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Chile: crisis de la izquierda, esquirlas de corrupción


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16/08/2015


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  • Hoy se conoce una verdad vergonzosa, la alianza oscura entre tales grupos y los políticos, una verdadera venta del alma al diablo, con una traición profunda a los ciudadanos que han venido sufriendo por 25 años la indefensión ante una plutocracia que mantuvo sus fortificaciones dentro del sistema
La guerra fría,  la estructurada lucha de clases, el anti imperialismo, las utopías, permitían una certidumbre al pensamiento de izquierda y los frentes populares en la consecución del cambio social. Un pesado dogmatismo enclavado en el marxismo, ayudaba a los partidos populares a aunar fuerzas y representar a la clase obrera. Paralelamente, la teología de la liberación era otra fuente formativa para las élites universitarias, principios cristianos que competían con la dialéctica marxista buscando, por vías paralelas, la construcción de una sociedad distinta, más justa.


En este clima, la izquierda cruzó los años sesenta, inflamada de  compromiso. Los mil días del gobierno de la Unidad Popular fueron intensos, la llegada al gobierno por la vía electoral resultó inaceptable para los Estados Unidos y se vino el complot, la sedición,  el boicot y el mercado negro. La historia y el periodismo de investigación han ido develando ese período en que la guerra fría se instaló en el corazón de la sociedad chilena, se agudizaron las contradicciones, el proceso democrático  se convirtió en un campo minado, donde se puso en jaque a las medidas revolucionarias, una vorágine en donde se potenciaban la reacción: el complot, desde la ultraderecha, y la indisciplina desde la extrema izquierda;  lo que llevó al quiebre profundo de la democracia con un ulterior ensañamiento criminal en contra del enemigo interno e ideológico, con aplicación de un terrorismo de Estado, que tronchó miles de familias, fracturando hasta hoy el alma de Chile.

En los ochenta el mundo cambia, desaparece la Unión Soviética, caen los llamados socialismos reales, la izquierda marxista se aggiorna, la cala el pragmatismo, la utopía revolucionaria muta a una nueva concepción descarnada del poder y el principal medio para alcanzarlo es el dinero, sin preguntar sobre su procedencia. Es un punto de inflexión, caen los sueños y entra el materialismo neoliberal al corazón de las fuerzas progresistas. En el seno de la iglesia católica sobreviene una corriente conservadora y una corrupción interna cruzada por abusos sexuales va alejando a los fieles. Los partidos doctrinarios, como el PDC, se vuelven instrumentales, es decir, pragmáticos.



El exilio, los exonerados políticos, los prisioneros de guerra, los presos políticos, los juicios de guerra, las caravanas de la muerte, la tortura, la desaparición de personas, fueron tópicos que hablaron del sacrificio de toda una generación. Pero también la élites en el exilio actuaron con criterios sectarios, preparando las formas de alcanzar sus cuotas de poder. En esta línea de pensamiento, el pragmatismo pudo más y así fue como esas élites que volvían victimizadas, terminaron tolerando el encubrimiento y los pactos de silencio que siguieron a su desembarco, encapsularon lo conflictivo, en una cínica y manipulada transición a la democracia.

La recuperación de la democracia formal que fue en los ochenta, consecuencia del esfuerzo de la civilidad que, habiendo perdido el miedo, organizó protestas, con muchos caídos por la represión cada vez más dura del régimen en retirada.  Hasta allí Chile vivía toda una epopeya cívica, que abría expectativas de recuperación de la dignidad nacional.

25 años han transcurrido de entonces y las fuerzas democráticas progresistas se fueron apagando, a merced del pragmatismo y del cinismo político. Una élite concentrada y excluyente ocupa posiciones dentro del Estado y comienza una colusión impresentable entre ella y los intereses profundos que articularon y profitaron del golpe,  instalaron el modelo de capitalismo salvaje, saquearon patrimonio público en infraestructura, energía,  ferrocarriles, reprivatizaron y desnacionalizaron recursos naturales, como el agua y la minería; con pactos y ruido de sables el régimen militar se aseguró una transición que mantuvo incólumes los pilares del neoliberalismo,   con un Estado Subsidiario, llevado a su mínima expresión.

