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El reporte arroja interesantes indicadores y permite
identificar aquellos elementos que restan competitividad a la economía, mismos
que se convierten en un desincentivo a la inversión y al crecimiento. El tema
de fondo es que se nos acaba el tiempo para aprovechar un bono demográfico que
hasta hoy está siendo dilapidado por cuestiones políticas.El reporte destaca
que la región de América Latina y el Caribe debe desarrollar una mayor
fortaleza interna contra las crisis económicas externas y desarrollar la
infraestructura, competencias e innovaciones (ámbitos en los que registra
resultados relativamente negativos), los cuales son elementos fundamentales y
que es necesario fortalecer. Chile (en el puesto 35) sigue siendo el país más
competitivo de la región. México (57) y Colombia (61) han subido cuatro y cinco
puestos, respectivamente.
Sin
embargo, en lo que concierne a nuestro país, específicamente hay cuatro apuntes
fundamentales que debemos destacar y que el gobierno debe tomar en cuenta:
i)
En la calidad de las instituciones estamos en el lugar 109. Nuevamente,
corrupción, conflictos de interés, desvío de recursos públicos, ineficiencia
del poder judicial en su papel como garante del cumplimiento de los contratos,
costos derivados de la delincuencia, etcétera, destacan como los principales
elementos que le restan competitividad a la economía mexicana. No tener un
arreglo institucional eficiente, con reglas claras, con transparencia y
rendición de cuentas, tiene un enorme costo al inhibir el crecimiento
económico.
ii)
En la eficiencia del mercado laboral estamos en el lugar 114. Tenemos una
legislación laboral que encarece la contratación de mano de obra en el sector
formal de la economía porque los costos de despido y contratación son
notoriamente elevados. Si a esto le agregamos un sistema de seguridad social
que actúa como un impuesto al empleo formal y un subsidio al empleo informal,
nos permite explicar en parte el que casi 60% de la PEA esté laborando en la
informalidad y que una enorme cantidad de unidades económicas opere
informalmente con pequeñas unidades de producción con tecnología obsoleta, sin
poder alcanzar economías a escala y una muy baja productividad, lo que se
constituye como un lastre al crecimiento.
iii)
En eficiencia del mercado de bienes nos colocan en el lugar 82. Persistencia de
prácticas monopólicas, insuficiencia y mala calidad de la infraestructura, así
como altos costos de transacción y significativas barreras regulatorias de
entrada y salida de los mercados (en el renglón de costos regulatorios estamos
en lugar 123), son una fuente de corrupción que, lógicamente, inhibe la
inversión y el crecimiento.
iv)
En la calidad del sistema educativo nos situamos en el lugar 117. Una población
que recibe una educación de mala calidad será muy poco productiva cuando
ingrese al mercado laboral y se convierte además en una barrera a la
modernización tecnológica, principal fuente de aumento en la productividad
factorial total y de crecimiento económico. Destaca en particular la muy baja
calificación en matemáticas y ciencias, lo que nos coloca en este renglón en el
lugar 126. Hay que recordar que apenas se inició la “implementación” de la
reforma laboral del sector educativo y sus resultados se verán en el largo
plazo; falta, sin embargo, que ésta sea acompañada de una reforma educativa de
fondo, con una profunda revisión de los planes de estudio y de métodos de
enseñanza, así como un mayor gasto de inversión en el sector. Construimos un
sistema educativo que nunca puso énfasis en la calidad sino en el
corporativismo y el sentimiento nacionalista, y ahí están los pésimos
resultados.
Los
anteriores indicadores permiten explicar en gran medida la muy baja tasa de
inversión extranjera en nuestro país (apenas un poco más de 2% del PIB), a
pesar de ser el vecino de la mayor economía del mundo y con la cual tenemos un
tratado de libre comercio. Nuestro país debería ser uno de los principales
destinos de inversión, pero las condiciones actuales aún no lo permiten.
Por
otro lado, esa dependencia/tutelaje directos de la economía norteamericana que
hemos permitido por décadas, han hecho que a largo plazo no desarrollemos otros
mercados (Asia, Europa, Sudamérica, África), que nuestra economía interna se
halle estancada, y que, mercados como el de los energéticos, agricultura y el
de las drogas, siempre operen en completa desventaja frente a nuestros vecinos
por la legislación a modo para sus consumidores en detrimento de nuestros
productores locales.
En
fin, nos urge crecer a tasas muy superiores y para lograrlo hay que atacar
todos aquellos elementos que lo impiden. El tema es que se nos acaba el tiempo
para aprovechar un bono demográfico que hasta hoy está siendo dilapidado por
cuestiones políticas.@leon_alvarez