. Todas las
televisiones nacionales e internacionales recogieron en portada esa horrible escena,
y las redes sociales comenzaron a difundir la imagen de una manera vertiginosa.
Muchos artistas dibujaron hermosas viñetas sobre la tragedia y otros,
escribieron bellos poemas sobre el asunto. Golpeados por esta imagen, en Europa
se produjo de repente una enorme oleada de solidaridad, y así, infinidad de
personas y pueblos enteros mostraron su apoyo ofreciendo acogida y habitaciones
a los miles de refugiados desesperados y hambrientos que llegaban a Hungría
escapando de la guerra en Siria con la esperanza de alcanzar el falso paraíso que
ahora es Alemania.
No voy a negar que tanta solidaridad junta
me conmovió en su momento, pero la conmoción me ha durado más bien poco. Es
cierto que ver a un niño muerto en la orilla de la playa no es una escena
agradable de ver, pero que sea visible no significa que sea la única. Cualquiera
que quiera sentirse solidario puede acceder a través de Internet a millones de
imágenes y vídeos muchísimo más terribles. La realidad del día a día es que
decenas de niños como Aylan mueren a cada minuto en los conflictos armados que
hay actualmente en el mundo -Irak, Siria, Yemen, Afganistán, Pakistán, La
República Centroafricana, Sudán del Sur, Mali, Somalia, República Democrática
del Congo o Nigeria-. De igual manera, miles de Aylanes mueren cada día de
hambre, con el estómago hinchado como una pelota y la cabeza tan raquítica que
parece que los ojos se les van a salir de las cuencas. Igualmente, miles de
Aylanes son usados a diario por los ejércitos para cometer las atrocidades más inimaginables.
Sin embargo, por lo general, no nos acercamos a la red para ver sus caras, por
eso, cuando una televisión nos muestra el rostro de uno de esos niños, de
repente se nos despierta la solidaridad. Y es que para poner un poco las cosas
en su sitio, debemos recordar que la guerra en Siria lleva 4 años y 11.000
Aylanes muertos, así que la solidaridad la llevamos ya un poco atrasada.
En la actualidad, en el mundo hay 59
millones de desplazados por conflictos bélicos, cerca de 300 millones de personas
que quieren huir del hambre en sus países para entrar en Europa o en EE.UU de
manera ilegal y cerca de 1.200 millones de personas que viven en la pobreza
extrema. Teniendo en cuenta esas cifras, es evidente que es imposible acoger a
todos. Y también es evidente que la acogida no es la solución. Es lo más
cómodo, pero no es la solución. Las personas que vienen a Europa no vienen por
la belleza de nuestros paisajes; vienen huyendo de guerras tribales, guerras
religiosas o del hambre. La solución no está en que las personas de los países en
conflicto se desplacen miles de kilómetros para poder escarbar en un cubo de
basura alemán, sino que en su país puedan tener una vida en paz y con futuro. Y
para ello, solo se puede tomar una medida. Sin embargo, en esta sociedad de
manos limpias donde gobiernan los gestos, en esta sociedad de seres solidarios a
través del “Me Gusta” de Facebook, en esta sociedad de seres cobardes,
preferimos cerrar los ojos ante la verdad. Así, muchos hablarán de lo hermoso
de las acogidas, cuando la verdad es que a Aylan no había que salvarlo en
Alemania, sino que había que haberlo protegido en Siria. Lo demás, inútil
demagogia y palabrería.ME GUSTA EN FACEBOOKSÍGUEME EN TWITTERCONOCE MIS PUBLICACIONES