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Los dos
candidatos que han iniciado campaña son: Javier Corral Jurado, senador ahora
con licencia; y Ricardo Anaya Cortés, diputado a su vez con licencia, también.
Al respecto, Javier Corral estuvo en Durango el pasado domingo 19 de julio en
plena campaña con muy raquítica convocatoria y todavía falta que Ricardo Anaya
se haga presente en la entidad.
La
trayectoria de ambos políticos dentro de las filas del PAN es interesante: han
ocupado los cargos clave dentro de su partido y su formación (ambos abogados,
Anaya Cortés con doctorado en Ciencias Políticas y Corral Jurado con amplia
trayectoria como periodista) es congruente con su carrera política.
Ricardo
Anaya se ha caracterizado por su disciplina dentro del PAN, en tanto que,
Javier Corral se distingue por su perfil combativo y hasta rijoso dentro y
fuera de su propio partido. Al parecer, lo “bronco” de Corral no termina de
cuadrar con la figura del acólito, bien vestido y obediente al que nos tienen
acostumbrado los panistas modernos.
Sin
embargo, además de la edad, lo que los separa son los grupos de poder panista
al que pertenecen. Desde un principio, Anaya Cortés ha sido criticado por el
propio Corral Jurado de ser el delfín del actual dirigente nacional y, por
tanto, se ha erigido en un disidente de la vertiente maderista, a la que acusa
de la corrupción, entreguismo hacia Enrique Peña Nieto y, sobre todo, del
divisionismo albiazul en todo el país.
El
propio Corral Jurado lleva, por su parte, también su propia condena: ha sido
criticado de incluir en su fórmula a ex colaboradores cercanos de Vicente Fox y
Felipe Calderón. Entre esos nombres se incluyen los de José Luis Luege Tamargo,
Juan Carlos Romero Hicks, Fernando Canales Clariond y Ana Teresa Aranda, de
manera que teniendo en cuenta los saldos dejados por el gobierno foxista y,
sobre todo, el cementerio construido por la guerra contra el narcotráfico de
Felipe Calderón, esa “rebelión de las bases” a la que ha convocado Corral
Jurado para reconstruir la moral panista quedaría endeble y cuestionada.
Más
allá de filias, fobias y de las zancadillas, traiciones y guerras sucias que
todo proceso de elección conlleva, hasta ahora, es Ricardo Anaya Cortés el
candidato que parece convocar el mayor número de simpatizantes. Si el próximo
16 de agosto se confirma su liderazgo en el partido, tiene el enorme reto de
renovar e integrar al panismo nacional. No es menor el problema: los panistas
de cepa aún no digieren la derrota y la pérdida de poder: ni siquiera se muestran
entusiastas.
Sin
duda, Acción Nacional necesita una transformación de fondo, pues se ha ganado
no sólo el descrédito de graves actos de corrupción, sino también de ser
comparsa del PRI y no un partido de posiciones firmes en favor de la
ciudadanía.
Tanto
Anaya como Corral lo que tienen que hacer es regresar, a costa de lo que sea, a
los postulados que le dieron origen a Acción Nacional; sin embargo, por las
posiciones e intereses que representan, es probable que las revanchas, los
enconos (que son tradicionales también en el PAN), terminen por evitar el
resurgimiento de ese partido. Veremos.
@leon_alvarez