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Entrevista a la escritora Toti Martínez de Lezea


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06/11/2015


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Toti Martínez de Lezea, nació en Vitoria en 1949. Lleva diecisiete años dedicada al mundo de la literatura, que ha aprovechado al máximo con la publicación de cuarenta y seis obras. Sobre todo, novelas en las que desfila la historia y en especial, el mundo de la mitología vasca pero también, la Edad Media por distintos puntos de Europa. Ha dado voz a muchas mujeres y colectivos perseguidos y olvidados.


Antes de entregarse por completo a las letras, compaginó la traducción técnica con el teatro y la televisión, aunque es una mujer tan polifacética que saca tiempo para dar hasta setenta conferencias.  Entre los huecos que le quedan, ha escrito guiones para ballet y para una orquesta de txistularis. Actualmente está inmersa en la elaboración de una guía turística mitológica del País Vasco.

Toti es su mote, que ha convertido en nombre artístico, aunque se llama Esperanza, como las que tiene puestas en “Enda”, la segunda parte de una novela histórico-épico-fantástica.

Entrevista concedida a ELD:

–¿Fue un reto empezar a escribir y publicar? Antes de adentrarse en el mundo literario, fue traductora, hizo programas de televisión sobre la naturaleza y teatro.

Lo fue, lo fue… Con casi 50 años de edad, hice una apuesta con un amigo a que era capaz de escribir una novela, y la escribí. Seguí con las traducciones hasta que publiqué mi tercera novela y entonces decidí que no podía dedicarme a las dos cosas a la vez, así que opté por escribir. Y no me he arrepentido. Publicar tampoco me costó demasiado, me rechazaron varias editoriales hasta que una de aquí, del País Vasco, la aceptó. Desde entonces he publicado todo lo que he escrito.

–En una entrevista suya decía que pensaba que los autores que le gustaban eran “seres especiales, llenos de magia”. ¿Qué piensa ahora?

Lo mismo. Me aburren los autores que van de transcendentales, los que se miran el ombligo, los que creen que están por encima de los demás escritores… También me aburren las novelas de crímenes con inspectoras de policía de la talla 38, las de solo sexo, los libros de auto-ayuda, y las autobiografías en general… Cuando cojo un libro, quiere vivir otras vidas, otros mundos, soñar.

–¿Qué diferencias o similitudes encuentra entre los escritores y otros campos humanísticos?

Pues depende. Un buen autor/a debe saber también algo de filosofía, historia, arte, religiones, música, leyes y literatura naturalmente. Se nota si sabe o no porque en algún momento tendrá que hacer una descripción social del entorno en el que sus personajes se mueven, de su situación anímica, de sus gustos… Hay novelas completamente planas en las que prima el diálogo y parece que los personajes viven en otro mundo.

–Tiene una extensísima obra a sus espaldas. Mirando hacia atrás, ¿qué ha cambiado a la hora de sentarse a escribir?

No mucho. Tengo una idea, y me pongo a ello, siempre lo he hecho. Quizás he mejorado desde el punto de vista estilo, gramática, expresión.

–Gran parte de esa obra centra su temática en el medievo europeo y de manera especial en la historia y las tradiciones del País Vasco. ¿Por qué?

Porque es lo que me gusta, y lo que mejor domino. A veces me acusan de ser demasiado localista… Hubo una editora argentina que dijo que le gustaba cómo escribía, pero que mis novelas eran “demasiado españolas”. En fin, supongo que a esa señora las novelas de Tolstoï le parecerán demasiado rusas, y las de Victor Hugo demasiado francesas. ¡Y se llama editora! Un autor/a, en mi opinión, debe escribir sobre lo que conoce, lo que le es próximo, lo que ama, o incluso odia. He vivido  años en Inglaterra y en Francia, y no por eso voy a escribir una historia de esos países. Ya tienen quien lo haga. Otra cosa es que decida que uno o más de uno de mis personajes viajen a otros lugares…

–Hay muchas mujeres en su abanico de protagonistas. Perseguidas y/o olvidadas…

Bueno, en realidad la mayor parte de mis protagonistas son masculinos, pero es cierto que los caracteres femeninos me salen muy bien. Lógico, soy mujer y conozco los sentimientos femeninos, amar, parir, sufrir. Por otra parte, me gusta reivindicar a los “perdedores”, es decir a aquellos de quienes la Historia se ha olvidado: campesinos, artesanos, judíos, herejes, mujeres…

–En su amplio currículum encontramos novelas, pero también mucha leyenda, cuentos. Su nieta tiene que sentirse muy satisfecha porque –aunque ya no es una niña– algunos de esos cuentos y sus historias fueron escritas para ella ¿no?

¡Espero que sí, que se sienta satisfecha! Solo tenemos una nieta. Con siete años, sus padres se fueron a trabajar a China, y allí siguen. La eché mucho en falta y escribí para ella el primer cuento “Nur y el gnomo irlandés”. Ahora ya hay 11 títulos, aunque ella ha crecido. En los cuentos aparecemos toda la familia, sus amigos, los lugares que ha conocido. Podrá recordarnos a través de esos libros cuando ella sea abuela y nosotros ya no estemos.

–¿Lee o devora libros?

Las dos cosas. Leo lo que me interesa y devoro lo que me interesa menos. De todos modos, leo muchísimo, pero ahora soy más selectiva y no pierdo el tiempo en textos que no me atrapan, algo que antes no hacía; leía cualquier cosa que cayera en mis manos fuera bueno o malo, según mi apreciación por supuesto. Los gustos son algo muy particular de cada lector/a, y no a todos nos tiene que gustar lo mismo.

