington ha puesto a sus aliados en la región en una
posición muy incómoda. “Los líderes europeos, al seguir sin reparos la línea
norteamericana, en esencia, han creado una seria crisis de refugiados y han
conseguido en última instancia, como ha reconocido la Canciller alemana Ángela
Merkel, “una pesada prueba de proporciones históricas”. “Europa, dijo,
como nunca antes, siente que la guerra, los conflictos y la falta de
perspectivas de la gente en otras partes del mundo, en el contexto de la
globalización, ha llegado hasta su propia casa”. En Bruselas el debate produce
trifulcas sobre las cuotas, el tamaño de los lugares donde se dará cobijo, los fondos para establecer los campamentos y otras cuestiones
inmediatas relacionadas con el reasentamiento de los refugiados, que
siguen llegando por oleadas al viejo mundo. Esto sucede en un
contexto de creciente fortalecimiento de las tendencias centrífugas en la
Unión Europea. Destacan así, el deseo manifiesto de la élite inglesa de
replantear a su favor, los cimientos de la Unión Europea, los escarceos de Escocia por separarse de Gran Bretaña; la intención de
los catalanes de declarar su independencia de España, el incremento del
sentimiento separatista en el norte de Italia, entre otros. Al mismo tiempo,
una preocupación evidente entre los europeos es la polarización de sus
sociedades, ante la creciente influencia de la extrema derecha, cobijada
en partidos nacionalistas, la cual día a día, rentabiliza el riesgo de la
islamización de Europa. En fin, pareciera que lo reseñado es un presagio de la
puesta de sol de la civilización europea. En Europa, es difícil
reconocer, pero existe el temor inquietante de que entre los refugiados se infiltren agentes del DAESH, con el objeto de crear células latentes, que les permitan implementar sus planes terroristas. Especialmente
preocupante, es el hecho de que los líderes del EI no esconden sus intenciones para llegar a obtener y utilizar la bomba nuclear “sucia” y armas químicas. El telón de fondo de todo ello es la creciente irritación que se está
produciendo entre la población, como consecuencia del accionar de los líderes europeos quienes por solidaridad euroatlántica, han sido in
extremis, permisivos. Tal postura, mantiene ahora a las
capitales europeas envueltas en el atolladero de la crisis de los
refugiados, sumado a la agobiante e
insosteniblemente costosa prolongación de la crisis ucraniana. En estas
circunstancias, entre la opinión pública en la Unión Europea, crecen las
demandas frente a los gobiernos, respecto a la necesidad de revisar los
parámetros básicos de las líneas políticas externas,
particularmente con respecto a Moscú. Los europeos no esconden su miedo al
peligro del terrorismo internacional y comprenden que esta amenaza, ahora
global, solo puede ser contrarrestada, en colaboración con la Federación de
Rusia.
Por: Euclides E. Tapia:
Profesor Titular de Relaciones Internacionales de la Universidad de
Panamá