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Este proceso (inédito e inconcluso todavía) entre sindicatos y
gobierno es el fenómeno que estamos transitando y no solamente con el sindicato
disidente de maestros, sino con toda la estructura corporativa sindical que
antaño era un “brazo armado” del presidente y del partido en el poder.
Lo
que sucede es que ahora mismo los intereses de los maestros están siendo
trastocados por la reforma educativa.
Cuando
me refiero al modelo corporativista, lo hago pensando en el sistema sindical
emanado de los gobiernos de la revolución, al papel que jugaron todos los
sindicatos: SNTE, PEMEX, IMSS, ISSSTE, CTM y un gran etcétera, para legitimar-preservar
el poder del PRI y del poderoso presidente de la República. Este “equilibrio”,
desde que llegó la alternancia (y aún antes) se rompió: porque los recursos ya
no alcanzaron para cubrir las necesidades de los sindicalizados (las conquistas
laborales) y tampoco para las de sus líderes; y porque a largo plazo, un
acuerdo de esas características, para un país que no crece y un gobierno que
además es ineficaz política y económicamente, resulta inviable.
El
dilema del gobierno es por dónde empezar a quitarles la ubre presupuestal y los
privilegios. Cómo y con quién aplicar la Ley. Finalmente, los sindicatos (por
lo menos sus líderes) son una suerte de privilegiados asalariados que por “designios”
del gobierno tienen un nivel de ingreso y prestaciones por encima de cualquier
otro ciudadano de a pie.
Felipe
Calderón lo intentó sin mucho éxito con Luz y Fuerza del Centro (LyFC) y con la
Reforma Agraria; Enrique Peña Nieto con el SNTE (dada la revancha política del
PRI con Elba Esther) y todavía no ha podido con la CETEG y la Coordinadora
(CNTE) y los maestros que son disidentes.
Claro
que son muchas conquistas laborales las que están en juego y en peligro de
perderse por parte de los maestros. Por citar un par de ejemplos: heredar las
plazas laborales a sus familiares o contar con una plaza laboral por decreto…
Pero
la reforma educativa no es simplemente un asunto de sumas y restas. En medio
está (no solo lo creo yo) lo más importante: elevar la calidad y el nivel
educativo de nuestro país. En ninguna parte de las marchas, manifestaciones y
posicionamientos gubernamentales esta con claridad este objetivo; todo es,
lamentablemente, un asunto político.
Desde
mi perspectiva, la reforma educativa, la única reforma estructural que cuenta
con un aval popular y casi unánime desde diferentes esferas (económico,
político, social, empresarial) puede caerse por el manejo errático y poco
transparente del gobierno federal a partir de que anunció su cancelación antes
de las elecciones del 7 de junio. El gobierno federal, por un lado, cierra las
llaves presupuestales de los fondos educativos (apunta en dirección correcta);
pero no abre la caja de pandora para evidenciar a los liderazgos corruptos, es
selectivo y avienta los problemas a las entidades federativas. Es
irresponsable. El gobierno federal tiene las herramientas jurídicas,
constitucionales y de seguridad pública para hacerlo, pero el trabajo sucio lo
deja a las entidades federativas; evidentemente, no es fácil para los
gobernadores lidiar con un sindicato que va a defenderse con uñas y dientes.
Ahí están entidades como Oaxaca, Guerrero y Michoacán, por citar a los más
beligerantes.
Por
otra parte, la movilidad magisterial se revitalizó a últimas fechas por el
acercamiento de los maestros disidentes con Andrés Manuel López Obrador (AMLO)
que, dicho sea de paso, ha emergido por tercera ocasión como el único personaje
político capaz de arrebatarle el poder al PRI, gracias a los constantes errores
del presidente y su círculo más cercano de colaboradores. La indiferencia, la
corrupción y los constantes errores del gabinete de Peña Nieto han sido
suficientes para que López Obrador tenga en puerta una tercera oportunidad de
competir por la presidencia de la república.
De
modo que, disidencia magisterial y AMLO son, por lo que se puede apreciar, una
dupla que encontró una sinergia en la reforma educativa y en el momento
político débil del presidente y todos los partidos políticos ante la ciudadanía.
Al
margen de la movilidad magisterial está lo más importante: elevar la calidad y
el nivel educativo de nuestro país. En ninguna parte de las marchas,
manifestaciones y posicionamientos gubernamentales esta con claridad este
objetivo; todo es, lamentablemente, un asunto político.
@leon_alvarez