. La cercanía de las elecciones generales
–que para el caso, bien podrían haberse puesto ya en Fin de Año- ha hecho que
todos los partidos políticos dejen a un lado sus responsabilidades ciudadanas
para dedicarse casi exclusivamente al márquetin y al maquillaje electoral. El
Partido Popular, después de la debacle sufrida en las elecciones catalanas, se
ha dado cuenta de que no sabe venderse, de que no sabe llegar al público y
mostrar sus virtudes, y por eso ha comenzado a rejuvenecerse y a popularizarse,
con el fin de ser más cercano, más tierno, más dulcificado. Como gran apoyo
para revalidar el título de ganador de las elecciones, el PP sale con los
buenos datos de empleo que –vistos simplemente como números- certifican que las
medidas adoptadas por el gobierno han sido acertadas. Evidentemente, lo que no
dicen los números es el coste; la precariedad, el desequilibrio social, la
bajada de sueldos, la pobreza.
A la caza del
Partido Popular –que es quien defiende el título-, se encuentra el Partido
Socialista Obrero Español; un PSOE también rejuvenecido, con un Pedro Sánchez conciliador, bonachón, templado,
sin llegar a la candidez de Zapatero,
pero igual de insulso e inconsistente en muchas de sus apariciones. Como gran
baza para hacerse con el poder, el PSOE cuenta con sus bases, que son muy
fuertes, y que hacen que –a pesar de la horrible legislatura anterior- el PSOE
aún se mantenga a flote y con buenos resultados. Como problemas en contra; su
falta de posicionamiento en el tema de Cataluña y la crisis que no supo ver y
que casi nos ahogó.
Tras el PSOE, a
priori, aparecería Podemos, un partido joven, casi infantil, con un aire tan
renovador como caduco, que vive de un lenguaje populista que cala con facilidad
en la gente. A pesar de su juventud y su fuerza verbal, hasta el momento
Podemos tampoco ha demostrado hacer las cosas de un modo diferente en los
lugares donde gobierna, a excepción de cambiar nombres de calles y plazas. Si
quiere ser más creíble, necesita sacarse algo más de la chistera.
En cuarta
posición se encontraría Ciudadanos; un partido que a priori parece coherente,
con las ideas claras y que ha irrumpido en el panorama político sin grandes estridencias
ni alardes extremistas. Esas son, sin duda, sus mejores armas.
En quinto lugar,
estaría Izquierda Unida, un partido tan válido como mal valorado, que parece
que nunca ha sabido transmitir a los ciudadanos sus ideas, que sin embargo sí
funcionan como reclamo en otros partidos. Su nuevo líder, Alberto Garzón, tiene la enorme responsabilidad de encauzar su
rumbo y hacerse más visible e importante.
Noviembre está ya
a las puertas y los partidos se han echado a la calle en busca del triunfo.
Desde ahora hasta diciembre, aparecerán los guiños, los niños en brazos, los
besos a ancianas, los jóvenes sentados tras los grandes líderes. Aparecerá,
como no, Franco, y las banderas republicanas. Y volverán de nuevo los insultos,
las descalificaciones, el lenguaje sucio, la insensatez, la falta de calidad en
el mensaje, la verdulería; el Sálvame Deluxe, en definitiva, de la gran
política española.www.tonigarciaarias.com Si te ha gustado SÍGUEME EN FACEBOOKSi te ha gustado SÍGUEME EN TWITTER