Cuando el cinismo y la corrupción se apoderan de las élites de la pseudo izquierda y figuradamente heredera natural del allendismo y sus utopías, se concreta una traición artera que conmociona las bases del progresismo republicano democrático.

La evidencia de puentes entre la Concertación y los grupos económicos,  con acuerdos secretos que se remontan a los inicios de los noventa, con una exclusión de toda medida que pretendiera revisar el despojo que se realizara a las empresas del Estado,  traspasadas a precio vil y a dedo a los grupos ligados al golpe de estado y al régimen que lo siguió. Que se actuara de este modo, se justificó desde el gobierno, por los riesgos de un nuevo golpe. Pero hoy se conoce una verdad vergonzosa, la alianza oscura entre tales grupos y los políticos, una verdadera venta del alma al diablo, con una traición profunda a los ciudadanos que han venido sufriendo por 25 años la indefensión ante una plutocracia que mantuvo sus fortificaciones dentro del sistema, sin que nada tocara sus intereses, perpetuándose el abuso, la estafa previsional, la resignación de los recursos naturales a manos de intereses globales que se han enseñoreado en nuestra economía, con un Estado obsecuente que sirve a esos intereses en desmedro del interés nacional. 

Y en ese cinismo político, el discurso ideológico sigue de manera mentirosa hablando de equidad, inclusión,  reformas, cuando en verdad ninguna medida llega a fondo, manteniéndose un statu quo que es obsecuente a los intereses de los grupos que lo controlan todo.

Pero cabe preguntarse si los chilenos comulgan con ruedas de carreta en términos de modelos socialistas. Las propuestas barajadas en las elecciones,  nos han mostrado que nadie aspira a un modelo estatista de economía  y, en general, sólo se pretende un orden social menos concentrado,  con una economía mixta y un Estado sano y probo que sirva al interés nacional. El populismo en su versión clientelista más descarada, apuesta a la ignorancia y sensiblería de los sectores populares, con bonos y discursos difusos.

Los sectores medios, por su parte,  han ido alejándose de la cosa pública con desconfianza y desencanto,  buscando sobrevivir en un clima agreste,  con un gran endeudamiento que los mantiene ocupados en sobrevivir,  sin que surjan movimientos de conciencia que abran opciones de corrección y recambio. 

Los trabajadores sindicalizados buscan mantener básicamente su capacidad de sindicalización y huelga, pero sin liderazgos sociales que contrapesen el poder de los partidos y de poderosas organizaciones de la gran empresa.

Con una política desprovista de principios, el nombramiento de Michelle Bachelet en sus dos períodos fue evidencia del marketing más pragmático,  una demagogia sostenida en promesas que, supuestamente, atendían sentidas expectativas. Pero, como fuego amigo, la actuación del hijo de la Presidenta, Sebastián Dávalos Bachelet, más la dudosa precampaña que organizó el grupo autodenominado G90, liderado por el ex Ministro del Interior, para preparar el retorno de Bachelet de Washington, lo cual significó recaudar fondos por fuera y, puenteándose a las cúpulas partidarias de la Nueva Mayoría,  han llevado el capital político de Michelle Bachelet a un umbral crítico. 





La falta de coherencia de su programa encantador, provocó que su propuesta de reformas se desmoronara sin rumbo fijo, con notable inoperancia para conducir un proceso de gestión pública, al que le ha faltado consistencia y visión de largo plazo, quedando apenas en un populismo sin convicción ni sueños.

Y estos escenarios muestran al frente una oposición inconexa, con resabios del golpismo y peligrosas nostalgias sociales que reclaman orden frente a los problemas de seguridad, salud, educación y corrupción transversal que se está conociendo a diario. En medio de este extendido desconcierto y desconfianza,  aún en shock, navegamos los chilenos pensando, como en Sodoma y Gomorra, si para evitar la debacle "¿habrá diez justos,  Señor?".





Periodismo Independiente, 16 agosto 2015. @hnarbona en Twitter.

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Etiquetas:   Ciudadanía   ·   Corrupción   ·   Democracia   ·   Chile

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