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Movilidad magisterial


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29/08/2015

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Pasar de un modelo corporativo-unipersonal a uno democrático-institucional tiene sus costos y sus virtudes y no es algo que suceda de un plumazo o con una reforma constitucional.


Este proceso (inédito e inconcluso todavía) entre sindicatos y gobierno es el fenómeno que estamos transitando y no solamente con el sindicato disidente de maestros, sino con toda la estructura corporativa sindical que antaño era un “brazo armado” del presidente y del partido en el poder.

Lo que sucede es que ahora mismo los intereses de los maestros están siendo trastocados por la reforma educativa.

Cuando me refiero al modelo corporativista, lo hago pensando en el sistema sindical emanado de los gobiernos de la revolución, al papel que jugaron todos los sindicatos: SNTE, PEMEX, IMSS, ISSSTE, CTM y un gran etcétera, para legitimar-preservar el poder del PRI y del poderoso presidente de la República. Este “equilibrio”, desde que llegó la alternancia (y aún antes) se rompió: porque los recursos ya no alcanzaron para cubrir las necesidades de los sindicalizados (las conquistas laborales) y tampoco para las de sus líderes; y porque a largo plazo, un acuerdo de esas características, para un país que no crece y un gobierno que además es ineficaz política y económicamente, resulta inviable.

El dilema del gobierno es por dónde empezar a quitarles la ubre presupuestal y los privilegios. Cómo y con quién aplicar la Ley. Finalmente, los sindicatos (por lo menos sus líderes) son una suerte de privilegiados asalariados que por “designios” del gobierno tienen un nivel de ingreso y prestaciones por encima de cualquier otro ciudadano de a pie.

Felipe Calderón lo intentó sin mucho éxito con Luz y Fuerza del Centro (LyFC) y con la Reforma Agraria; Enrique Peña Nieto con el SNTE (dada la revancha política del PRI con Elba Esther) y todavía no ha podido con la CETEG y la Coordinadora (CNTE) y los maestros que son disidentes.

Claro que son muchas conquistas laborales las que están en juego y en peligro de perderse por parte de los maestros. Por citar un par de ejemplos: heredar las plazas laborales a sus familiares o contar con una plaza laboral por decreto…

Pero la reforma educativa no es simplemente un asunto de sumas y restas. En medio está (no solo lo creo yo) lo más importante: elevar la calidad y el nivel educativo de nuestro país. En ninguna parte de las marchas, manifestaciones y posicionamientos gubernamentales esta con claridad este objetivo; todo es, lamentablemente, un asunto político.

Desde mi perspectiva, la reforma educativa, la única reforma estructural que cuenta con un aval popular y casi unánime desde diferentes esferas (económico, político, social, empresarial) puede caerse por el manejo errático y poco transparente del gobierno federal a partir de que anunció su cancelación antes de las elecciones del 7 de junio. El gobierno federal, por un lado, cierra las llaves presupuestales de los fondos educativos (apunta en dirección correcta); pero no abre la caja de pandora para evidenciar a los liderazgos corruptos, es selectivo y avienta los problemas a las entidades federativas. Es irresponsable. El gobierno federal tiene las herramientas jurídicas, constitucionales y de seguridad pública para hacerlo, pero el trabajo sucio lo deja a las entidades federativas; evidentemente, no es fácil para los gobernadores lidiar con un sindicato que va a defenderse con uñas y dientes. Ahí están entidades como Oaxaca, Guerrero y Michoacán, por citar a los más beligerantes.

Por otra parte, la movilidad magisterial se revitalizó a últimas fechas por el acercamiento de los maestros disidentes con Andrés Manuel López Obrador (AMLO) que, dicho sea de paso, ha emergido por tercera ocasión como el único personaje político capaz de arrebatarle el poder al PRI, gracias a los constantes errores del presidente y su círculo más cercano de colaboradores. La indiferencia, la corrupción y los constantes errores del gabinete de Peña Nieto han sido suficientes para que López Obrador tenga en puerta una tercera oportunidad de competir por la presidencia de la república.

De modo que, disidencia magisterial y AMLO son, por lo que se puede apreciar, una dupla que encontró una sinergia en la reforma educativa y en el momento político débil del presidente y todos los partidos políticos ante la ciudadanía.

Al margen de la movilidad magisterial está lo más importante: elevar la calidad y el nivel educativo de nuestro país. En ninguna parte de las marchas, manifestaciones y posicionamientos gubernamentales esta con claridad este objetivo; todo es, lamentablemente, un asunto político.

@leon_alvarez



Etiquetas:   Educación   ·   PAN   ·   PRI   ·   PRD   ·   Enrique Peña Nieto   ·   Reforma Educativa

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