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Aprendiendo a manejar en Caracas - Parte II: Bailando con el croche


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28/07/2011

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@Joaquin_Pereira

Hoy retomé mis clases de baile con el croche gracias a que conseguí inscribirme en una nueva escuela de manejo que esta vez sí pinta bien: el costo de las clases incluye que te busquen en tu casa, ¿no es lo máximo?

Y es que una buena forma de enfrentar a ese coco de los carros manuales - o como mi instructor dice mal llamados sincrónicos-, es comparar la utilización del croche como si fuera una pareja de baile.

A ver, para los que están como yo hasta hace unos días, el croche es uno de los tres pedales de tu carro, el primero y que será el que presiones con el pie izquierdo, los otros son el freno y acelerador y los presionarás con el pie derecho. Aunque sí tu carro es automático no tendrás mucho lio porque sólo tendrás dos pedales y te puedes olvidar del coco del croche.

Pero como yo me propuse ser más macho que camionero fanático del programa A que te ríes que transmite Venevisión los domingos - duro y sin muchas neuronas- le he entrado desde un principio a manejar un carro manual – mal llamado sincrónico- y sí, me sale bailar con el croche.

Pones palanca de velocidades en primera con el croche pisado hasta el fondo y también el freno para que no se te mueva el carro. Vas levantando poco a poco el croche hasta que sientas que el carro comienza a vibrar señal de que puedes soltar el freno y comenzar a acelerar. Mientras vas avanzando vas soltando el croche suavemente – la palabra clave es suave.

Y nada, que la teoría es muy sencilla pero que en la prácticas vas y sacas muy rápido el pie izquierdo y se te apaga el carro o aprietas muy fuerte el acelerador y el carro arranca como caballo salvaje, de golpe. Y allí te das cuenta que tratar al croche es como bailar, hay que cuidar de no pisarle el pie a tu pareja, guiarla con suavidad y no empezar con un agarre brusco.

“No te preocupes si se te apaga que para eso estamos, lo practicaremos las veces que haga falta”, es lo que dice el nuevo instructor, con lo que queda confirmada la buena escogencia de la nueva escuela de manejo.

Y allí estaba yo pensando que estaba en el Maní es así, bailando salsa con el carro, y el instructor que no deja de hablar y dar más y más instrucciones incluido una explicación gráfica – con sus dos manos- de la función que hace el mocho croche en el carro aparte de complicarte la vida.

Su mano izquierda sería la caja de velocidades y la derecha el motor. Cuando presionas el croche separas las dos manos - es decir la cada del motor-, con lo que puedes cambiar las velocidades.

Y es que la cosa se complica, porque cuando ya te sientes Meteoro porque el carro no se te apagó, el motor empieza a “pedirte” que le des una velocidad mayor. Y vuelves a equivocarte, como cuando quieres hacer ese giro sexy y tu pareja termina bailando con el de al lado: “que debes meter segunda, no cuarta”, dice el instructor, “y como pasó eso si yo moví la palanca hacia segunda”, dices tú, “que no sólo debes bajar la palanca sino que debes hacerlo jalándola hacia ti porque si no te equivocas y metes cuarta”, dice el instructor.

Pero no hay que preocuparse si se baila con la pareja, que te hace un giño y vuelves a intentarlo hasta que voilà te sale el nuevo pasito. Y es que para eso pagas un instructor para que se aguante tus pelones hasta que la cosa te salga fluida y sin tropiezos.

Lo que sí hay que cuidar es de no pisarle el pie a otros bailarines – léase conductores – que si notan que estás medio distraído te pitarán y lanzarán varias groserías. No te preocupes pues a la larga le haces un bien al distraerlos del deporte nacional de hablar mal del fantoche presidente para por un minuto desahogarse con el aprendiz de manejo que se le atravesó. Ya te tocará a ti hacer lo mismo cuando manejes bien y veas esos carritos con un triangulo rojo que alertan de un torpe al volante.

Y bueno, ésta fue mi primera clase de manejo en la nueva autoescuela. Haber tomado el control del volante al frente de la escuela donde cursé mis estudios primarios fue una señal de buen augurio. Los invito a seguirme la semana entrante cuando me han prometido que podremos llegar a “bailar” en la autopista… ¡Yahooooo!



Etiquetas:   Comunicación   ·   Periodismo

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