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Un maravilloso silencio


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23/09/2015

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-¿Le gustan a usted las flores? -le pregunta Leoncia


-¿Cómo estudiar botánica sin ellas?

Miguel de Unamuno, Amor y pedagogía





-Nada más lejos de mi imaginación -le dije a mi amigo apenas comenzamos a caminar por el solitario y viejo camino que utilizábamos para no entumecernos- que poner cortapisas a una conversación, o censurar un tema u otro; pero comprenderás que estoy más que saturado, más que cansado de algunas noticias, de algunas situaciones y de muchos, muchísimos personajes de la mísera vida política de este país nuestro.

-No hace mucho -me respondió mi amigo- una compañera del instituto trataba de persuadirme de que la forma más fácil de ser feliz es no viendo la televisión, ni oyendo la radio, ni leyendo los periódicos.

-Lo malo de esa postura es que, entonces, no te enteras de nada, aunque pensándolo bien, siempre es uno y lo mismo.

-No, no siempre es uno y lo mismo. Yo creo que nuestros dirigentes políticos, o quienes aspiran a ello, se van superando día a día. Para mal, por supuesto; pero hay avances. Puede ser interesante ver hasta dónde son capaces de llegar.

-Dime una cosa -pregunté como si mi amigo lo supiera todo- ¿ha sido así toda la vida? ¿Siempre que ha habido elecciones los candidatos se han dedicado a decir tonterías, a insultarse los unos a los otros y a no decir nada que valga la pena?

-No te sé responder; pero no me extrañaría que fuera de ese modo. Al fin y al cabo el hombre siempre es igual a sí mismo. Y, por otra parte, ¿qué vas a decir en una plaza de toros abarrotada de gente? ¡Simplezas! Ante la multitud no se pueden decir más que simplezas. Hay que arrojar sal gruesa.

-No tendría porqué ser así.

-Decía don Benito Pérez Galdós que una obra de teatro tiene que tener en cuenta al patio de butacas: si se representa una obra muy elevada, gran parte del público no la va a entender; si se baja mucho la calidad, otra parte se va a aburrir, así que el arte del dramaturgo consiste en un vuelo a media altura...

-En aquello que le recomendaba Dédalo a su hijo Ícaro cuando salen del laberinto: no vueles muy bajo, pues la humedad del mar afectará a la cera que une tus alas a tu cuerpo; ni asciendas mucho, pues el sol derretirá esa cera. La aurea mediocritas.

-Sí, exactamente. Aunque hay que reconocer que hacen falta personas que se salgan del camino trillado y se atrevan a ir un poco más allá.

-Por supuesto. En caso contrario la humanidad no avanzaría. Aunque no sé si avanzamos o retrocedemos.

-Yo creo que sí que lo hacemos, lo de avanzar. Verás. Cuando el otro día mi compañera del instituto me dijo que para ser feliz tenía que dejar de estar al tanto de la realidad cotidiana, no tuve ganas de contestarle. Pero hacer eso, como comprenderás, es un error. Es hacer lo que dicen que hace la avestruz: enterrar la cabeza, ponerse una venda en los ojos.

-Sí, yo pienso lo mismo que tú...

-Pero lo que no hay que hacer, aunque sea un tanto difícil, es dejarse llevar por el medio. Hay que ser capaz de estar por encima de él, de evitar que te arrastre.

-Pero es que resulta decepcionante oír hablar a los políticos, tan pobres de ideas, tan machacones...

-¿Y qué esperabas? ¿Qué es lo que se propone un político? Creo que esta es la primera pregunta que debemos responder. Dime, ¿qué crees que se propone un político?

-Evidentemente su objetivo es hacerse con el poder.

-¿Y para qué quiere el poder? ¿Para llevar a la práctica la idea que tiene él de una sociedad más justa, más feliz, más equitativa, y más lo que quieras?

-Visto lo visto, dudo que lo hagan por eso. Si fuera así, un político podría reconocer, debería reconocer que, tal vez, el otro político tiene mejores ideas que él; y, en consecuencia, debería renunciar, dejar el paso libre... ¿Has visto a alguien que lo haga?

-Pides imposibles.

