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Con la
implementación de la nueva Reforma educativa, el docente ha tenido que ser
sometido a diversos replanteamientos sobre su práctica profesional y personal. Parte
fundamental de este replanteamiento, es
la importancia de buenos docentes, responsables y aplicados a su labor bajo las
condiciones que la sociedad demanda.
Señala
UNESCO (2005) “pensar en los docentes como profesionales de la educación, que
requieren capacidades y competencias para trabajar en escenarios diferentes y
cambiantes, con generaciones que tienen estilos y códigos de comunicación y
aprendizaje que ponen en exigencias distintas al trabajo del profesorado"(p.15).
Al
respecto y aun sabiendo que la calidad educativa no sólo depende de la
capacitación académica, es importante contar con estrategias de detección de
necesidades de formación y actualización docente, que permitan dar respuesta
oportuna y precisa al académico y sus funciones laborales, ya que el docente es
un vínculo muy importante en el logro del aprendizaje del alumno, refiere Vasco en Vásquez de la Hoz (s.f.),”
la calidad y las formas de interacción con el saber y en torno a él se ven
afectadas por la calidad de la relación entre el maestro y sus estudiantes” (p,
2).
En
otras palabras, el profesor además de
actuar como guía y facilitador para que el alumno construya, organice y
reorganice sus conocimientos,
tiene que contar con habilidades de comunicación y empatía, formar seres capaces de adaptarse a su
entorno, de reconocer su responsabilidad frente al proceso de aprendizaje, realizar
acciones conjuntas, antes, durante y al final, del proceso de enseñanza-aprendizaje.
UNESCO (2005). Condiciones de trabajo y salud docente.
Estudios de caso en Argentina, Chile, Ecuador, México, Perú y Uruguay. ISBN:
956-8302-42-5
Vásquez de la Hoz, F.J. (s.f.). La inteligencia emocional y el quehacer docente. Recuperado de: link