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¿Votar por los mismos?


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24/08/2015


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¿Sabe Ud. que según datos del Servel sólo 840 mil personas militan en partidos políticos. Apenas un 4,7% de los 18 de millones que se estima somos actualmente, decide por más de 17 millones de personas?

Mi amigo Pablo Ramírez, experto en redes sociales, señalaba que si un parlamentario no asiste a una sesión, es la región que lo eligió la que no estuvo presente cuando se discutían temas que la afectaban. Por lo tanto, si las regiones eligen mal, malos resultados tendrán. Pablo, Comentarista Urbano, creador de Twitter Café, me dejó un desafío: trasladar su idea fuerza en esta crónica para la reflexión.

¿Cómo fiscalizar a los representantes públicos en su desempeño? Concejales, Alcaldes, Consejeros regionales, Diputados, Senadores son elegidos por votación popular. ¿Quiénes los postulan? Los militantes de los partidos políticos ¿Quiénes son esos militantes? Personas que, se supone, adhieren a una línea de pensamiento, a una visión de país, a un modelo de sociedad. Pero, ¿funcionan así los partidos políticos? ¿Son los partidos políticos efectivamente democráticos?

Responder a estas dos últimas cuestiones nos ubica en lo medular de esta crónica, porque los partidos son máquinas de poder, donde compiten diversas corrientes históricas, pero que ahora lideran caudillos con influencias personales, en donde lo ideológico y doctrinario ha quedado demodé, para el fin único y primero que es el poder. Ese poder se logra con militantes incondicionales, a los cuales se les recluta no por su claridad y consecuencia con el ideario partidario, sino por su incondicionalidad y obsecuencia al jefe que los dirige, el que les asegura una pega y el acceso a privilegios, en especial, si pueden entrar en carrera como operadores en las campañas periódicas y, por qué no, en candidatos a algo, donde sea.

Ha habido políticos que han instalado a estos operadores en los barrios, les han hecho convertirse en dirigentes de la vecindad, contra el pago mensual de agún estipendio, que pasa a ser un verdadero salario que le asegura el caudillo a sus operadores. Así, cuando hay que votar y tomar decisiones internas, cada caudillo echa a andar sus propias máquinas. Existen hombres de confianza, que aceitan esas máquinas; son algunos aventajados promotores del proyecto partidario, que se dedican a pasar el platillo para el “financiamiento partidario”. Hoy nadie se mueve por amor al arte, por ideas que encienden el pecho, nadie hace engrudo para pegar un cartel o le da espacio al partido para que coloque afiches gratis en el frontis de su casa, los pintores ya no son brigadas heroicas, llenas de mística. Las campañas se pagan. Son agencias o personas que trabajan en eso, hoy pueden estar entregando folletos de un UDI y mañana para un socialista, da lo mismo, es la pega, son las lucas. Pero, las platas grandes, los acuerdos bajo la mesa, van con operadores que tienen acceso a poderosos empresarios. Los partidos reciben una retribución del Estado por la votación que obtienen y si no alcanzan los mínimos exigidos, Servel los borra, desaparecen. En el esquema binominal, los partidos chicos no podían sobrevivir y necesitaban aliarse con partidos más grandes, en bloques con etiquetas distintas, pero con similar estilo de gestión interna. De los independientes ni hablar, han sido siempre piedras en el zapato para los partidos, son díscolos, francotiradores, críticos, disidentes que se salen del marco, que no obedecen órdenes de partido, que se animan a defender principios y a votar en conciencia. Son muy pocos, lamentablemente, contados con los dedos de una mano, en general el sistema perversamente bloquea el paso a los independientes o los absorbe para sus malas prácticas. Y como jugada final en la concentración oligopólica del poder, los partidos establecieron que los cargos parlamentarios son del partido y si se muere, es destituido o renuncia el candidato elegido, no se respeta el orden de la elección y, en vez que suba el que seguía en la preferencia popular, simplemente designan a dedo a un militante que disciplinadamente deberá seguir las ordenes de la dirigencia. En este oscuro proceder, se ha dado el caso de diputados o senadores que son sacados de sus cargos de representación popular para ir a servir como miembros del Gabinete, al poder Ejecutivo, con lo cual aparece la extensión de la influencia sectaria hacia distintos espacios dentro del Estado.

Y otro asunto que es absolutamente falto de ética y de respeto a las regiones y la gente, es que los partidos a nivel centralista y cupular decidan quién va de candidato a modesto concejal, a Alcalde o parlamentario por cada una de las regiones o distritos del país. De esta forma, el duopolio de Concertación (Nueva Mayoría) y Alianza (y sus derivados) pasa por encima de los liderazgos locales, prefabrica residencias truchas en las localidades e impone candidatos por encima de la mínima soberanía popular. El poder de los partidos es enorme y al estar cruzado por el instrumento moderno del poder, es decir el dinero, el resultado final es que esos partidos sirven a quien los financia y así buscan perpetuarse en el poder, con nepotismo, con sus cuotas más o menos equilibradas, sin doctrinas, sin principios, sin visión de Estado, serviles a una dominación plutocrática que indigna las conciencias ilustradas. Y la contra cara de esa política cooptada por el dinero, es el populismo y la manipulación mediática, que favorece la ignorancia y la fragmentación social. Esa es la política que se mira el ombligo, con una soberanía popular castrada y con representantes populares que a poco andar se olvidan de quién los eligió, de sus promesas y del territorio al cual representan. Mi amigo Pablo me dejó la moraleja “Cuando ése que elegiste falla, es tu región la que queda sin presencia en las instancias decisorias” “Elige bien, elige votar por quién valga la pena”. Difícil decisión el votar, pero abstenerse es regalarle este espacio a los de siempre. De nosotros depende.





Periodismo independiente, 23 de agosto de 2015,  @hnarbona en Twitter.









Etiquetas:   Corrupción   ·   Medios de Comunicación   ·   Política   ·   Democracia   ·   Partidos Políticos   ·   Sociedad Civil

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