-Claro. Porque has contestado mal a mi pregunta: nadie se propone la creación de una sociedad más justa. O lo pueden hacer, pero añadiendo que conmigo, y no sin mí; y yo soy quien dice lo que es justo y lo que no lo es. Y a partir de aquí, de ese necio absolutismo, comienzan las connivencias. Y comenzadas estas, ya te puedes imaginar cuán fácil es olvidar aquellas ideas originarias de justicia y equidad. Y olvidado esto, qué más cómo hablen o dejen de hacerlo.

-Sí, en eso tienes razón. Quizás lo más honesto sería estar callados.

-A veces para callarse hace falta tanta inteligencia o más que para hablar. Pero, claro, ellos están obligados a hablar, a gritar, a intentar atraer a las masas... La dictadura de la democracia, como quería Sócrates.

-Total, para no conseguir nada...

-Hombre, yo tampoco diría eso. Quizás nos equivoquemos y vayamos dando tumbos; pero hay avances, muchos de ellos muy significativos.

-Como pedir la independencia.

-¿Y por qué no? ¿Qué problema hay?

-No lo sé. No lo tengo claro... Cuando era joven más de una vez lamenté que los franceses, en el siglo XIX, hubieran sido derrotados en España. Tal vez me equivocaba entonces; pero entre los guerrilleros y el Rey Botellas, me quedaba con este. Máxime cuando leí todo cuanto pensaba hacer con los millares de curas y conventos que había en el reino, y que no era matarlos precisamente.

-No justifico las guerras, ni muchísimo menos. Pero qué bien viene, de vez en cuando, una tormenta, un chaparrón.

-O que alguien pida la independencia.

-Esa es una vieja aspiración. No es nuevo de ahora. Mira, lo que voy a decirte a mucha gente le suena a chino, y hasta se escandalizarán y todo; pero yo conozco bastante bien la literatura catalana, y tengo un buen diccionario de latín escrito en gallego. Ambas lenguas, como el castellano, o español, son tan mías como lo pueden ser de Rosalía de Castro o de Josep Pla. Lo mismo que el latín, entendámonos.

-No sé qué decirte.

-Pues que muchas veces somos nosotros quienes nos empeñarnos en levantar barreras. Veámoslo al contrario. ¿Por qué alguien de fuera de Cataluña considera el catalán como una lengua que no le pertenece, que no es suya? ¿Acaso porque Cataluña no es España?

-Quizás por pereza...

-Y por indolencia, y porque es más fácil negar que tratar de comprender o de conocer. ¿Qué problema tiene un castellano en leerse a Rosalía de Castro en gallego?

-Muchos porque no se lee nada.

-Sí, ese es otro tema del que hablaremos más hacia delante; pero que en absoluto está desligado de lo que estamos discutiendo.

-No, no lo está, ni el sistema educativo tampoco.

-Por supuesto. Pero no es de eso de lo que yo quería hablarte. Mira, el otro día, viendo la entrevista de un periodista al presidente del gobierno...

-Deplorable.

-Bueno, uno de los tantos mecánicos que no sabe lo que es una bujía. Él también tiene todo el derecho del mundo a desconocer la Constitución, la definición de nacionalidad y todo lo demás. No es una excepción en el país.

-Por desgracia.

-Por desgracia, pero así es. Pues bien, a raíz de la entrevista, consulté todos los diccionarios que tengo en casa para llegar a tener una idea clara y nítida sobre la definición de nación.

-Comunidad de lengua, intereses...

-Sí; todos los diccionarios coinciden en eso, hasta el de Covarrubias. Pero hace muchos años en uno de los tantos viajes que hice a Cataluña me compré allí un diccionario de catalán. Y este, al término nación, le añade lo siguiente: “i una voluntat d'organització i de participació en un projecte polític que pretén arribar a l'autogovern i a la independència política”. Y que yo sepa nadie ha dicho nada sobre dicha definición. El diccionario se editó, sino recuerdo mal, en 1995.

-Demasiados prejuicios en torno a la lengua.

-Sí. Y me llevo el agua a mi molino: ha sido una verdadera necedad, por parte de los distintos gobiernos del país, ir alejando el latín, el griego y las humanidades de la educación. Y a esto hemos llegado.

-No sé qué decirte.

-Medítalo. La soledad y el maravilloso silencio de este camino invitan a ello. Y mira las flores qué hermosas son.



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