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El Zorro es Astuto literalmente


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21/07/2015


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Si la palabra ZORRO tuviera un significado ¿cuál les parecería el más apropiado? Sí, efectivamente: ZORRO significa ASTUTO, y literalmente. No lo podíamos sospechar pero nuestros antepasados nos dejaron el nombre y no lo supimos advertir. Es un sintagma verbal y su origen etimológico se halla en un ACRÓNIMO. Una locución que ha permanecido inadvertida desde hace miles de años, sin embargo y es obvio que el nombre todavía preexiste inalterable en el léxico español. 


Es el resultado de aglutinar dos participaciones en una frase con sujeto y predicado: La partícula pre helena e ibérica: (ZOR) que en griego más tarde se verá como ζῶ (ZO) y que es un sustantivo que significa VIVO y conjugado junto el verbo transitivo (RO) y que en griego será ρω (RO) y que se relaciona con aquello que se imprime con más FUERZA. En términos lingüísticos, para más detalle, al tratarse de un verbo transitivo, requiere de uno o más elementos en su composición. Lo especifico en griego incluso para una mejor comprobación: ζῶ+ρω. Quienes sostengan que el nombre “zorro” viene del latín no están bien informados. No están al corriente de mis prolíficas investigaciones sobre la lengua ibérica. 

Es decir que la expresión Zorro no es una palabra sino de hecho una frase. Literalmente es “ir alerta” o “andar vivo”. En lengua española tenemos una expresión que lo resume perfectamente y que además incluye la partícula en cuestión. AVIZOR. Zorro es una locución que bebe de fuente pre griega que se la debemos a nuestros antepasados carpetanos (cario). Se trata de una voz que en otras palabras quiere decir: “ASTUTO”, “HÁBIL” o “VIVO”. Verán, en grafía capital griega es ΖΟΡΟ y en castellano, lo decimos exactamente igual que se ha pronunciado desde hace miles de años, así: /ZORRO/. Se trata de dos fonemas y sorpresivamente no se compone de dos sílabas, como se tiene por cierto, sino de dos monemas. Esto supone que nos encontramos ante dos claros lexemas, unidades mínimas dotadas de significación y articuladas en un acrónimo ibérico.

El primer vocablo se trata de la voz carpetana (cario) tomada del heleno frigio (ZOR). En griego se escribirá ΖΟ “ZO”. Esta raíz pre griega viene a significar: “VIVAZ”. El  segundo vocablo se trata de la voz carpetana (cario) tomada del heleno frigio (RO). A la vez, ΡΟ “Ro” es el nombre de la decimoséptima letra del alfabeto griego. Y la raíz “ro” está estrechamente relacionada con la “FUERZA” “DUREZA” “RESISTENCIA”. En el alfabeto español es la decimonovena letra y su nombre es “erre”. En el caso que nos ocupa conjuga como un verbo que nosotros hoy no tenemos, es decir sí lo tenemos, este es ZORRO, aunque para nosotros en la actualidad lo racionalizaríamos mejor como adverbio que nos indicase lo “fuertemente vivo” que está el bicho o lo “poderosamente hábil” que es el animal. 