–¿Nos haría un pequeño listado de aquellos que le hicieron vibrar?

Pues son unos cuantos… Los que ahora llamaríamos “clásicos” y que sigo releyendo con placer: Los Miserables de Victor Hugo, La reina Margot de Dumas, Guerra y Paz de Tolstoï, la serie de Claudio de Graves, Alejandro de Mary Renault, etc. Como ves, ¡me va lo histórico!

–¿Precisa de algún ritual, un contexto u horarios determinados para ponerse a escribir?

No especialmente. Soy también ama de casa y hay mucho movimiento por aquí. Así que también me ocupo de “mis labores”, como se decía antes. Normalmente escribo por las tardes, paro para cenar, y vuelvo. Me divierte mucho cuando leo o escucho a un autor decir que necesita aislarse, encerrarse en un monasterio o en una casa de campo o donde sea, para escribir. Yo sería incapaz; necesito mi entorno tal y como es. Lo que sí suelo hacer es trabajar con música. Cada novela tiene un sonido y no deja de sonar hasta que la acabo. ¡Luego no lo vuelvo a escuchar en meses!

–¿Normalmente planifica o se deja llevar?

Me dejo llevar. Una vez pensé que debía ser más “científica” a la hora de escribir e hice un guión. Me acordé de él cuando iba en la mitad de la novela, y no coincidía en casi nada, así que ya no lo he vuelto a hacer. Me resulta mucho más divertido y apasionante descubrir lo que va ocurriendo con los personajes, ser al mismo tiempo escritora y lectora.

–¿Encontraría una definición para su escritura?

La verdad es que no. Escribo lo que se me ocurre, en el momento en que se me ocurre. Suele decirse que un autor/a escribe lo que quiere leer, y es cierto, al menos en mi caso. Así que paso sin problemas de un tema a otro completamente diferente. Pienso que un escritor/a debe poder escribir cualquier cosa. Otro asunto es lo que le apetezca o no.

–¿Escribir es para usted una profesión, un oficio, un hobby o varias cosas juntas?

Es un oficio, en el sentido de que se va aprendiendo a medida que se escribe. Me gusta, por supuesto, disfruto escribiendo y creando mis propios mundos, pero no le dedicaría entre seis y ocho horas diarias, a veces más, solo por gusto. Soy una mujer práctica y no estoy por perder el tiempo. Aunque pensara que soy lo más de lo más, ¡íbamos apañados si soy yo la única que se lo cree!

–He leído que le provoca una sonrisa que definan a Toti Martínez de Lezea como “una gran dama de la novela histórica”.

No me gustan los títulos de ninguna clase. Supongo que es porque no soy tan grande, ni falta que hace. El mundo literario es un nido de egos por un lado y de intereses económicos por otro. En estos años he aprendido mucho acerca de él, y no me gusta lo que veo. El autor se ha convertido en una mercancía, en un producto al que se ensalza si vende gracias al marketing que hay detrás más que a su verdadera valía, y a quien se deja caer si no cumple con las expectativas económicas que se esperan de él o de ella.

–El desánimo cae muchas veces sobre quien no consigue que una editorial se interese por sus textos. ¿Hay que insistir o es mejor optar por la autopublicación?

Entiendo que la autopublicación es una salida, pero… El mundo editorial es una empresa y como tal tiene a su alcance los medios necesarios para que los libros lleguen a los lectores, pero detrás están editores, correctores, traductores, maquetistas, diseñadores, distribuidores y libreros. Conozco a varios autores que se han autopublicado, y la verdad es que no les ha ido muy bien. Además de tener que invertir dinero, y a veces ser engañados por desaprensivos que prometen mucho y no dan nada, tienen que ir luego por las librerías e intentar convencer a los libreros para que coloquen su ejemplar en lugar visible, lo cual, tal y como está el tema de las librerías, es difícil.  Por otra parte, las editoriales buscan nuevos talentos, sobre todo las pequeñas, porque las grandes tienen copados a los escritores con éxito y se comen el mercado. Yo recomendaría insistir, y buscar editoriales pequeñas, sus editores son entusiastas y todavía creen en la Literatura, no son meros empleados de un negocio que lo mismo podrían vender cualquier otro producto.

–¿Le interesan las páginas y blogs literarios, ahora que las redes sociales abren las puertas a muchos amantes de las letras?

Sí, por supuesto, y suelo leer algunos, aunque me he dado cuenta de que muchos solo hablan de novelas exitosas, las que aparecen en las listas de más vendidas que, por otra parte, son un camelo. No hay más que fijarse en que ninguna lista coincide porque detrás están los intereses de las grandes editoriales y aparecen unos u otros títulos según a quién pertenezca el medio en cuestión. Me gustan los blogs que hacen Literatura, no los que se limitan a reseñar lo ya reseñado.

–¿Cree que hay intrusismo en el mundo de las letras?

No especialmente. Cada uno escribe lo que quiere, y cada cual lee lo que le apetece. Cierto que últimamente hemos visto que se publican libros de todo tipo de personas, artistas, futbolistas, políticos y gentes que salen en la televisión. Pero nadie está obligado a leerlos si no se quiere. De todos modos, eso de que “si te leen a ti, no me leen a mí” no cuela, sobre todo porque quienes leen el libro de una señora que se dedica a contar su asuntos de cama no suelen ser verdaderos lectores.

–Pida un deseo, para el futuro de la literatura. En general.

¿Un deseo? No sé… Quizás que la Literatura deje de ser la hermana pobre de las artes y, dentro de la Literatura, que las escritoras dejen de ser ignoradas por sus homólogos y por quienes manejan los hilos de la cultura escrita.









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