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Reseña "La herbolera" de Toti Martínez de Lezea


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13/11/2015


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Título: La herbolera.


Autor: Toti Martínez de Lezea

Editorial: Embolsillo

Edición de 2006

ISBN: 9788415140115

N de páginas: 480

Temática: Novela histórica

Tan dura como la realidad que la acoge. Toti Martínez de Lezea se explaya con un tema que maneja con gusto y perfección: la persecución de las mujeres en el País Vasco, a las que la Inquisición prefirió llamar brujas porque representaban una sabiduría popular y ancestral temida por el cristianismo que no son de gusto y/o no entienden.

El símbolo y protagonista de esta persecución es Catalina de Goiena. Una joven apegada a su familia: todo un matriarcado asentado en el valle de Atxondo, Vizcaya, en el que se esconde un grito que a la vez se lanza a voces. Y es que Catalina ha heredado de generaciones anteriores un poder natural que permite saber quién está a las puertas de la muerte.

En el pueblo las miran de reojo. El recelo existe pero el cinismo también. Son rechazadas pero todos acuden a su hogar buscando pócimas y ungüentos con los que poner fin a sus dolencias.

La abuela –bellísimo personaje– llevará a su nieta Catalina a Durango donde aprenderá de la mano de un físico (los médicos de entonces) a convertirse en partera, puesto que lógicamente las mujeres tienen prohibido cualquier tipo de formación.

Y es en esta población, donde como otras muchas féminas sufrirá la cruzada de las manos visibles e invisibles del poder. Toti Martínez de Lezea nos lleva de viaje hasta el siglo XVI, donde los tribunales de la Inquisición acabarán quemando, asesinando y torturando a todo aquel acusado por dedos anónimos. Aunque en la pequeña villa de Tabira, en Durango, todos se conocen.

Las gentes humildes, con un fuerte arraigo a sus costumbres del pasado, son acosadas por sus reuniones donde los ojos acusadores ven akelarres a diestro y siniestro. El temor de los poderosos provoca el del pueblo llano, que ojiplático, se ve arrastrado por las cadenas de una Inquisición que les respira de cerca en la nuca.

Martínez de Lezea nos describe a su Catalina ingenua, que tarda en ver el peligro que acecha a las herboleras y parteras. Ella es parte del colectivo en el que ven su pesadilla: no sólo son estas mujeres, son los hombres que contradicen la creencia que manda, aplasta y destruye llamándolas brujas.

La herbolera es la historia de Catalina, una de ellas, aunque en realidad es un marco histórico ejemplar, instructivo, didáctico sobre una etapa llena de tabúes que derivaron en muertes injustas y despreciables.

Por contra, la autora nos deleita con la descripción de las vidas de las almas humildes, gente preocupada por un plato caliente en casa, y sobre todo con el despliegue de sus letras para describirnos un paisaje idílico, lleno de naturaleza y magia, que rodea el entorno familiar de la protagonista. A quien apasiona esta temática, sucumbe al encanto de los paisajes, las flores, hierbas y colores, los misterios de las cuevas, como la de la diosa Mari en la que confían y con la que se sienten protegidas. He caído de cabeza en las redes de Toti Martínez de Lezea con sus escenarios naturales dignos de leyenda, con esas mujeres-madre, llenas de amor y orgullo por quienes han parido y criado.

Pese a este matriarcado multiplicado a la enésima potencia, reconozco que el personaje de Ixile, el hombre que vive con ellas, que acentúa el misterio con su silencio, me encandila. Si se sumergen en esta hermosa historia, comprenderán por qué. Ixile tiene mucho que decir pese a ese mutismo del que le gusta rodearse. Es un secundario enigmático, por mucho que prefiera pasar desapercibido.

Pero es prácticamente la excepción dentro de los ejemplares de sexo masculino que andan por las páginas de La Herbolera. “Los hombres de Catalina”, los que la acompañan en su paseo por la vida la examinan, vigilan, observan, incluso la aman, pero son pocos los sentimientos puros que alojan en cuerpos y sobre todo, sus oscuros corazones. El mal para ellos tiene forma de mujer. Son ese demonio contra el que se confabulan, más cuando alguno de esos representantes del género masculino, esconden un sucio deseo hacia Catalina.

Toti Martínez de Lezea no necesita de grandes adornos en su escritura. Recrea con sencillez la atmósfera sofocante de la persecución que entra en las casas, pasea por las calles y por supuesto, llena de lodo y odio los escondites donde todos –hombres y mujeres– acaban confesando porque en este mundo lleno de sospechas, la inocencia es imposible de demostrar.

No era la primera novela de esta autora caída en mis manos. Sabía de su buen hacer, no sólo de su calidad sino de su cantidad. La herbolera es un ejemplo más que corrobora y sirve de apoyo a los argumentos de quienes llaman a Toti Martínez de Lezea, una dama de la novela histórica.

Sin duda. Un placer. Una lectura recomendable al cien por cien.





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