. Si se
introduce o aparece algún factor nuevo en el entorno laboral ocasiona que
puedan estar expuestos a él durante un largo intervalo de tiempo, sobre todo si
afecta insidiosamente a los trabajadores. Esto puede originar casos de
búsquedas dificultosas de patologías por parte de los facultativos y alargar el
malestar a los enfermos.
Ampliamente extendidos en la actualidad, su uso más
relevante, aunque no exclusivo, es en la agricultura como insecticidas. Los
compuestos con acción anticolinesterásica se han utilizado clásicamente en
medicina para el tratamiento del íleo paralítico y atonía vesical, enfermedades
neurológicas degenerativas, miastenia gravis, parálisis motriz postanestésica,
glaucoma, y más recientemente, para tratar la retinitis por citomegalovirus y
algunos tumores. A pesar de estar
prohibidos como armamento químico a nivel mundial (gases nerviosos: sarín,
tabún), todavía son utilizados en algunos países como armas de guerra química o
terrorista; es el "armamento de los países pobres" de potencial
mortífero muy elevado y bajo precio. Pueden emplearse como aditivos en
diferentes industrias: petróleo, disolventes, colorantes, barnices, cuero
artificial, etc. En el ámbito doméstico constituyen la formulación de
insecticidas habituales. La mayoría de
las ocasiones, los pacientes desconocen que han estado en contacto con una zona
fumigada y no pueden atribuir su cuadro clínico a una posible intoxicación. Por
este motivo no serán correctamente diagnosticados ni tratados.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada
año en el mundo ocurren un millón de intoxicaciones serias por pesticidas y 2
millones de intentos suicidas con los mismos. Los Órganos fosforados son los plaguicidas más frecuentemente
involucrados. Son derivados del ácido fosfórico. Comprenden el malatión,
paratión, diclorvós y diacinón entre otros. Desde 1942 se han sintetizado más
de 50.000 productos de este tipo, siendo utilizados como insecticidas, nematicidas,
funguicidas y homicidas (gases de guerra). Casi la mitad de las cosechas son
tratadas con este tipo de insecticida. Su penetración en el organismo es rápida
por cualquiera de sus vías: cutánea, digestiva y respiratoria. Su distribución
es a la grasa corporal, pero no se acumulan.
Su eliminación es fundamentalmente renal, por lo que la
presencia en orina de sus metabolitos es un buen índice de gravedad de la
intoxicación. Su toxicidad se produce por la inhibición irreversible de la
acetilcolinesterasa y la secundaria acumulación de acetilcolina, neurotransmisor
responsable del impulso nervioso en las neuronas preganglionares simpáticas y
parasimpáticas, las fibras posganglionares parasimpáticas, las glándulas
sudoríparas inervadas por el simpático, los nervios motores del músculo
esquelético y algunas terminaciones nerviosas del sistema nervioso central. Las
dosis tóxicas dependen del compuesto y aparecen entre 30 minutos y 2 horas
después de la exposición. La mayoría de los pacientes son trabajadores
agrícolas varones
Entre las manifestaciones clínicas más frecuentes se encuentran
dolor de cabeza, mareos, debilidad, falta de coordinación, temblores, náusea,
diarrea, salivación y miosis, que pueden complicarse con broncoconstricción,
edema pulmonar y parálisis respiratoria, dependiendo de la gravedad de la
intoxicación. Otros efectos notificados son la neuropatía intermedia y la
neuropatía retardada; la primera se presenta
de uno a tres días después de una intoxicación aguda, y la segunda, en las dos
o tres semanas siguientes. Si bien la fisiopatología del síndrome intermedio no
está bien definida aún, se ha sugerido que puede representar alguna
manifestación de rabdomionecrosis. Por otra parte, no se han establecido de
manerasuficiente los efectos que producen las exposiciones repetidas a bajas
dosis durante largos periodos; los más frecuentemente referidos son los debidos
a neurotoxicidad. Vanneste ha indicado la presencia de signos pseudobulbares,
parkinsonismo, alteraciones neurosicológicas, emocionales y disturbios de la
libido y la memoria. En los estudios
epidemiológicos se ha indicado un umbral significativamente más alto a la sensibilidad
vibrotáctil, asociado con una mayor exposición a organofosforados. Respecto al sistema nervioso central, se han
encontrado alteraciones psicomotoras en sujetos expuestos que presentan niveles
normales de colinesterasa; asimismo, se ha encontrado una disminución en la
velocidad del funcionamiento mental, así como de la capacidad de concentración
y de memoria, además de mayor vulnerabilidad a padecimientos psiquiátricos. Otras
manifestaciones que se han investigado en población expuesta durante periodos
prolongados a plaguicidas organofosforados, han sido problemas de piel, leucemia,
linfoma no
Hodgkin, aberraciones cromosómicas,
alteraciones en funcionamiento hepático, aumento en la mortalidad y presencia de sintomatología general e inespecífica
con niveles de colinesterasa normales o deprimidos dentro de límites normales.
DATOS DE TOXICIDAD CRÓNICA
La exposición a
altas concentraciones o por un período prolongado, puede originar cuadros
clínicos que persisten por varios meses e incluyen alteraciones de las
funciones cognoscitivas neuroconductuales y de la función neuromuscular. Así,
se han reconocido algunos síndromes asociados con la exposición crónica,
figurando como principales los siguientes:
1.- Lesión neuropsicopatológica retardada. Puede
manifestarse por fatiga crónica, cefalea, disminución en la libido, intolerancia
al alcohol y nicotina e impresión de envejecimiento precoz, o presencia de
síncope, defecto de memoria y demencia, datos que pueden persistir hasta 10
años después.
2.- Síndrome intermedio. Incluye debilidad muscular,
afección de músculos inervados por nervios craneales (músculos de la
respiración y flexores cervicales) y alto riesgo de muerte por problemas
respiratorios.
3.- Síndrome de neurotoxicidad retardada. Se caracteriza por
flacidez inicial, debilidad muscular de extremidades, seguida por espasticidad,
hipertonicidad, híperreflexia, clonus y reflejos patológicos, indicativo de
daño al haz piramidal y a neuronas corticales.
Todas las personas expuestas a plaguicidas organofosforados
deben ser evaluados a profundidad por un equipo multidisciplinario. La prevención
en estos casos es fundamental con el fin de evitar la progresión de la lesión
en virtud de la ausencia de un tratamiento específico.