Aprendiendo a manejar en Caracas - Parte III: El punto C

 

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@Joaquin_PereiraDesde que inicié a escribir estas historias a lo periodismo gonzo he recibido varios mensajes de aliento sobre mi deseo de aprender a manejar, cosa que se convierte casi en una aventura a lo Misión Imposible en una Caracas con tráfico perenne y pródiga en huecos y desorden. Una de mis alumnas del Taller de Escritura Creativa online desde Panamá me dijo en broma que disfruta verme pasando por todas estas situaciones porque es parecido a lo que siente con las pautas de redacción que les asigno a mis talleristas: cosas del karma, todos estamos aprendiendo.

Otro desde Caracas me anima asegurando que pronto estaré haciendo Drifting por las calles de El Hatillo, el pueblo donde nací y donde habitan mis sueños. Para los que no saben qué es el Drifting les explico que es una afición por el derrape en cuatro ruedas, peligroso pero excitante.

Un colega periodista por su parte hasta ofreció darme clases él: que cómo es eso que yo esté botando los reales por allí si él me puede enseñar y ganarse así unos cobres o churupos (léase: money).

Algunos lectores han compartido conmigo sus anécdotas sobre cómo aprendieron a manejar: me dio risa como uno de ellos me dijo que cuando su padre le enseño a su hermana sólo gritaba continuamente cinco palabras: “¡no sueltes así el croche!”.

Así fue como este domingo acepté la invitación de un amigo para dar una vuelta con su carro por una zona residencial del Este de la ciudad, plácida y sin estrés. La idea de llegar a mi próxima clase de manejo con algo más de práctica me recuerda cuando asistía a una clase en la universidad con la teoría leída y digerida y pa´ñapa con los ejercicios resueltos: ¿cool, no?

Y fue cuando descubrí el Punto C: algo similar al Punto G de los humanos pero en este caso del carro. Y la cosa se complica porque entendí que cada carro tiene su propio Punto C, que hay que encontrarlo si se quiere que la cosa ande.

El Punto C es el que se consigue levantando poco a poco el croche logrando que el vehículo vibre de tal forma que suavemente puedas empezar a acelerar continuando poco a poco con la liberación del croche.

Es como excitar a una persona, cada quien tiene ese punto particular que lo estimula y lo invita a “echar pa´lante”. No importa que bien lo hacías con aquel carro con el que te iniciaste, cuando te montas en otro carro eres de nuevo un aprendiz que debe ser cuidadoso si desea llevar al carro a su particular “orgasmo”.

Les confieso que usando el auto de mi amigo al principio se me apagó varias veces el motor, pero como siempre les digo a mis talleristas: la forma más rápida de aprender es dejar a un lado el miedo a equivocarse.

Luego de varios intentos logré atinar con el Punto C y disfruté de una práctica extra antes de mi próxima clase oficial. Ya les contaré en la próxima si mis prácticas amatorias con el croche rindieron fruto.

UNETE



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