Reseña literaria "La isla del padre" de Fernando Marías

Título: La isla del padre (PREMIO BIBLIOTECA BREVE 2015)

 

. Un hecho, como tantos otros distribuidos en esta historia, cuya transcendencia marcará la existencia de sus protagonistas. El miedo mutuo se irá configurando como un corsé que da forma al vínculo paterno-filial y cuyas varas imaginarias constriñen la relación, llegando a separar dos mundos que, por lógica natural, deberían permanecer unidos. Por fortuna, la literatura y el cine, territorio de interés compartido, se convertirán en el bálsamo cuyas propiedades permiten sanar las heridas.

Marías nos traslada desde la década de los treinta o los cincuenta (pasando por algunos de los decenios intermedios) hasta la actualidad en unos pocos párrafos, y todo ello sin desorientar al lector. Los saltos en el tiempo son constantes en una sucesión de hechos azarosos que otorgan sentido al destino de su familia. Una las virtudes de este libro consiste en observar cómo, a través de la visión y entendimiento de su autor, convertido en protagonista necesario, se realiza la crónica de una vida según la etapa descrita. El niño Fernando idealiza la figura del padre y fantasea con su condición de espía, algo que justifica sus continuas ausencias. En la adolescencia comparte momentos de especial significado durante la proyección de alguna de sus míticas películas. De joven, deslumbrado por el Madrid de las oportunidades, apenas le queda tiempo para situar su figura. En la adultez, mientras revisa cuanto fue y pudo haber sido, nos encontramos con la visión sosegada y madura que completa una relación forjada con más luces que sombras.

La limitada acción externa, pues el libro es ante todo un proceso de memoria y reflexión, se inicia en el período previo al fallecimiento de Leonardo Marías y concluye en los meses que suceden a su defunción. De tal forma, esta “autobiografía” se convierte en el legado de un deudo a su ser querido, mientras se desarrolla el proceso de elaboración personal que permite restañar las experiencias faltantes hasta culminar con la aceptación de la pérdida.

Fernando nos regala reflexiones cuyos razonamientos emocionados se constituyen en bellos ejemplos del género narrativo de las despedidas (si no existe tal género, al nombrarlo ahora, queda inaugurado). Desde el duelo anticipado, que transcurre en las horas postreras del hospital, hasta el cierre simbólico de un ciclo con la entrega de llaves de la casa familiar, se intercalan sentimientos e ideas transformadas en literatura concebidas por un doliente quien, en este caso, además de hijo es escritor:“(…) entendí de pronto que cuando muere tu padre hay que correr como si hubiera un incendio. De hecho lo hay. Correr a su lado, agarrarle la mano, decirle lo que pudiera quedar por decir, verlo expirar: su último gran regalo de vida. Ahí y así lo entendí. Lo supe. Por suerte, no demasiado tarde. Por suerte, a tiempo para vivirlo. Y de contarlo pos si pudiera servir a otros”.

Emotivo relato que, en algún grado, nos conecta con nuestra experiencia vital y pone palabras a sentimientos de gratitud que todos deberíamos, o querríamos, pronunciar, o haber dicho.

UNETE



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