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El Presidente de México, en
solo dos años y medio de gestión (desde la federación) ha puesto en entredicho
la capacidad y probidad del PRI para gobernar y, de paso, la sucesión
presidencial. De modo que esta es una nueva y gran derrota para el equipo
mexiquense dentro de su propio partido.
No
es nuevo para Peña Nieto. Recordemos que Eruviel Ávila, en 2011, fue el caballo
negro que emergió de bases populares dentro de la estructura del PRI y les ganó
(a pulso) la designación y luego la gubernatura en el Estado de México.
Sin
embargo, el panorama para el PRI de Beltrones es hoy más complicado que en el
Estado de México en 2011. Después de la fuga del Chapo Guzmán, las
calificaciones sobre el desempeño del Presidente y su primer círculo son
pésimas: 64% de los mexicanos desaprueba la gestión del Presidente; en términos
de corrupción y economía es evaluado como malo por 76% de los ciudadanos. La
situación empeora cuando se trata de la opinión de “líderes”: 84% descalifican
al mandatario priista; mientras que, en términos de corrupción y economía aumenta
al 93% en este mismo segmento. La aprobación ciudadana de Peña Nieto disminuyó
de 39 a 34% en el último cuatrimestre; es decir, su nivel más bajo en lo que va
de sus casi tres años de gobierno. El Presidente de México peor evaluado en la
historia fuera de Díaz Ordaz y Echeverría.
Además,
con su desdén y empecinamiento fuera y dentro del PRI, han legitimado al único
candidato visible que aparece como el político más congruente del momento:
Andrés Manuel López Obrador.
Con
estos acontecimientos, tal parece, hay un grupo de gobernadores (como muchos
dentro del PRI) que ven una oportunidad (quizás la única) de desmarque de los
malos resultados del Presidente. Esto significa que no es sostenible el grupo
Atlacomulco gobernando al país, y más, cuando en las entidades de la República
el partido gana elecciones. ¿Cómo revertir la mala imagen del Presidente y mal
desempeño de sus principales colaboradores desde el gabinete: SCT, Economía, Gobernación,
Hacienda, Desarrollo Social, CISEN…?
Como
en los sexenios panistas, (me parece) el PRI debe fortalecer la CONAGO y
utilizarla como otro contrapeso del propio partido contra los excesos del
Presidente y del grupo que se empeña en gobernar bajo reminiscencias
centralistas del pasado. Esa debe ser la misión de Beltrones si quieren
reposicionar al partido para el 2016 y 2018.
Para
muestra, basta enumerar el decálogo incumplido de Peña Nieto como respuesta a
los sucesos de Ayotzinapa e Iguala el año pasado. El decálogo, por sí mismo, es
una invasión a la autonomía estatal y un “volver al pasado” centralista que ya
no es posible en estos tiempos:
1.- Ley
Contra la Infiltración del Crimen Organizado en las autoridades municipales.
2. Iniciativa
para redefinir la competencia de cada autoridad en el combate al delito.
3. Creación
obligatoria de policías únicas estatales.
4. Un número
nacional para emergencias: el 911.
5. Clave
Única de Identidad.
6. Operativo
Especial en la región conocida como Tierra Caliente.
7. Justicia
cotidiana.
8. Acciones
en materia de derechos humanos.
9. Combate a
la corrupción.
10.
Transparencia, rendición de cuentas y participación ciudadana.
Al
margen de todas las acciones que se han llevado a cabo desde las dependencias
federales desde el inicio del sexenio, este decálogo (salvo en los puntos 4, 5,
7 y 8), el Presidente y su primer círculo han intentado violentar los
equilibrios políticos locales. Es pertinente mencionarlo ahora porque
precisamente en 2016 casi 60% del padrón electoral nacional estará en
elecciones locales y la federación no ayuda mucho a los gobernadores.
No
permitir a Manlio Fabio Beltrones el puesto de Presidente del PRI hubiera
significado un suicidio para el propio partido. Todavía están a tiempo de
recomponer sobre la marcha el desastre peñista en el gobierno federal.
@leon_alvarez