¿Estado paralelo?

No queda ninguna duda, el sello del sexenio de Peña Nieto es la inoperancia gubernamental y la corrupción. El grupo que maneja a EPN y controla el gobierno no entendió –y tal parece que no entenderá— que el Estado de México no es la República y que Atlacomulco no es la capital del país. Es muy pronto y peligroso perder el control del Estado y, sobre todo, hacer el ridículo dentro y fuera del país.

 

. El grupo que maneja a EPN y controla el gobierno no entendió –y tal parece que no entenderá— que el Estado de México no es la República y que Atlacomulco no es la capital del país. Es muy pronto y peligroso perder el control del Estado y, sobre todo, hacer el ridículo dentro y fuera del país.
Echeverría y López Portillo –los hasta hoy más malitos del PRI— perdieron el control en el último año de sus respectivos gobiernos. La misma suerte corrió Salinas de Gortari pero en coyunturas totalmente opuestas –quizás con la mejor generación de funcionarios públicos de la historia política de México— perdió la brújula con el asesinato de Colosio, la irrupción del EZLN y por la “nomenclatura” del PRI, como él mismo lo declaró. La gran virtud de Salinas fue propiciar grandes reformas y el cambio de modelo económico del país con una idea clara del momento que vivía el mundo; sin embargo, el PRI le dijo NO al final.

Zedillo, finalmente, le entregó el poder al PAN: no tenía más opciones para la apertura democrática que ya se clamaba y tampoco espacio en el PRI. Vicente Fox, por su parte, fue un remedo de Presidente y nos mostró la fragilidad de la oposición para gobernar y políticamente evidenció la carencia de cuadros especializados dentro de la “derecha” institucional mexicana. Felipe Calderón, más panista que Fox, privilegió la lealtad a la capacidad y aderezó el sexenio con una totalmente desproporcionada guerra contra el narco y la delincuencia organizada y, de paso, comprometió la reputación de las fuerzas armadas que son la máquina violenta y legal del Estado para mantener la paz y el orden: los sacó de los cuarteles para patrullar las calles y sustituir a las corruptas estructuras policiacas locales sin idea y objetivos claros. El resultado: una guerra de todos contra todos que todavía no superamos.

En esta coyuntura: ¿Qué opinan los titulares del Ejército y la Marina Armada de México de la fuga del Chapo Guzmán? Hago esta pregunta porque recientemente el General Cienfuegos se pronunció abiertamente respecto a la percepción del ejército acerca del papel que han jugado en los últimos años. Muy contento no estaba y ahora creo que menos. Esto me recuerda que, Peña Nieto, en su campaña, dijo que retiraría “progresivamente” al ejército de las calles…

En este sentido, las conferencias de prensa del secretario Osorio Chong con la Procuradora Arely Gómez, y posteriormente la de Monte Alejandro Rubido, transitaron de lo inverosímil a lo surreal. Terminaron por encumbrar a un personaje que pasará a la historia como el narcotraficante más inteligente y poderoso que haya dado nuestro país. En su conferencia, a Monte Alejandro Rubido solo le faltó “defender la seguridad nacional como un perro”. Ni siquiera en las películas hollywoodenses se ridiculiza tanto a un Estado y, por otro lado, se sugiere que en realidad hay un “poder paralelo” que toma decisiones y acomoda las piezas del ajedrez político y económico del país. Como nunca, la fragilidad institucional se puso de manifiesto en México.

No quiero caer en lugares comunes, pero…

Ante la renuencia a renovar, a traer sangre nueva, a escuchar ideas diferentes, el presidente se arriesga a que los embates en su contra no vengan sólo de sus enemigos, sino también de su propio partido, donde otras fracciones buscarán posicionarse mejor para la sucesión. Estos acontecimientos claramente se han enfocado contra un grupo definido dentro del PRI que había tomado y mantenido relevancia: el grupo Hidalgo.

Por otro lado, el daño no es sólo interno. La fuga del Chapo se ha vuelto la muestra más palpable de todo aquello que aqueja a la administración pública mexicana: ineptitud, corrupción, impunidad, falta de Estado de derecho y debilidad institucional. Desde fuera, México se ve como un país bananero que dista mucho de ser la plataforma idónea para grandes proyectos de inversión, el país que aspira a vencer la trampa del ingreso medio. En este contexto, la relación con EUA –nuestro principal socio comercial— y con los demócratas norteamericanos está peor que nunca.

La fuga del Chapo pilla al presidente de México en plena visita de Estado a Francia con 440 personas de comitiva, incluido el gabinete entero. Cuando se habla del Presupuesto base cero y de la racionalización del gasto público, el Ejecutivo gasta decenas de millones de dólares en un viaje marginalmente relevante. Mientras tanto, la embajada de México en Washington lleva cuatro meses sin titular. La relación internacional más importante para México, ha sido malograda por una serie de complejos que tenían sentido en el PRI de los setenta, pero absolutamente fuera de lugar hoy.

Ahora, la relación sufrirá el deterioro adicional que proviene de admitir que fuimos incapaces de mantener tras las rejas al narco más buscado por Estados Unidos, y cuya captura se debió precisamente a ellos (no seamos ingenuos), en un instante en el que lograron superar las constantes limitaciones que les imponían diferentes instancias –seguramente comprometidas— en nuestro país.

Inoperancia y corrupción es el sello que distinguirá al sexenio de Peña Nieto. El grupo que maneja al Presidente y controla el gobierno no entendió que el Estado de México no es la República y que Atlacomulco no es la capital del país. El ridículo en el que se mantienen sugiere que en realidad hay un “poder paralelo” que toma decisiones y acomoda las piezas del ajedrez político y económico de México.

@leon_alvarez

UNETE



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