Me hago cargo de que esta afirmación pudiera dejarles perplejos, no puede ser de otro modo; pues voy a transmitirles una epistemología que ha estado inédita durante miles de años. Y por raro que parezca, lo que les acabo de desvelar no es una conjetura sino a mi entender, plena certeza. Esta novedosa teoría del conocimiento tiene un razonamiento que puedo sustentar empíricamente. Miren, para fijar el nombre común “zorro”, en esta ocasión, no parece plausible emplear el recurrente recurso de derivarlo del latín. En el caso que nos ocupa, es vulpi y/o vulpis, así que como pueden imaginar no funcionaría ni forzándolo como se ha hecho en tantas otras entradas, lamentablemente. Miren, en primer lugar en castellano, ya tenemos la voz “vulpeja” y en segundo lugar muchos y distintos idiomas se nutren de las mismas raíces pres helenas, y cada idioma tiene su particular modo de expresarlo. En absoluto derivan uno del otro ni tampoco entre ellos. Cada idioma lo resuelve desde su gramática. Y ahora llega lo más asombroso del asunto. La lengua castellana escogió una raíz distinta que el latín para denominar al zorro, de hecho tomo dos y las unió en una frase o sintagma verbal, porque era una locución que necesitaba expresarse con un sujeto y un predicado para alojar un verbo, tal y como hacemos en lengua española para construir una oración. Esto es ZOR•RO ya que aun parezca sorprendente RO es un verbo, y lo es para perro o burro también, como puede ser BALLO el verbo para “caballo” o ARO el verbo para “pájaro”. Son SINTAGMAS VERBALES. Y por ello no puede derivarse Zorro de Vulpis. Esto que pudiera verse hoy como algo excepcional, era la común sintaxis de nuestros antepasados y esas frases, inadvertidamente, son hoy nuestras palabras en idioma español. Permitan que lo explique mejor: Zorro no es una palabra, es una frase que verbaliza “lo espabilado” o “vivaz” que es el animal. Porque el zorro se comporta como si fuera capaz de prever las cosas: Y ustedes ya saben que está asociado a nombres tales como ladino, listo, avispado, espabilado, sagaz, hábil, vivillo, vivo, calculador, engañoso, tramposo, cauteloso o disimulado, pero lo que desconocíamos es que no era necesario decir que “el ZORRO es ASTUTO”, intrínsecamente es su nombre y verbalizado por definición. Y no digamos ZORRA que está asociada a raposa, alimaña, prostituta, ramera, fulana, puta, fiera, animal, bestia, sabandija, y es que se nos quiere mostrar por nuestros atepasados como un animal o bicho que sobretodo es vivo, vital. En griego lo veremos en las raíces: ζωῇ, ζῴην, ζωήν, ζωῆς, ζωάς, que implican “la vida”.  

En realidad es sencillo, muy sencillo, sin embargo como de la actual base que se parte en la etimología española, ésta anda profundamente descaminada, lo que se derive de ella, lógicamente, también lo estará. Así tenemos este término también desubicado. Por supuesto, tengo la confianza de que “todo” será enmendado en el sentido que les apunto pero, hoy por hoy, nos encontramos frente a una teoría que se dio por cierta sin una debida comprobación: “La lengua madre del español es el latín.” Miren, se trata de un Axioma. Tropezamos ante un dogma, y las definiciones se ven afectadas y, lo que es peor, se han propagado en un desacierto de dimensiones colosales. Pues, derivando del latín lo indeclinable de forma, es decir términos no variables que son genuinos ibéricos, no se acredita más el origen de la lengua española sino, bien al contrario, se justifica la conjetura de un latín superior que da como consecuencia un subordinado origen del idioma castellano. Cuando en realidad son a la par, ambos, un futuro latín y un futurible castellano por ende español, bebieron de las mismas fuentes “pre griegas”, incluso en numerosas ocasiones de raíces distintas y, mira por donde, justo este es uno de esos casos. ¡Inimaginable! 

Por supuesto es absolutamente asombroso conocer, miles de años después, que nuestros antepasados poseían verbos que eran capaces de expresar lo que nosotros no fuimos capaces ni de imaginar, y partícula a partícula, verbo a verbo los voy aprehendiendo y clasificando. Afortunadamente estos sintagmas verbales, hoy están intactos en nuestra maravillosa lengua española y en el nombre de ZORRO se encuentra uno de ellos. Me siento muy afortunado por ser capaz de poner luz a todo esto y que se encontraba en la más siniestra oscuridad. Sorprendido y muy agradecido de poder ir sacando todo este tesoro escondido como si se tratasen de las ruinas de una Troya llena de extraordinarios significados y que se resistía a ser descubierta eternamente, y es que cuando comprendí el verbo ibérico RO, me di cuenta de que se trataba de algo completamente inadvertido y extraordinariamente trascendente para nuestro idioma español y para conocer cuál y cómo fue el inicio de la lengua castellana.    

Texto de Enrique Cabrejas

Crédito imagen: Wikipedia

Para saber más: Cabrejas Iñesta, Enrique (Marzo 2015) HIJOS DE TITANES - EL SECRETO ÍBERO - ISBN: 978-84-9095-585-7. Colección: Investigación. Editorial Círculo Rojo. Almería. DEPÓSITO LEGAL: AL 199-2015.







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