. Realidad
más patente en los niveles de Educación Media Superior y Superior. Sea lo que
fuere, hoy día los esquemas de trabajo han cambiado sensiblemente de lo que
hasta hace unos quince años aún se vivía según los “viejos tiempos”.
Hay
un chiste en el cual el hijo de un funcionario público de muy alto nivel decide
ya no estudiar la licenciatura. El padre –cosa rara en esa especie de personas-
a la vieja usanza decide entonces meterlo a trabajar porque no permitirá un
holgazán en su casa. Le comisiona a uno de sus ayudantes a que le encuentre un
trabajo, misión que empieza a desempeñar. Y le propone al padre que hay desde
asesor de la presidencia de la república hasta la de colaborador de senadores,
diputados, presidentes municipales, etc., con ingresos de por lo menos sesenta
mil pesos mensuales. Obvio, es un hijo de un político de alcurnia y merece un
trabajo decente y bien remunerado. El padre no acepta ninguno y le dice a su
comisionado que le busque un trabajo por el cual su vástago sepa lo que cuesta
ganarse la vida y que el ingreso oscile entre cinco y diez mil pesos. Entonces
su ayudante le dice: -¡Ah, entonces para eso requiere tener una licenciatura,
maestría, doctorado, especializaciones, certificaciones y por lo menos otro
idioma! Fin del chiste.
¿Ajeno
a la realidad? A principios de este siglo, en medio de una entrevista, Regis
Debray señaló que las universidades estaban en crisis. Que aparte de que lo
jóvenes –hablaba de los estudiantes de La Sorbona- no querían leer y mucho
menos a los clásicos, el profesional actual estaba mejor preparado que aquel de
las décadas inmediatas anteriores, pero que ganaba mucho menos y las exigencias
de conseguir y mantener un empleo eran cada vez más complejas y mucho más
aristocráticas.
Si
nos ubicamos en el contexto, era la Europa en el proceso de conformación de la
UE y la conclusión de Maastricht, así como el reacomodo de los bloques
económicos que dominaron la escena al concluir la guerra fría. El panorama de
exigibilidad de formación de cuadros profesionales debía ahora reformularse y
con ello un cuestionamiento a los currículos de las universidades,
especialmente de la que en cada país, área o región eran y siguen siendo los
referentes obligados dentro de todo un sistema educativo universitario.
Y
comienzan los procesos de evaluación de programas y con ello también de los
perfiles de los egresados y en medio del fuego cruzado de reformulación de
tales extremos se encontraba la reformulación del quehacer docente. Así, los
esquemas de contratación, permanencia, promoción y re-tabulación dejaron los
viejos parámetros, muchos de ellos de corte administrativo y laboral- para
insertar la lógica de profesionalización y de construcción de competencias
(Perrenoud) propias para el académico.
Ya
señalamos en otro momento acerca de este paradigma y los otros enfoques
adjuntos o complementarios a ello. Ahora es cuestión de reflexionar acerca de
qué es lo que se exige del docente, cómo lo podría adquirir, qué instancias de
actuación deben integrarse para el logro de ciertos objetivos y metas definidos,
etc.
El
excelente estudio de Preciado, Gómez y Kral “Ser y quehacer docente en la
última década” del 2008, nos introduce a lo cotidiano del quehacer educativo
–por medio de los resultados de su investigación cualitativa- donde se aprecia
y valora el sentir del docente que durante la primera década de este siglo, se fue
enfrentando a este proceso. Vinculado a ese texto, rescatamos lo que Elizalde y
Reyes exponen en su artículo “Elementos clave para la evaluación del desempeño
de los docentes”, también del 2008, consideran lo que es deseable de un
docente: “El docente deseado es caracterizado como un sujeto polivalente,
profesional competente, agente de cambio, practicante reflexivo, profesor
investigador, intelectual crítico e intelectual transformador”.
Es
bien cierto que las diversas funciones que hoy, en pleno proceso de
globalización según los parámetros neoliberales, se le exigen al docente
trascienden enormemente a lo que antaño se podría esperar, es incongruente que
no tuviera una serie de apoyos y contextos favorables para ello. Y no basta con
llamados a la autoconciencia y esfuerzo individual, sino un ejercicio de
corresponsabilidad de las instituciones y del Estado para un logro integral y
no continuar con la típica existencia de procesos contradictorios y desiguales.
Por ello, en las siguientes líneas indicamos, en forma enunciativa y no
limitativa, aspectos que debería tomarse en cuenta para lo que hemos expresado:
a)
El docente universitario requiere descargas
equilibradas de hora frente a grupo y de investigación, preeminentes a las de
carácter administrativo.
b)
Consolidación de áreas de oportunidad en el
ejercicio docente o áulico y de investigación.
c)
Consolidación de procesos de intercambio y de
residencias académicas en otros centros educativos, dentro y fuera del país.
d)
Capacitación permanente y constante para el
uso y el empleo de las TIC, aplicables en la docencia y en la investigación.
e)
Constitución de gestiones de apoyo al trabajo
administrativo y de investigación por medio de prestadores de servicio social,
así como de ayudantías y adjuntías.
f)
Apoyo del equipamiento tecnológico para el
desarrollo de actividades de trabajo áulico y de investigación, según las
exigencias del perfil del nuevo docente universitario.
g)
Mecanismos que garanticen su permanencia y su
promoción tanto profesional como laboral.
h)
Participar en forma sistemática y continua en
los procesos de evaluación de programas, de los mecanismos de gestión y de su
desempeño académico.
i)
Promover sistemas de gestión institucional
para garantizar derechos de autor por sus creaciones y obras.
j)
Mejoramiento de los procedimientos para la
promoción, concurso, otorgamiento y renovación de becas para estudios de
postgrado, para investigación y de movilidad.
k)
Apoyo psicopedagógico para su labor ante
grupo y de promoción en la gestión institucional.
l)
Apoyo psicológico que sea necesario y
concurrente a las exigencias de su desempeño laboral y profesional.
m) Apoyo
especial al trabajo y de formación para las docentes, particularmente si son
madres, con independencia de su estado civil o vinculación familiar.
n)
Mejorar los ingresos económicos y evitar el
aumento del pago por medio de honorarios y que no sea afectado en sus derechos
de seguridad social.
o)
Apoyo en la gestión y en la promoción de
estudios de lenguas extranjeras, sin menoscabo de derechos laborales o de otras
prestaciones según las leyes laborales aplicables.
p)
Consolidación y no detrimento de los derechos
constituidos para aquellos docentes regidos por Contrato Colectivo de Trabajo.
q)
Como política legislativa obligatoria
adjudicar un amplio presupuesto a la formación del docente, a la investigación
y al desarrollo tecnológico y científico, al nivel promedio de los miembros de
la OCDE.
Si
mucho se le ha de pedir al docente, mucho se le debe proporcionar y gestionar
para su debido cumplimiento. Es sólo la aplicación de un principio de
corresponsabilidad. En la formación de los nuevos profesionales es
imprescindible, entonces, también condiciones favorables que faciliten la labor
del docente, para bien del educando así como de los procesos de fortalecimiento
institucional.