. La normalidad abandona la primera plana de nuestras vidas para dar
paso al desasosiego, a la duda, a la incertidumbre frente al qué vendrá...
Ha
pasado una semana desde que el pasado viernes 13 de noviembre los yihadistas
perpetraran el fatal atentado en la ciudad francesa de París, acto que
ha conmovido a todo el mundo. La población de nuestro continente, al
igual que aquella que habita más allá de nuestras fronteras, ha demostrado su
punto de vista, su opinión más o menos cercana al pueblo francés, pero que
en su mayoría condena los hechos violentos que azotaron París. Estos
acontecimientos, causados por la actuación del grupo DAESH, que no logra
convencer al mundo con la razón de su actuación, alertan a los distintos
colectivos de la necesidad imperante de luchar contra el terrorismo.
Todos
los países han aumentado hasta niveles muy altos su alerta antiterrorista, la
policía toma las calles, vigila los movimientos de cientos de personas, realiza
exhaustivos controles de seguridad en acontecimientos que agrupan a un gran
número de personas, y todo ello mientras se trata de aparentar
normalidad.
Esto
es algo que no debe ser así. No debemos confundir la normalidad con el miedo,
el temor con nuestra cotidianidad diaria. Si bien no debemos transmitir a los
terroristas una sensación de miedo, de desazón, de congoja, debemos
extremar las precauciones, evitar cualquier tipo de acto sospechoso y eliminar
amenazas de cualquier tipo posible.
Países
que se creen a la cabeza del mundo, y que ciertamente hay materias en las
que lideran el ránking mundial, como Alemania y EE.UU, huyen despavoridos del
terror ante la menor amenaza que se les presenta.
El
líder estadounidense Barack Obama, es el Presidente más cobarde que ha tenido
EE.UU desde su fundación, comparto esta definición con muchas cadenas
televisivas y medios de comunicación. Mientras defiende la lucha contra el
terrorismo y muestra su apoyo a Francia, no desea mandar efectivos a Siria para
acabar de raíz con el problema yihadista.
Más
cercano a nosotros tenemos a Merkel, la canciller alemana. Pese a su defensa,
su apoyo incondicional y su postura colaboradora con Francia, no responde a los
ataques que perpetran grupos terroristas en diferentes partes del
mundo.
¡NO!
¡Esta no es forma de gestionar el comienzo de la 3ª Guerra Mundial! Por mucho
que no queramos asumirlo, nos acercamos peligrosamente hacia el bucle
de inicio de una guerra, aceptada por muchos de los
países desarrollados de nuestro mundo.
Debemos
responder con contundencia ante unos ataques que no tienen otro objetivo que
acabar con nuestros principios democráticos, con nuestra libertad, nuestra
seguridad y nuestra forma de vida. El ataque a Francia fue solo el comienzo, un
signo de rebelión contra el más claro ejemplo de libertad en occidente, la cuna
de la Revolución. Una cuna que ahora se ve azotada por este tipo de actos,
que cada día encuentra entre sus ciudadanos a terroristas infiltrados...
Un país que se sume en la desazón y que lucha por seguir adelante.
La
única forma posible para derrotar definitivamente al DAESH es acabar con
todos y cada uno de los yihadistas, perseguir a los terroristas hasta que se
vean reducidos a la mínima expresión. No estamos atacando su libertad, estamos
vengando la inexistencia de la nuestra, su intento de arrebatarnos aquello
por lo que hemos luchado tanto y tan duro todos estos años.
Es
duro asumirlo, pero debemos enfrentarnos a la cruda realidad. Nada se consigue
dialogando con quien no quiere dialogar, nada se consigue pactando
con quien no quiere pactar. La única solución: la que están
desarrollando Francia y Rusia, y a la que espero se sumen todas las
potencias mundiales; el ataque y la lucha armada contra las bases militares del
yihadismo, el bloqueo de su financiación, la vigilancia de
sus adeptos y la erradicación de los miembros de los grupos armados
terroristas.
DAESH
no es ETA, DAESH es más que ETA, más potente, más armado, más peligroso,
más radicalizado, más global y con una peculiaridad mucho más
problemática, la mezcla que existe con el fenómeno religioso, o mejor dicho, el
intento que tienen los yihadistas de mezclar las palabras de Alá con sus
pretensiones, la utilización del Corán como pretexto para las atrocidades que
cometen y que son,a todas luces y bajo cualquier rasero, inaceptables
e injustificables.
Tratemos
de vivir con normalidad, pero atentos a la situación tan excepcional que
vivimos en nuestros días.