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Algo va mal...


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31/07/2015

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En estos días de vacaciones, como es usual, nos damos tiempo para descansar y pasar un tiempo con la familia; no obstante, aunque tengamos la intención de alejarnos de los problemas comunes que a todos nos afectan, no es posible del todo.


Es el caso de los recientes datos de pobreza que dio a conocer el CONEVAL, el INEGI y la postura del gobierno federal en su conjunto: deben preocuparnos las posiciones distantes y visiones muy contrastantes unas de otras y, al final de todo, por el abismo que separa a ricos y pobres de nuestro país que sigue allí frente a nosotros.

En este contexto, hace sentido la reflexión de Tony Judt en su libro: Algo va mal, que es un alegato muy pertinente para recuperar el espíritu de la socialdemocracia que instauró, después de la segunda guerra mundial, el estado de bienestar en Europa y que sigue consolidado a través de la Unión Europea. Lo hemos visto nuevamente con el caso de Grecia.

Recordemos que, posterior a la gran guerra, lo que Europa buscó a través del estado de bienestar es instaurar los principios de igualdad y libertad. Eso es en esencia lo que la socialdemocracia persigue. El libro de Tony Judt trata de tomar nota y analizar las políticas neoliberales que reemplazaron el estado bienestar en Inglaterra y Estados Unidos a partir de los años ochenta y más recientemente con lo sucedido posterior a la crisis de 2008.

¿Por qué recuperar la tradición socialdemócrata? Es la pregunta que envuelve el argumento del libro. Judt contesta: “comparte con los liberales la defensa de la tolerancia religiosa y cultural; pero en la política pública cree en la posibilidad  y en las ventajas de la acción colectiva para el bien común (…) propugna la tributación progresiva a fin de financiar los servicios públicos y otros bienes sociales que los individuos no pueden conseguir por sí solos, lo que implica, un papel mayor para el Estado y el sector público”.

En su libro, Judt navega contra un cierto sentido común imperante por casi tres décadas que vio en la intervención estatal un mal y en el mercado una fórmula natural de regulación. El resultado después de treinta años está a vista de todos: creciente desigualdad, corrupción, privilegios de unos cuantos que trastocan la democracia. Esta es la reflexión del libro que recomiendo a usted, estimado lector, lectora.

Con ello quiero enfatizar el fracaso de Enrique Peña Nieto y de este gobierno al pretender instaurar una nueva gestión de gobierno a partir de mayor intervención estatal. El problema no es la teoría sino la forma en que se pone en práctica y quiénes la ponen en práctica. El diagnóstico previo de los jerarcas del gobierno de Peña Nieto es brutalmente cierto y apegado a la realidad (en conjunción con lo que Tony Judt y otros de su clase proponen): entendieron que había que recuperar el papel rector del Estado y generar mayores regulaciones contra el apetito de los monopolios y los oligopolios; también saben muy bien que una economía totalmente abierta, que tiene abandonado el mercado interno, requiere de un nuevo orden institucional; que requiere de mayores fuentes de financiamiento (o lo que es lo mismo: de mayores impuestos), pero la ejecución no ha salido bien y esto no lo quieren ver, no lo quieren reconocer y mucho menos se ve que intenten realizar un cambio de timón. Antes de la mitad del sexenio se han metido en un monólogo de un solo acto totalmente absurdo.

La persistencia de altos índices de pobreza tiene su explicación en tres elementos. El primero es el más que mediocre crecimiento económico durante las últimas tres décadas, con un PIB por habitante prácticamente estancado. El segundo, un arreglo institucional que, al fomentar la búsqueda y premiar la apropiación de rentas, además de inhibir el crecimiento, genera un proceso de desarrollo notoriamente inequitativo. Tercero, programas gubernamentales de desarrollo social que están mal diseñados y mal focalizados, lo que deriva en una notoria ineficiencia e ineficacia del gasto público; cientos de miles de millones de pesos de gasto gubernamental que no son más que un enorme derroche de recursos y que, por lo mismo, necesitan ser rediseñados o inclusive eliminados.

El libro de Tony Judt cobra vigencia en México ante los recientes datos de pobreza que dio a conocer el CONEVAL, el INEGI y la postura del gobierno federal en su conjunto. Ello nos debe preocupar por las posiciones distantes y visiones muy contrastantes unas de otras: al final de todo, el abismo que separa a ricos y pobres de nuestro país sigue allí frente a nosotros.

@leon_alvarez







Etiquetas:   Economía   ·   Pobreza   ·   PRI   ·   Enrique Peña Nieto   ·   Estado de Derecho

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